EL RESULTADO DE UN PROCESO DE PLANTEAMIENTO ESTRATÉGICO: LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL 2017

Versión para impresiónVersión para impresión

Con la publicación de una revisión de la Estrategia de Seguridad Nacional por parte del Gobierno, se finaliza un proceso de planeamiento estratégico iniciado por mandato del Consejo de Seguridad Nacional tras su reunión del 20 de enero, un proceso que se ha prologando durante casi un año y cuyo resultado establece las líneas de actuación durante la Legislatura en materia de Política de Seguridad Nacional.

La Estrategia continúa de forma ininterrumpida un ciclo iniciado con la publicación en 2011 de la Estrategia Española de Seguridad, aspecto que por sí mismo ya supone un éxito dada la falta de cultura estratégica de la que adolece nuestro país.

El documento hace referencia a una amplia participación de diversos sectores en su desarrollo, incluidos expertos de la sociedad civil. Esta extensa perspectiva en su planeamiento contribuirá, sin lugar a dudas, a proporcionar una visión más precisa y cercana de la Seguridad Nacional. Este tipo de aproximación ya fue considerada en la Estrategia Española de Seguridad de 2011 que incluso contemplaba la creación de un órgano consultivo que tuviese por objeto reunir a representantes de las Administraciones Públicas, expertos, académicos, investigadores, universidades, institutos especializados, empresas y organizaciones sociales para realizar análisis compartidos en materia de seguridad.

La Estrategia no obvia los problemas actuales de España y, aunque de forma discreta, hace referencia a las tensiones nacionalistas que definen en este momento el perfil país. Por otra parte, al listar las amenazas a las que se enfrenta la Seguridad Nacional muestra una tendencia que en general puede ser considerada de continuista, aunque cabe reseñar la recuperación del espacio ultraterrestre (un ámbito que estaba recogido en la Estrategia Española de Seguridad de 2011 y que había desaparecido en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013); una nueva aproximación, en la que sea aprecia una tendencia más unificadora, a las amenazas que enfrentan los espacios comunes y la reconfiguración, dada la importancia adquirida en los últimos años, de la amenaza que representan las epidemias y pandemias y que en la versión de 2013 estaba incluida como una línea de acción estratégica dentro del ámbito de actuación de Protección ante Emergencias y Catástrofes.

En el ámbito de la ortodoxia dentro del pensamiento estratégico destaca, por una parte, el establecimiento de cinco objetivos en el seno de la Seguridad Nacional, de cuya concreción carecía la versión de 2013; y, por otra parte, haber dejado de utilizar de forma indistinta y errónea los términos riesgos y amenazas.

La cuidada edición del documento apunta a un necesario carácter didáctico que contribuirá a alcanzar el objetivo de promover una cultura de seguridad nacional. Objetivo al que también contribuirá en el futuro la continuidad en el empleo de determinados conceptos. En esta nueva versión desaparecen conceptos como los “potenciadores del riesgo”, que ya fue incluido en las estrategias de 2011 y 2013; y el de “zonas vitales para la seguridad nacional”.

En lo referente a las “zonas vitales para la seguridad nacional” llama poderosamente la atención como el Golfo de Guinea, el Sahel y el Cuerno de África han pasado der ser zonas vitales para la Seguridad Nacional a zonas de especial interés, en igualdad con América Latina y del Norte o la región de Asia-Pacífico.

Pero quizás el aspecto que más dudas puede suscitar de cara a su verdadero impacto sobre la Seguridad Nacional sea el momento de su publicación, casi un año después de comenzada la Legislatura y estando aún pendiente la adecuación de documentos estratégicos de segundo nivel tales como las estrategias sectoriales o la propia Directiva de Defensa Nacional, verdaderos impulsores de las acciones estratégicas.

Tampoco contribuirá a su implementación la falta de priorización en lo relativo a las amenazas a las que se enfrenta nuestra Seguridad Nacional. Si bien el imprescindible criterio de priorización es aplicado al hacer referencia a las zonas geográficas, estableciendo que el Mediterráneo y el Norte de África son aquellas regiones que suponen una prioridad estratégica para España desde el punto de vista de su Seguridad Nacional; esta misma concreción se obvia al establecer las amenazas y desafíos, lo que puede contribuir a dificultar su implementación.

También se echa de menos la ausencia de referencias a dos figuras importantes e ineludibles para sincronizar la amalgama de acciones que se generan en el marco del Sistema de Seguridad Nacional. Por una parte, el Consejero de Seguridad Nacional, una autoridad dependiente directamente del Presidente del Gobierno y encargada de reforzar la coordinación para ofrecer mejores respuestas a las amenazas y desafíos. Por otra parte, una Autoridad Nacional de Ciberseguridad (quizás ahora de los Espacios Comunes), que dependiendo del Consejero de Seguridad Nacional, sería responsable de aunar eficacia y eficiencia en la actuación del Gobierno. 

La mayor dificultad para implementar una estrategia se produce en la traslación de sus preceptos a orientaciones políticas concretas de forma que realmente el proceso sea relevante para la política del país. Es en este aspecto dónde la figura del Consejero de Seguridad Nacional se hace tanto más necesaria ante la complejidad de sincronizar los esfuerzos necesarios para alcanzar cinco objetivos generales y otros quince específicos, no claramente relacionados entre ellos en el seno del texto; y para afrontar el desarrollo, aún pendiente, de la Ley de Seguridad Nacional en ámbitos tan necesarios como la Contribución de recursos y la Gestión de crisis en el marco del Sistema de Seguridad Nacional; y todo ello, no debemos olvidarlo, sin una asignación presupuestaria concreta.

La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional 2017 supone un éxito del que toda la sociedad debe felicitarse. Sin embargo, queda un largo camino, no exento de dificultades, para valorar su verdadera contribución a la Seguridad Nacional.

Samuel Morales es Teniente Coronel de Infantería de Marina (DEM) de la Armada Española.