El papel de la mujer en la prevención de la radicalización yihadista: algunas iniciativas internacionales

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Blog Mosaico

Los atentados cometidos en Barcelona y Cambrils vuelven a alertar sobre la radicalización de jóvenes europeos y sitúa la cuestión de la prevención de la radicalización como un tema central para evitar más atentados. El entorno familiar juega aquí un papel especial; en particular, las mujeres son un instrumento fundamental para detectar y prevenir este tipo de casos.

El rol que las mujeres juegan dentro del núcleo familiar, así como su papel en las comunidades, las convierte en piezas clave para evitar la radicalización de jóvenes dentro de su entorno. Debido a que son las primeras en sufrir física y psicológicamente las primeras señales del radicalismo, son también las primeras en detectarlo. En este sentido, en septiembre de 2014, Naciones Unidas aprobó su resolución 2178 reconociendo el papel esencial de la mujer en la lucha contra el radicalismo. Por ello se han puesto en marcha diversas iniciativas centradas en este papel fundamental.

Un ejemplo es el de mujeres como Saliha Ben Ali, cuyo hijo de 18 años  desapareció de la vivienda familiar de Bélgica en el verano de 2013. Había sido radicalizado y enviado a combatir. Su destino era Siria, para luchar en las filas del Estado Islámico. Apenas cuatro meses después, el marido de Saliha recibió una llamada comunicándole que su hijo había muerto en Siria como “mártir”, según el interlocutor que se encontraba al otro extremo de la línea. “No estamos enfadados, sino asqueados. No entendemos cómo alguien puede usar la religión para el mal”, declaraba Ben Ali. Decidió entonces crear la Society Against Violent Extremism (SAVE). SAVE ofrece talleres a madres inmigrantes de primera y segunda generación, que les ayudan a detectar los signos de radicalización de sus hijos además de proporcionarles herramientas para educar y criarlos de la mejor manera posible. Proveerles de técnicas de comunicación es esencial, para que sus hijos se sientan seguros a la hora de contarles las situaciones por las que pueden estar pasando.

Son madres, novias y hermanas, las que muchas veces se convierten en la última barrera entre un joven que decide irse a luchar entre las filas del Estado Islámico o no”. Así reza la declaración de Aware, plataforma impulsada por varios eurodiputados que consideran a las mujeres agentes esenciales a la hora de prevenir y detectar la radicalización de los más jóvenes. Aware trabaja con asociaciones como SAVE o como Mothers for Life, una iniciativa surgida ante la  ante la preocupación de muchos por ver cómo los gobiernos occidentales eran incapaces de impedir que sus propios ciudadanos se uniesen al DAESH.

Mothers for Life ayuda a las madres de yihadistas de Occidente reclutados a encontrar una voz más fuerte que contrarreste a aquellos que intentan radicalizar a los más jóvenes. Esta asociación funciona así doblemente, como terapia para madres que ya han sufrido esta experiencia, y a la vez les da la fuerza necesaria para combatir el radicalismo en sus comunidades para que nadie vuelva a correr la suerte de sus hijos.

Este tipo de iniciativas y organizaciones que buscan poner el foco en las mujeres como posibles agentes de cambio, no son solo iniciativas cerca de casa, sino que poco a poco pueden ir encontrándose en países con fuertes enclaves de grupos terroristas. En el este de África, los gobiernos de Kenia y Somalia están poniendo en marcha iniciativas que buscan establecer una fuerte relación de confianza entre las mujeres y matriarcas de la comunidad y las autoridades del país, creándose así una línea de comunicación directa en caso de que se detecten indicios de radicalización en el hogar materno.

Otro caso es el de Pakistán, especialmente en comunidades muy conservadoras, como aquellas situadas en la región de Swat. Allí el proyecto “Mother Tolana”, de la asociación Pioneer Trust, enseña a las mujeres de la comunidad a detectar y a luchar contra el radicalismo dentro de sus propias familias. Hay que pensar que nos referimos a una zona extremadamente conservadora, donde las mujeres pocas veces salen de casa sin acompañamiento; sólo por motivos de salud u ocasiones especiales. La asociación tuvo que convencer a los hombres de la comunidad de dejar salir a sus mujeres, hijas y hermanas bajo el pretexto de que iban a ser enseñadas en “aptitudes del hogar”, como contabilidad. Esto era cierto en parte, pues las mujeres aprendieron este tipo de tareas. No obstante también se les enseñó a discutir sobre el radicalismo y cómo afectaba a sus hogares, además de enseñarles técnicas de discusión y negociación para poder hablar el tema con los hombres de la familia, ofreciéndoles una narrativa alternativa a la ideología radical. El programa llegó a más de 700 familias, empoderando a las mujeres de la comunidad de una manera que nunca había sido vista, según la colaboradora de la organización, Mussarat Qadeem.

Dicen que sí la primera víctima de la guerra es la verdad, la segunda es mujer. Las mujeres han sido las primeras víctimas del radicalismo, como damnificadas directas, ya sea en los casos de las mujeres yazidíes en Irak o en los raptos de Boko Haram en Nigeria, o bien como indirectas, cuando son sus hijos y maridos los que son radicalizados, sufriendo ellas las consecuencias. Utilizar este dolor como impulso y vía de escape hacia el empoderamiento de las mujeres puede ser una herramienta eficaz para la lucha contra la radicalización y el terrorismo. Casos como el de Ben Ali muestran cómo de importante puede ser el papel de la mujer en prevenir el radicalismo, ya que muchas veces son el único sujeto que se interpone entre un viaje a Siria o una alerta a tiempo. 

 

Gloria Tarno es estudiante del Grado de C.Políticas de la Universidad de Granada y ayudante de investigación en Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI).