El liderazgo en la gestión de la seguridad nacional

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El liderazgo de las acciones que se deriven dentro del marco del Sistema de la Seguridad Nacional se ha establecido, desde la Estrategia Española de Seguridad de 2011, en la Presidencia del Gobierno. Así, ese documento exponía que era necesario mejorar la coordinación interministerial pues la mayoría de los ministerios están involucrados de alguna manera en la seguridad. Ello requiere, afirmaba la Estrategia Española de Seguridad, reforzar las capacidades de la Presidencia del Gobierno para la coordinación y el liderazgo de la gestión de la seguridad.

La Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en 2013, mantuvo esta línea de actuación estableciendo que la Seguridad Nacional es un servicio público objeto de una Política de Estado que, bajo la dirección y liderazgo del presidente del Gobierno, es responsabilidad del Gobierno, implica a todas las Administraciones Públicas y precisa la colaboración de la sociedad en su conjunto.

En ese documento se establecía como principio informador la Unidad de Acción, que definía como la implicación, la coordinación y la armonización de todos los actores y los recursos del Estado bajo la dirección del Presidente del Gobierno, así como la colaboración público-privada y la implicación de la sociedad en general. Ese enfoque integral de la seguridad, continúa, comprensivo de todas sus dimensiones, justifica este principio de acción y precisa, a su vez, de una gestión completa a través de un Sistema de Seguridad Nacional impulsado y liderado por el presidente del Gobierno.

Posteriormente, la Ley de Seguridad Nacional refrendó el liderazgo del Sistema de Seguridad Nacional por parte del presidente del Gobierno al establecer en los artículos 14 y 20 que corresponde a éste dirigir la política de Seguridad Nacional y el Sistema de Seguridad Nacional, siendo el único con capacidad para declarar la situación de interés para la Seguridad Nacional que contempla esa misma Ley y que es de aplicación cuando se requiere de la coordinación reforzada de las autoridades competentes en el desempeño de sus atribuciones ordinarias, bajo la dirección del Gobierno y dentro del marco del Sistema de Seguridad Nacional.

La revisión de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, recientemente publicada, mantiene los principios rectores establecidos en la versión de 2013, entre los que se encuentra la Unidad de Acción. Y aunque no repite las referencias expresas al liderazgo del presidente del Gobierno que contenía la versión anterior, así debe entenderse, máxime tras la publicación de la Ley de Seguridad Nacional.

De esta manera queda claramente establecido liderazgo del Sistema de Seguridad Nacional por parte del presidente del Gobierno y por lo tanto cabe preguntarse si es necesaria la figura del Consejero de Seguridad Nacional a similitud de los sistemas establecidos en los países de nuestro entorno.

La clave para contestar a esa pregunta la proporciona lo establecido en la explicación del principio rector de Unidad de Acción. El concepto de seguridad nacional se sustenta en la acción de todas las herramientas del Estado para hacer frente a las amenazas a las que se enfrenta. De una u otra manera, se requiere de una permanente coordinación interministerial pues la mayoría de los ministerios, y no solo aquellos que son considerados componentes fundamentales, deberán estar involucrados en la gestión de los efectos provocados por las amenazas tradicionales y no tradicionales, dado el impacto transversal que poseen.

En la actualidad, las denominadas en la Estrategia de Seguridad Nacional como acciones híbridas pero, de forma más general, todo el espectro de acciones que se desarrollan en la denominada «Zona Gris», son un claro exponente de la necesidad de una actuación multidisciplinaria.

De esta manera, es fácilmente comprensible que la dirección del Sistema de Seguridad Nacional se base en una constante labor de coordinación, sincronización y priorización entre todas las herramientas del Estado no solo durante el proceso de toma de decisiones para asegurar una respuesta óptima y coordinada de los recursos disponibles, que corresponde al presidente del Gobierno; sino también en la detección de las amenazas y en la valoración del nivel de riesgo que éstas representan para la Seguridad Nacional.

La propia actividad del Presidente del Gobierno impide que pueda dirigir personalmente este proceso de detección de las amenazas y valoración del nivel de riesgo. El gráfico adjunto muestra la actividad del Consejo de Seguridad Nacional desde su creación y evidencia que existe una necesaria y continua gestión del Sistema de Seguridad Nacional que no recae exclusivamente en el presidente del Gobierno.

Esta permanente gestión, como ya hemos expuesto en una anterior entrada de este Blog, requiere de dos elementos fundamentales para que sea realmente efectiva: un consejero de Seguridad Nacional directamente dependiente del presidente del Gobierno y un órgano permanente de trabajo, ambos con el adecuado nivel administrativo que les permita liderar la acción de los diferentes ministerios y organismos concernidos.

La figura del consejero de Seguridad Nacional no solo debe ser capaz de mantener vivos, gracias a la acción del órgano de trabajo permanente, los procesos de trabajo establecidos y supervisar la implementación de las diferentes líneas de acción estratégica establecidas; sino que también debe gestionar la participación de los titulares de los diferentes departamentos ministeriales u organismos, además de ser capaz de proporcionar al presidente del Gobierno valoraciones oportunas y precisas que dependen en gran medida de la colaboración con los restantes actores concernidos.

En España esa colaboración se define, entre otros medios, a través del Acuerdo de implementación de los mecanismos para garantizar el funcionamiento integrado del Sistema de Seguridad Nacional, establecido con la Orden del Ministerio de la Presidencia y para las Administraciones Publicas PRA/116/2017, publicada en el Boletín Oficial del Estado de 14 de febrero de 2014.

Este Acuerdo establece unos mecanismos que se concretan en una combinación de puntos focales ministeriales con asignación de funciones de apoyo en materia de Seguridad Nacional y de procedimientos ágiles y eficaces que garanticen el intercambio fluido de información entre los órganos de la estructura del Sistema, que requieren de un liderazgo constante y permanente que evidentemente no puede recaer en el presidente del Gobierno.

En definitiva, si bien el liderazgo político del Sistema de Seguridad Nacional recae sobre la figura del presidente del Gobierno, es necesario un liderazgo técnico ejercicio por una figura que garantice el funcionamiento del sistema, así como la priorización y la sincronización entre las diversas acciones de los actores concernidos en el marco de ese Sistema. Esta figura debe depender directamente de presidente del Gobierno dado que es la herramienta de la que éste dispone para garantizar la ejecución de sus directrices en el marco del Sistema de Seguridad Nacional, sincronizando y priorizando la actuación de los diferentes departamentos ministeriales, lo que hace necesario también que disponga del adecuado nivel administrativo que garantice su actividad en igualdad de condiciones frente a lo de los restantes departamentos ministeriales y organismos implicados.

Samuel Morales es Teniente Coronel de Infantería de Marina (DEM) de la Armada Española.