El general Pinilla: repensando la enseñanza militar

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A lo largo de los últimos meses he tenido la fortuna de hablar de enseñanza militar[1] con algunos compañeros y entre las ideas que he oído hay dos que me han llamado poderosamente la atención. No digo que sean correctas (aunque, se non è vero, è ben pensato).

No digo que todos mis interlocutores estén de acuerdo con ellas (de hecho, solo una minoría las mencionó). No digo tampoco que sean aplicables a la Academia General Militar de hoy en día en la misma medida en que pueden serlo a la de hace cuarenta o cincuenta años. En cualquier caso, me hicieron pensar y me gustaría compartir algunas de mis reflexiones. Estas dos ideas eran:

  1. Dentro de una misma generación, los oficiales egresados de la Academia General Militar[2] se parecen bastante en sus cualidades profesionales y en su actitud ante el servicio, con independencia de que hayan seguido planes de estudios muy distintos. En particular, algunos de mis interlocutores me decían que los oficiales de la XXXII (plan 1948) se parecían bastante a los de la XXXIII y XXXIV (plan 1973). Y que los de las promociones XXXIX y XL (plan 1978) no eran muy diferentes de los de la XXXVIII (plan 1973). Si tuvieran razón, resultaría que en la formación que se recibía en la Academia General Militar, más que los planes de estudios (los “contenidos”) sería importante todo lo demás que configura la experiencia académica. Volveré más adelante sobre este tema.
  2. La Academia General Militar ha preparado siempre buenos tenientes y capitanes. Porque ese ha sido el objetivo. Por contra, su trabajo ha estado menos enfocado hacia las necesidades futuras de los que, con el tiempo, acabarían convirtiéndose en los cuadros superiores del Ejército. El notable esfuerzo que durante décadas han realizado las Fuerzas Armadas[3] para el desarrollo profesional de sus oficiales se ha basado (no sé si es exagerado añadir “por completo”) en la adquisición de conocimientos. La actualización de los valores recibidos en la Academia (para adaptarlos a las necesidades específicas de los escalones superiores de mando), cuando se ha producido, se ha debido a la influencia del ejemplo de jefes o, en bastantes casos, a la reflexión personal de los propios interesados, y no tanto al sistema oficial de formación.

Me he referido a la “experiencia académica” como el factor fundamental en la preparación de los futuros oficiales[4] y querría explicar a qué me estoy refiriendo. La Academia General Militar en su tercera época heredó el enfoque pedagógico que en la segunda época había introducido el entonces Jefe de Estudios, Coronel Campins, basado en un modelo activo de aprendizaje[5]. En esencia, se trataba de someter a los cadetes a un proceso bastante largo (cuatro-cinco años) de “inmersión” en un medio militar puro (el régimen académico recreaba el ambiente de una unidad de tropa idealizada) y esperar que el tiempo hiciera su efecto y ayudara a los alumnos a asimilar la lógica de funcionamiento de la institución, así como sus valores específicos. Se aprendía la profesión viendo ejercerla a los profesores y, de una manera muy especial, a los capitanes, el empleo más numeroso y el que estaba en contacto más directo con los cadetes. El buen resultado dependía de la calidad del profesorado (en particular, de los capitanes), es decir, de la medida en que era capaz de encarnar las virtudes y valores que la Academia intentaba transmitir.    

En los sucesivos intentos de reforma de la enseñanza militar superior esta “experiencia académica”, entendida como base del proceso educativo, ha recibido una atención muy inferior a la que hubiera merecido. Los más tradicionalistas se resistían a considerar siquiera su reforma en profundidad. quizá porque entendían que formaba parte de la esencia misma de la Academia. Los más renovadores, por su parte, le han concedido a menudo menos importancia de la que tiene y han solido centrar sus esfuerzos en la cuestión de los conocimientos[6]. Entre unos y otros, el General Pinilla[7], Director de la Academia General Militar, entre 1979 y 1982, ha sido de los pocos que ha planteado la renovación en profundidad de la experiencia académica, manteniendo sus muchas virtudes y buscando soluciones para algunos de sus defectos.

Un texto fundamental para conocer el pensamiento del General Pinilla es la Orden Extraordinaria del 31 de Agosto de 1979, publicada al asumir la dirección de la Academia. Una Orden rica en en propuestas y que constituía, de hecho, el esbozo de un programa de actuación que debería conducir a una Academia General Militar profundamente renovada. Señalaba como objetivo la “educación integral y básica” de los futuros oficiales (lo que entraba por completo dentro de lo convencional), de los que recordaba (y esto sí era algo más novedoso) que serían los “futuros Mandos, incluso Superiores, del Ejército”. Es decir, no se trataba tan solo de formar buenos tenientes y capitanes, sino también de imbuir en ellos unos valores que les permitieran en una fase más avanzada de sus carreras asumir las responsabilidades de empleos mucho más avanzados. En particular, pedía que la Academia fuera:

  • Humana
  • Personalizadora
  • Comunitaria
  • Social
  • Profunda y cultivada
  • Responsable y responsabilizadora
  • Activa
  • Con creatividad                                                                       

E, implícitamente, que lo fueran también sus alumnos, dada la manera en que actuaba la “experiencia académica” y los efectos que ocasionaba. Algunas de estas cualidades o valores coincidían con los tradicionales y otros eran producto de su actualización. Pero había también algunos (“con creatividad”, “profunda y cultivada”, por ejemplo) que rompían de una manera más clara con lo que había sido la tradición de la Academia General Militar durante las décadas anteriores. Eran valores que, quizá, tendrían una utilidad limitada durante los empleos iniciales, pero que serían importantes en etapas más avanzadas de la carrera.

Por diversas circunstancias, aquel resultó no ser el momento adecuado. Han pasado muchos años desde entonces, la sociedad española ha cambiado y la Academia General Militar no es ya la que el General Pinilla se encontró en 1979. Con todo, bastantes de los elementos de aquella su primera Orden General siguen pareciéndonos modernos y, en general, su análisis puede iluminar la reflexión de cualquiera que se acerque en nuestros días al siempre interesante tema de la enseñanza militar.

José-Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencia Política


[1] En lo que sigue hablaré de “enseñanza militar” para referirme a la “enseñanza militar superior de formación”. Otros niveles y finalidades de enseñanza, enormemente importantes para las Fuerzas Armadas, tienen sus propias características y merecen un tratamiento específico.

[2] Entiendo que algo parecido puede ser aplicable a la Escuela Naval Militar y a la Academia General del Aire.

[3] Jesús María Ruiz Vidondo ha estudiado en detalle la formación de los escalones superiores de las Fuerzas Armadas española. Para detalles sobre su obra, puede consultarse su ficha en dialnet: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=911522.

[4] Y suboficiales. La formación que reciben en la Academia General Básica de Suboficiales está basada en principios similares.

[5] Para más detalles, ver IZQUIERDO NAVARRETE, José: “La Academia General Militar 1927-1931: Segunda fundación”. En Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 13-60.

[6] Muchas de las discusiones sobre el actual sistema de enseñanza se refieren a lo que el plan de estudios debe incluir, es decir, a los contenidos.

[7] Puede encontrarse una breve biografía del General Pinilla en http://dbe.rah.es/biografias/79944/luis-pinilla-soliveres. En 1973 fue jefe del equipo de psicología del Estado Mayor Central, que tuvo un papel muy destacado en el desarrollo y puesta en práctica del novedoso Plan 1973.