El Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial, un paradigma de innovación-involución-recuperación-sublimación

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Análisis GESI, 32/2017

Resumen: El presente texto trata de un análisis histórico sobre el desarrollo y el avance del Ejército Rojo durante el siglo XX, haciendo especial hincapié en la II Guerra Mundial. Se parte de la época zaraista, pasandop or el cambio en la estrategia durante el período de entreguerras (con la Operación de Profundidad), alcanzando la involuación a comienzos de la Segunda Guerra Mundial y las sucesivas reformas en la doctrina del Ejército Rojo hasta alcanzar la recuperación.

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INNOVACIÓN

Guerra Civil Rusa

Todo ejército, por tradición, tiene su forma de hacer la guerra. Los norteamericanos antes de la Operación Cobra en 1944, tendían a concentrar una potencia de fuego abrumadora (artillería y aviación) con la intención de destruir al enemigo donde estaba. Los británicos, muy cuidadosos desde la experiencia de la Primera Guerra Mundial, hacían planes meticulosamente calculados en fases sucesivas de aplicación de potencia de fuego que pretendían destruir el frente antes de lanzar a la infantería y que eran muy sensibles a la naturaleza cambiante del campo de batalla. Los alemanes, traían la tradición de Federico el Grande y del viejo Moltke de la guerra de maniobra Bewegungskrieg, la aniquilación del enemigo en una batalla decisiva.

El Ejército del zar, por su parte tenía en sus genes la tradición de formaciones de infantería en masa que llevaba a cabo ofensivas en un frente amplio, al estilo de Brusilov, en sectores operacionales separados denominados "frentes", que se acompañaban de ataques móviles mediante el empleo de la caballería como un cuerpo volante.

Aunque inevitablemente se heredaron estas formas con los antiguos integrantes del ejército del Zar, la Guerra Civil rusa fue la experiencia formativa del nuevo Ejército Rojo, la que fijó su manera de hacer la guerra. Se desarrollaron nuevos modos, como el empleo del ferrocarril para mover las reservas en líneas interiores, como hiciese Federico el Grande, lo que dio en llamarse Guerra Escalonada, es decir paso a paso, se trasladan las reservas disponibles al punto donde son más necesarias de modo constante.

A diferencia del punto muerto estratégico que supuso la guerra de trincheras en el Oeste, en un espacio netamente operacional, la Guerra Civil rusa, debido a las extensas distancias en las que tuvo lugar, no estuvo ni mucho menos tan encorsetada y se caracterizó por la imposibilidad de poder fortificar los vastísimos frentes de manera que estos fuesen impenetrables.

Esta disposición favoreció la existencia de ejércitos relativamente pequeños y la planificación de campañas con objetivos situados en las profundidades de la retaguardia enemiga, a los que había que llegar mediante maniobras ofensivas rápidas, con flanqueos, penetraciones o envolventes de las fuerzas enemigas, algo que era posible por la naturaleza sobreextendida de las líneas del enemigo.

Estas maniobras requerían una fuerza altamente móvil y ágil, que los planificadores del Ejército Rojo encontraron en el empleo de vehículos y trenes blindados, y en las célebres unidades de caballería en las que se forjarían numerosos comandantes de la segunda guerra mundial, como el 1er Ejército de caballería de Budenny, el íntimo amigo de Stalin.

Este es obviamente el germen de la doctrina soviética posterior, que se concebirá en la década de 1920 y se desarrollará en la primera mitad de los 1930, y que tendrá en la velocidad, la penetración y la profundidad sus características principales.

 

La Operación en Profundidad (1922 – 1937)

Para 1925 el Ejército se había reducido a una décima parte, unos 500.000 hombres. El sistema implantado fue el de cuadros territoriales mixtos, es decir, el mantenimiento de algunas divisiones  de infantería y caballería como masa de maniobra y el ajuste del resto a unos cuadros mínimos que debían alcanzar la plenitud de efectivos con reservistas de determinadas regiones en caso de que se produjese una movilización. La fuerza total a desplegar la estima Glantz en unas 140 divisiones en ese tiempo.

Esta es la época en la que se publican los estudios precursores de Mijail Frunze y de los grandes teóricos soviéticos Svechin, Tukhachevsky, Triandafillov e Isserson. Se trata de un cuerpo teórico que se desarrolla progresivamente en torno a una serie de conceptos. El primero es el de Operaciones Sucesivas. Asume que los ejércitos modernos poseen tal tamaño y capacidad de recuperación que es imposible destruirlos en una única batalla decisiva (algo que se vio en el Oeste en la IGM). Por ello, se hace necesario lanzar repetidas operaciones ofensivas a gran escala en sucesión que impidan la recuperación del enemigo y su colapso. Cada una de estas operaciones debía cumplir tres objetivos táctico – operacionales: ruptura + penetración + explotación de la retaguardia, que debían iterarse sucesivamente hasta que el enemigo ya no tuviese capacidad para reorganizar otra línea de defensa.

En este contexto, los teóricos soviéticos, ante la magnitud operativa que supone esa iteración, buscan un concepto intermedio que sea capaz de coordinar las actuaciones de la dimensión táctica, es decir, los planes de ruptura + penetración + explotación de la retaguardia de cada una de esas operaciones sucesivas, con la dimensión estratégica que supone repetir estas operaciones en iteraciones sucesivas. Es lo que denominaron Arte Operacional (operativnaia iskusstva), y englobaría todas las operaciones circunscritas en una campaña y llevadas a cabo por grandes formaciones, como cuerpos de ejército y ejércitos.

Con la definición de estas tres fases táctico-operacionales, la nueva tecnología existente y la “forma de hacer la guerra” nacida de la Guerra Civil (acceder a la retaguardia de los ejércitos enemigos para acometer su destrucción), los teóricos soviéticos conciben a principios de los años 1930 otro nuevo concepto, la Batalla en Profundidad (glubokii boi), que sería a nivel táctico cada una de las iteraciones de la operación sucesiva. Habría contingentes de fuerzas especializados: grupos mixtos de infantería, blindados y artillería serían los encargados de la ruptura y la penetración, y grupos blindados y de caballería de gran movilidad se situarían en segundos y terceros escalones con la misión de explotar la penetración, apoyados por aviación y fuerzas aerotransportadas. Esto empieza a oler a la concepción y empleo de contingentes de armas combinadas.

Pronto, gracias a los avances tecnológicos (como la creciente autonomía de carros de combate y aviones), los teóricos comienzan a plantearse operaciones de mayor calado, esto es, penetraciones y explotaciones de la retaguardia a distancias de 100 km o más, algo que trasciende el ámbito táctico de la Batalla para pasar al ámbito Operacional. Nace así en 1936 la Operación en Profundidad. Los conceptos son básicamente los mismos pero a una escala mayor y a mayor profundidad en la retaguardia enemiga y con varias operaciones simultáneas. Con ella se persigue el noqueo de un enemigo mediante la realización en cada iter sucesivo de varias operaciones en profundidad simultáneas y coordinadas, cuya explotación de la retaguardia impida al enemigo reorganizar una nueva línea. Supone un golpe demoledor.

Para llevar a cabo estas operaciones, los teóricos concibieron distintas combinaciones de armas en contingentes con distintos objetivos en la operación, creándose así las grandes unidades de armas combinadas. De la ruptura había de encargarse una fuerza de choque formada por carros de combate e infantería de acompañamiento apoyados por artillería e ingenieros. Otras unidades específicas de artillería y aviación ablandarían la retaguardia enemiga, y una fuerza integrada por formaciones blindadas y aerotransportadas serían las encargadas de llevar a cabo la explotación.

En este contexto, las fuerzas blindadas debían dividirse en tres escalones diferenciados e independientes: Fuerzas mecanizadas que acompañan a la infantería en la ruptura del frente, fuerzas blindadas que consolidan la brecha de la penetración, y fuerzas mecanizadas y blindadas (llamadas grupos móviles) que efectúan la penetración a profundidades operacionales, que destruyen la retaguardia y/o embolsan o destruyen a las fuerzas enemigas en retirada.

Estos conceptos teóricos recibieron los parabienes de Stalin y su dotación fue incluida en los planes quinquenales, de modo que las fuerzas mecanizadas fueron una realidad en la Unión Soviética desde principios de la década de 1930. En mayo de 1930 apareció la primera brigada mecanizada compuesta por infantería mecanizada, blindados, artillería y reconocimiento.

También añadieron unidades de blindados a sus unidades tradicionales, pero el hito fue la creación en 1932 (3 años antes de la formación de las divisiones panzer) de los primeros cuerpos mecanizados, los encargados de efectuar la explotación en la retaguardia enemiga. Estos se componían de 1 brigada de fusileros, 2 brigadas de tanques y unidades de apoyo (artillería, ingenieros, etc) y era del tamaño aproximado de una división occidental.

Las unidades fueron creciendo y desarrollándose a lo largo de la década, obviamente gracias a la expansión del ejército soviético, que en la década de 1930 había abandonado el sistema de cuadros mixtos y que para 1938 contaba ya en sus filas con 1,5 millones de hombres.

Sin embargo, en la práctica adolecieron de deficiencias graves, como el escaso e ineficiente empleo de la radio, algo vital para la coordinación de las grandes operaciones en profanidad por fuerzas de armas combinadas a nivel operacional. Esta deficiencia perduraría hasta bien entrada la guerra. Fue precisamente el empleo de la radio la gran baza de la Blitzkrieg alemana, la que la hizo maniobrar con brillantez y ganar las batallas con carros de combate inferiores. Ya en la década de los 30 se hacían juegos de guerra exclusivamente de radio como el Funkubung de 1932.

 

INVOLUCIÓN

Las cosas se tuercen (1938-39)

El año 1938 marcó el comienzo de involución. Las purgas habían sido una constante en el estado soviético desde sus inicios, pero a partir de la segunda mitad de la década de 1930, concretamente a partir de 1937, el Ejército Rojo fue víctima de una enorme purga de oficiales, que se llevó por delante a Tukhachevski y a Svechin, y mandó a otros teóricos de la Operación en Profundidad al GULAG, como Isserson. La purga cortó cabezas a todos los niveles del ejército, incluidos los comandantes de regimiento (100% de los comandantes de los distritos militares, 80% de los segundos y jefes de estado mayor de esos distritos, 80% de comandantes de cuerpo y división y 91% de comandantes de regimiento segundos y jefes de estado y plana mayor). Las purgas se prolongaron hasta el comienzo de la guerra.

La consecuencia fue doble. Por un lado, una gran cantidad de oficiales jóvenes e inexperimentados accedieron a mandos muy superiores a lo que les correspondía. Por otra parte, después de la ejecución de Tukhachevsky y de sus colegas nadie quería oír hablar de la innovadora doctrina  que había fijado la forma soviética de hacer la guerra: La Operación Profunda. E incluso el propio Ejército Rojo recopiló y destruyó todas las copias que pudo de los escritos de Tukhachevski.

Otro rejón de muerte a la innovación doctrinal soviética fueron los informes negativos de Pavlov sobre las experiencias en la Guerra Civil española. Según Pavlov, los cuerpos mecanizados eran demasiado grandes para maniobrar, torpes para la maniobra y vulnerables a las armas defensivas enemigas, así que desaconsejaba su utilización independiente como escalón de explotación. (Si bien las observaciones eran ciertas, estaban erradas, pues no era el concepto sino su empleo el culpable de la ineficiencia, con carros poco blindados y un uso pobre de la radio que los acababa separando de la infantería).

Una comisión del Ejército Rojo presidida por veteranos de la Guerra Civil como  Timoshenko y Budenny, denominada Comisión Kulik volvió a estudiar toda la doctrina y concluyó en el verano de 1939 que los cuerpos y brigadas mecanizadas debían ser privados de su infantería, lo que las desarticuló como unidades de armas combinadas y redujo a dichas unidades a un papel de apoyo a la infantería. Con estas pautas se inició una reorganización general de todas las grandes unidades del ejército.

Otro aspecto a destacar es la rápida expansión de efectivos que estaba llevando a cabo el Ejército Rojo. Si en 1938 contaba con una fuerza permanente de 1,5 millones de hombres, ésta no dejó de incrementarse hasta el comienzo de la guerra, con 2,3 millones y 170 divisiones en 1939, 4,5 millones y 161 divisiones en 1940, y 5 millones y 196 divisiones en junio de 1941.

La combinación explosiva de la purga de más de un 80% del cuadro de oficiales del Ejército Rojo a todos los niveles, la reorganización y supresión de las fuerzas armas combinadas y la rápida expansión de los efectivos provocada por la situación internacional sentaron las bases para la enorme catástrofe de 1941.

 

La llama sigue viva. Khalkhin Gol…

Una operación militar que acabó en victoria en el Lejano Oriente a mediados de 1939 puso de manifiesto la validez de las doctrinas desarrolladas en la década de 1930. Fue en las operaciones contra las tropas japonesas del Ejército de Kwantung.  Mientras una fuerza soviética fijaba el frente de las posiciones japonesas, las fuerzas móviles flanquearon las alas niponas y cercaron a todo el ejército japonés en el río Khakhin Gol, infligiéndoles 61.000 bajas. El artífice de la victoria era uno de los discípulos aventajados de Tukhachevski, un fiel seguidor de Triandafillov y un oficial que había escapado milagrosamente de las purgas. Su nombre… Georgii Zhukov.

 

… pero la involución continúa… La Guerra de invierno

La Unión Soviética no quería tener las fronteras de otro país tan cerca de Leningrado, desde donde una potencia extranjera pudiera amenazarla, así que tras un ultimátum atacaron a los finlandeses. Esto no era el Lejano Oriente y el efecto de las purgas ya se dejaba sentir en las unidades del Ejército Rojo. Fue aquí donde se puso de manifiesto el precario estado del ejército.

La guerra dio inicio el 30 de noviembre de 1939. Las operaciones fueron predecibles, carentes de maniobra, frontales, masivas, descoordinadas a lo largo de toda la línea y sin objetivos concretos. El Ejército Rojo había involucionado hasta ser un instrumento de mera fuerza bruta.

Tras la pausa reorganizativa que siguió a la derrota del primer ataque, el Ejército Rojo reanudó la ofensiva el 12 de febrero de 1940, esta vez a las órdenes de Timoshenko. Se llevaron a cabo numerosos reajustes y se efectuaron operaciones más sólidas, con una utilización más eficaz de la artillería y con maniobra. No obstante, el Ejército Rojo había sufrido 380.000 bajas y el ridículo de diciembre y enero reforzó la idea de Hitler de la supuestamente apabullante inferioridad de las fuerzas armadas soviéticas, un ingrediente a sumar a la receta para la catástrofe anteriormente comentada.

 

… un pan con unas tortas… Reformas de 1940

A raíz del bochornoso espectáculo de la guerra con Finlandia, el Ejército Rojo se apresuró a reevaluar la doctrina y la organización existentes en la primavera de 1940. Entretanto, los espectaculares éxitos de las formaciones móviles alemanas en el Oeste apresuraron los debates en el seno del alto mando soviético. Como resultado se derogó la Comisión Kulik y el gobierno soviético volvió a aprobar la creación de 8 nuevos cuerpos mecanizados en julio de 1940.

En realidad, aunque con el mismo nombre, se trataba de formaciones de mayor tamaño que los cuerpos mecanizados de 1938, compuestas por 2 divisiones de tanques y 1 división motorizada de fusileros, con 1107 tanques y más de 36.000 soldados.

También se produjo una reorganización general de los cuadros de mando de combate, que aunque tuvo efectos positivos, como elevar a posiciones de responsabilidad a Zhukov y a otros mandos de Jaljin Gol y a la depuración de comandantes incompetentes de la guerra con Finlandia, el resultado fue que para junio de 1941 el 75% de los mandos de combate y de posiciones de estado mayor llevaban en su puesto menos de 1 año.

Hay que añadir otro aspecto de esta respuesta al desastre de Finlandia: el Ejército Rojo no hizo ademán de recuperar la doctrina de la Operación Profunda, en su lugar se obsesionó con las tareas básicas, como reconocimiento, ocultamiento, la seguridad de la marcha, el escalonamiento en los ataques, detalles de qué marcha debía llevar un carro de combate en nieve profunda o como asaltar fortines, pero ni rastro de la maniobra.

 

El plan estratégico de defensa

La Unión Soviética contemplaba 2 amenazas, Alemania en el oeste y Japón en el este. En el oeste, el principal obstáculo estratégico era saber si el ataque alemán iba a venir al norte o al sur de los pantanos de Pripiat.

En 1938 el plan preveía ambas variantes. En 1939, tras el reparto de Polonia se revisaron los planes. Fruto de ello, el plan de julio de 1940 de Vasilevsky apostaba por la invasión de Bielorrusa en el eje Minsk-Smolensko, pero cuando fue nombrado jefe del Estado Mayor General Meretskov, su nuevo plan de octubre de 1940 apostó por el sur, es decir, por Ucrania. Era el definitivo Plan de Defensa 41, que llevó a una nueva reorganización de las estructuras del Ejército Rojo, que desplegó 8 cuerpos mecanizados en Ucrania. El plan defensivo pivotaba sobre el concepto de una gran contraofensiva contra el elemento invasor antes de que este llegase al río Dniéper.

El plan contemplaba el despliegue de 5 Frentes con 171 divisiones y cuerpos mecanizados en 3 escalones. Uno en la frontera con 57 divisiones, un segundo con 52 y un tercero con 62, con mayor concentración de tropas en estos dos últimos y donde estaban los cuerpos mecanizados.

Más atrasados había un cuarto escalón con 5 ejércitos en formación que debían de integrar un Frente de la Reserva, como segundo escalón estratégico, en la línea de los ríos Dniéper y Dvina. (A medio completar a inicio de la guerra).

Como elemento precautorio se inició una movilización parcial. A últimos de mayo se dio orden de movilizar a 800 000 reservistas que debían levantar 100 divisiones y formaciones equivalentes Además se comenzó un envío masivo de formaciones a la frontera, comenzando con 4 ejércitos y 28 divisiones de infantería y ordenándose que le siguieran otros 3 ejércitos de los que estaban en formación. Estas unidades debían estar en posición en la frontera el 10 de julio. El 22 de junio solo había 1 ejército al oeste de Moscú.

Por tanto, cuando comenzó la guerra, los alemanes sorprendieron a los soviéticos en plena transición de organizaciones, con los distritos militares convirtiéndose en frentes, que a su vez tenían nuevos comandantes, nueva organización del equipo y nueva doctrina, y que para más INRI, sorprendió a las formaciones en pleno despliegue desde sus cuarteles a sus posiciones asignadas en los distintos escalones.

 

La primera reacción soviética al desastre

La gran bofetada que recibió el Ejército Rojo en las primeras semanas del Barbarroja lo despertó de su letargo operativo. En las más altas instancias se creó el 8 de agosto el Alto Mando Supremo, más conocido como Stavka, que incluía a personas tan influyentes como Timoshenko, Zhukov, Budenny, Molotov y otros, además de al propio Stalin. También acabó estando bajo el paraguas de esa denominación el Estado Mayor General que servía a dicho Alto Mando.

Debido a los graves problemas de comunicación que tenía el Ejército Rojo, los miembros de la Stavka se convirtieron en “representantes”, es decir, se les enviaba al frente a los lugares más comprometidos a que averiguasen lo que estaba pasando y para que actuasen como «apagafuegos».

Otro intentó de dar consistencia a la estructura fue la creación el 10 de julio de 1941 de 3 mandos multi-frente que se conocieron como Direcciones Principales de Mando: Dirección Noroeste (Voroshilov), Dirección Oeste (Timoshenko) y Dirección Suroeste (Budenny). Resultó ser un nivel de mando superfluo que creaba más problemas de los que resolvía, así que fueron disueltas en 1942, quedando para este cometido los representantes.

Debido a las purgas y a las numerosas reestructuraciones del mando, los cuarteles generales en el frente sufrían una fuerte escasez de oficiales de estado mayor entrenados que coordinasen los aspectos fundamentales de la maniobra, es decir la propia maniobra, el fuego de apoyo y los suministros. Y las catastróficas pérdidas de efectivos de 1941 no hicieron más que agravar la escasez de oficiales formados, tanto para las unidades supervivientes como para las unidades en formación.

Las comunicaciones eran muy deficientes, por falta de operadores, por falta de formación para manejar los códigos e incluso por falta de equipos de radio. Había frentes que no tenían equipos de largo alcance.

Imperaba la necesidad de acometer una reorganización. Sabedores de los problemas ya citados, se impuso una simplificación de las estructuras para ganar agilidad y operatividad. El punto de partida fue la Circular 01 de la Stavka de 15 de julio de 1941.

Entre las primeras decisiones estuvo la eliminación de los mandos equivalentes a los cuerpos de ejército. Los ejércitos resultantes estaban compuestos por 5 o 6 divisiones de fusileros y varios regimientos de artillería. (En diciembre de 1941 solo quedaban 6 de los 62 cuerpos de fusileros). Esto simplificó las comunicaciones y permitió que los pocos oficiales de estado mayor experimentados tuvieran acceso directo a la maniobra de las divisiones de fusileros.

Las divisiones de fusileros fueron desprovistas de la mayor parte de sus unidades especializadas (artillería, ingenieros, contracarro, etc). Con lo que los efectivos teóricos bajaron de 14.500 a 11.000. Aunque siempre estuvieron más bajos, y con las catastróficas derrotas, muchas de estas divisiones diezmadas se convirtieron en brigadas de fusileros. (Entre finales de 1941 y primeros de 1942 se activaron 170 brigadas de 4400 hombres).

Se eliminan también los cuerpos mecanizados, por estimarse que con la escasez de oficiales y de equipo no son eficientes. Sus 31 divisiones motorizadas de fusileros se convierten en divisiones de infantería corrientes.

Las nuevas divisiones de tanques reciben unos efectivos de menos de 200 tanques. Debido a la escasez de tanques se puso el foco en las brigadas de tanques, de 93 tanques (7 pesados, 22 medios y 64 ligeros) de las que se ordenó la creación de 120 el 13 de agosto, aunque solo se hubieran formado 79 para diciembre de 1941, que además no disponían de más de 60 tanques. También se crearon batallones de tanques independientes de unos 29 tanques cada uno. Unidades todas más pequeñas que se alejaban de los conceptos estratégicos y que se centraban en la operatividad táctica y por tanto en el apoyo a la infantería.

También se ordena la creación de 30 nuevas divisiones de caballería ligera de 3447 jinetes cada una, que serían ampliadas a 82, y que, en diciembre de 1941, ante las pérdidas sufridas, se integrarían en cuerpos de caballería. La cabra tira al monte, además había escasez de vehículos, y se necesitaba desesperadamente conseguir movilidad.

A esto hay que añadir un intento de combatir las malas prácticas de los inexperimentados oficiales en el campo de batalla: se prohibieron los asaltos frontales y la disposición uniforme de la artillería en el frente, y se amplió el tamaño de las órdenes de operaciones con apartados en los que los oficiales de estado mayor daban pautas tácticas sobre como efectuar los ataques.

 

RECUPERACIÓN

Manos a la obra…

Uno de los milagros soviéticos de la Segunda Guerra Mundial fue su capacidad para crear unidades más rápido de lo que las destruían los alemanes. De esta forma, en 1941 lograron crear 57 ejércitos cuando solo perdieron o disolvieron 20.

A finales de junio de 1941 se hizo un primer llamamiento a filas de 5,3 millones de reservistas. Y el ritmo de creación de ejércitos fue de 13 en junio y julio, 19 de agosto, 5 en septiembre, 7 en octubre, 11 en noviembre y 2 en diciembre. En total 285 divisiones de fusileros, 12 divisiones de tanques, 88 divisiones de caballería, 174 brigadas de fusileros y 93 brigadas de tanques. Y esto fue solo el principio.   

Estos efectivos se vieron también aumentados por 97 divisiones de fusileros traídas desde el Lejano Oriente. La NKVD aportó otras 20 divisiones y la marina 17 brigadas de fusileros.

Para dar un dato, las estimaciones alemanas de preguerra eran de 300 divisiones soviéticas. Para el 31 de diciembre de 1941, después de las catastróficas derrotas del Ejército Rojo en Barbarroja, de 229 divisiones y 4 millones de hombres, este alineaba 800 formaciones equivalentes a la división (483 de fusileros) (eso sí de peor calidad y peor equipadas, lo que también contribuyó al desdén alemán y a la sensación de que la URSS estaba derrotada).

 

El Ejército Rojo recupera su forma de hacer la guerra

Tras el caótico paréntesis de la campaña de invierno 1941 – 1942 y después del éxito de la primera oleada de movilización, los mandos soviéticos empiezan a preocuparse por recuperar la doctrina y las formas de combatir. Y así surge la Directiva de la Stavka n.º 3 de 10 de enero de 1942.

Ya en diciembre, Zhukov había ordenado en el seno de su Frente Oeste la creación de grupos de choque (precedente directo del ejército de choque), tras los que se escondía el concepto de concentración de la fuerza en un punto crítico, lo que los alemanes llaman el Schwerpunkt, un lugar donde aplicar el máximo esfuerzo con el objeto de generar una ruptura.

Los primeros ejemplos de centralización de los esfuerzos en un frente estrecho se ven ya en Moscú, cuando los cuerpos de caballería se internan en la retaguardia y efectúan la explotación. Sin embargo, la decisión de Stalin de convertir el contraataque en una contraofensiva general en todo el frente vuelve a incurrir en el error de desenfocar y dispersar los esfuerzos, lo que llevó al agotamiento y al punto muerto de la campaña de invierno. Además de que por ese tiempo ni la estructura de mando y el aparato logístico estaban preparados para sostener la profundidad de una penetración.

La iniciativa de Zhukov se generaliza en enero de 1942 con una directiva que ordenaba a todos los comandantes de frente y de ejército la creación de grupos de choque para su concentración en un frente estrecho que les permitiese obtener una superioridad local con la que efectuar una penetración. Las directrices eran que dicho frente estrecho debía ser de unos 30 km en el frente (vs los 400 km anteriores) y de unos 15 km para un ejército de fusileros (vs los 80 km anteriores). Este es el germen del principio de concentración de la fuerza para conseguir una superioridad abrumadora que pondría en práctica el Ejército Rojo hasta magnitudes inimaginables.

 Dicha Directiva hace también alusión al empleo de la artillería. Se destierra la práctica de la dispersión de la artillería y se pasa de entre 7 y 12 cañones y morteros por kilómetro de frente a una concentración de entre 45 y 65 piezas de artillería en los frentes estrechos. Y esta densidad artillera solo fue el comienzo.

Como indicio de la nueva recuperación, en 1942 el Ejército Rojo ya no creaba nuevas divisiones. La nueva táctica a seguir fue la expansión a división de las numerosas brigadas creadas durante el año anterior, lo que dio un núcleo de veteranos y oficiales experimentados que ayudaba a integrarse con mucha mayor rapidez a los nuevos reemplazos de las movilizaciones sucesivas.

 

Otro pasito… vuelven las fuerzas mecanizadas

La victoria de Moscú de 1941 fue un verdadero revulsivo en la moral soviética y un auténtico punto de inflexión, el punto culminante al que se refiere Clausewitz. Tras haber demostrado que podían realizar una ruptura de las líneas alemanas, las altas instancias soviéticas echaron de menos no haber dispuesto de una fuerza de penetración y explotación con su estructura de mando y su sistema logístico, que les permitiesen una operación sucesiva de contraofensivas. Estaban empezando a volver a la doctrina abandonada en 1938, así que pusieron la mirada en la campaña de verano de 1942.

Otro de los milagros soviéticos de la Segunda Guerra Mundial fue el traslado a los Urales de la Industria. A comienzos de la primavera de 1942, menos de un año después de Babarroja, la URSS ya había producido 4500 tanques, 3000 aviones, 14.000 cañones y 50.000 morteros. Esta relativa abundancia de equipo sumada a la movilización y creación de unidades, a la creciente experiencia de los cuadros supervivientes y a la conciencia de volver a la vieja doctrina de maniobra fue determinante en la resurrección de los cuerpos mecanizados. Uno de los artífices fue el general Fedorenko, jefe del Directorado de Medios Blindados y Motorizados.

La primera idea fue resucitar las viejas formaciones independientes de armas combinadas independientes. En marzo de 1942 se crean dos formaciones distintas y equivalentes a una división panzer: los cuerpos de tanques y los cuerpos mecanizados.

Los cuerpos de tanques estándar de 1942 consistieron en 3 brigadas de tanques de 53 blindados (32 medios y 21 ligeros) cada una y 1 brigada motorizada de fusileros, 1 batallón de reconocimiento motociclista, 1 batallón de morteros, cañones antiaéreos y morteros de la Guardia (Katiushas), 1 compañía de zapadores y 1 compañía de transporte con elementos móviles de reparación, con unos efectivos totales de 7800 hombres, 98 tanques medios y 70 tanques ligeros. Fedorenko creó 28 cuerpos de tanques en 1942 mediante la expansión de brigadas veteranas.

A partir de septiembre de 1942 Fedorenko acometió la creación de formaciones aún más grandes, los cuerpos mecanizados, que estaban dotados de más infantería. Por lo general un cuerpo mecanizado consistía en 3 brigadas motorizadas de fusileros cada una de las cuales llevaba incorporado un regimiento de tanques de 39 T-34. Además, el cuerpo incorporaba una combinación de 3 unidades blindadas que podían ser regimientos de tanques (39) o brigadas de tanques (53), con toda una diversidad de unidades de armas auxiliares de artillería, reconocimiento, contracarro, antiaérea, zapadores, intendencia, etc. En total entre 175 y 224 tanques y 266 cañones y morteros, con unos efectivos de unos 13.600 hombres. Los cuerpos mecanizados siguieron creciendo hasta incorporar unidades de cañones autopropulsados y otros, y hasta unos efectivos de 16.600 hombres. En los apenas 4 meses restantes de 1942 se desplegaron 8 cuerpos mecanizados.

Recuperando la vieja idea de la Guerra Civil los cuerpos de tanques y mecanizados debían ser empleados como grupos móviles de los ejércitos de fusileros, y efectuar operaciones de envolvimiento y explotación de la penetración a un nivel táctico-operacional, es decir, hasta un radio de 100 km en la retaguardia enemiga.

Pero los reformadores soviéticos dieron un paso más, necesitaban una herramienta de armas combinadas de gran tamaño para maniobrar a un nivel operacional-estratégico. Se volvía a recuperar el viejo concepto de Operación en Profundidad.

De este modo, en el mes de mayo de 1942 se alumbró una primera concepción del Ejército de tanques mediante la combinación de algunos de los cuerpos de tanques recién creados. Esto dio lugar a los 3.er y 5.º Ejércitos de tanques en mayo, y a los 1.er y 4.º en julio (que resultaron destruidos al enviarlos al combate precipitadamente en la Gran Curva del Don en el avance del Sexto Ejército sobre Stalingrado).

La experiencia de los cuerpos móviles que cercaron al Sexto Ejército en Stalingrado el 17 de noviembre (Operación Urano), configuró el modelo para las futuras grandes operaciones de armas combinadas. Los nuevos ejércitos de tanques que incorporaban la experiencia de Stalingrado fueron creados en 1943 e iban a ser los encargados de liderar las ofensivas soviéticas durante el resto de la guerra. Por ejemplo, en la batalla de Kursk, el 5.º Ejército de tanques de la Guardia estuvo compuesto por 3 cuerpos de tanques y 1 cuerpo mecanizado, en total 850 tanques.

El camino había sido duro. Las pérdidas del Ejército Rojo en 1941 y 1942 eran difíciles de imaginar. Pero tanto los oficiales como los soldados supervivientes eran ahora hombres experimentados que comenzaban a disponer del material, de la pericia y de las tácticas apropiadas para revolverse con éxito contra el alemán. Fruto de este cambio, Stalin comenzó a confiar cada vez más en sus generales y en delegar en ellos la planificación y ejecución de las operaciones, al contrario que Hitler.

Empiezan a ensayar la teoría…

El éxito de la Operación Urano en Stalingrado fue totalmente inesperado, una operación clásica de envolvimiento en pinza a nivel operacional perfectamente ejecutada. Esto impulsó a los soviéticos a saltar al nivel estratégico y para eso estaba Saturno, que pretendía envolver a todo el Grupo de Ejércitos B con la conquista de Rostov y atrapar al Grupo de Ejércitos A en el Cáucaso. Esta maniobra enorme pilló a los soviéticos con el pie cambiado, pues aunque lo habían concebido teóricamente, todavía no estaban preparados para acometerla a corto plazo, además de que el cerco de Stalingrado, Operación Anillo, iba a requerir fuerzas ingentes que tendrían que ser retiradas de otros frentes.

En febrero de 1943 se ensaya una penetración a gran profundidad, la del Grupo Móvil Popov, precursor del desempeño de los futuros ejércitos de tanques, que como hemos dicho son los encargados de explotar penetraciones estratégicas. El Grupo Popov estaba compuesto por 4 cuerpos de tanques y 3 divisiones de fusileros, aunque las fuerzas estaban muy debilitadas y solo contaba con 137 tanques.

 

SUBLIMACIÓN

Recuperación de la Operación en Profundidad…

Con los primeros ensayos y con las cantidades crecientes de material disponible y de experiencia acumulada, comenzó el proceso de sublimación. Las divisiones de fusileros veteranas se fueron convirtiendo en divisiones de la Guardia (10.000 hombres), las brigadas de fusileros se expandieron a divisiones de fusileros (7000) y unas y otras fueron encuadrándose de nuevo en Cuerpos de fusileros junto con unidades auxiliares (blindados, ingenieros, morteros, etc especialmente en las unidades asignadas a operaciones de ruptura). Estos cuerpos de ejército comenzaron a encuadrarse en los cuarteles generales de los ejércitos, que para adaptarse a la recuperada doctrina ofensiva se reconvirtieron en Ejércitos de armas combinadas, que incluirían 1 o 2 cuerpos de tanques o mecanizados con capacidad de realizar operaciones a entre 50 y 200 km de profundidad. A estos había que añadir los ejércitos de la Guardia, unidades cracks, y los ejércitos de choque, especializados en la ruptura. Todos grandes unidades de infantería.

Se procedió a la creación de grandes unidades especializadas que debían apoyar a los ejércitos y a los frentes que habían de participar en grandes operaciones. Estas unidades, por ejemplo las de artillería, especializadas en obuses, contracarro, antiaéreas, morteros de la guardia, autopropulsadas etc.,  se fueron escalando gradualmente, desde batallones y regimientos en 1942-1943, y a partir de ese año comenzaron a expandirse a divisiones y cuerpos de artillería. Por ejemplo, en abril de 1943 ya había un cuerpo de artillería de ruptura con 1500 piezas y lanzaderas de cohetes.

Estas grandes formaciones especializadas estaban adscritas a la Reserva de la Stavka y se empleaban allá donde fuese necesario como herramientas complementarias de los frentes y ejércitos implicados en una operación ofensiva a gran escala.

Y con el objeto de evolucionar la Operación en Profundidad del plano operacional-estratégico al plano puramente estratégico, es decir, realizar explotaciones en la retaguardia hasta 500 km de distancia del punto de ruptura, se necesitaban unas formaciones blindadas con componente de armas combinadas de gran tamaño, equivalentes a los Ejércitos Panzer alemanes. Es entonces cuando nace el Ejército de Tanques de 1943, una formación idéntica en el nombre aunque distinta de aquellas creadas en 1942. En general estuvieron compuestos por 2 cuerpos de tanques y 1 cuerpo mecanizado (de los nuevos de mayor tamaño) y de 1 brigada de tanques independiente, apoyados por toda una miríada de unidades auxiliares de reconocimiento, morteros de la guardia, obuses, y artillería contracarro, antiaérea, etc, sin olvidar las grandes formaciones logísticas que debían alimentar la explotación a semejantes distancias, de lo que se aprendió con las experiencias de los grupos móviles como el de Popov, y para todo ello fueron absolutamente determinantes los 407.000 camiones Studebaker norteamericanos del programa de Préstamo y arriendo proporcionados durante la guerra. Hubo 6 unidades de este tipo que participaron en las grandes ofensivas soviéticas de la segunda mitad de la guerra.

 

La operación profunda en todo su ser…. la sublimación (1944-1945)

Vistas las herramientas, pasemos ahora a analizar la concepción doctrinal y la dimensión estratégica de las ofensivas entre finales de 1943 y mayo de 1945. Dice Glantz que sobre un mapa, una operación en profundidad soviética de este periodo parece un juego de matrioskas rusas, en el que se pueden ver estrechos cercos tácticos, que a su vez se ven superador por el exterior por profundos envolvimientos operacionales.

 

El paso previo a la planificación era delimitar los frentes estrechos en los que realizar la ruptura.

El primer paso era lograr una ruptura del frente, tarea de los ejércitos de armas combinadas. La infantería de las divisiones de fusileros, con el apoyo de todas las grandes formaciones especializadas que hemos visto anteriormente, debía abrir un hueco en la línea del frente por la que debían pasar los cuerpos de tanques y mecanizados adscritos a esos ejércitos (en terreno difícil también cuerpos de caballería mecanizada). La operación de ruptura conllevaba varias fases:

  • Concentración de unas fuerzas de ruptura abrumadoras y de penetración. Generalmente, sabedores de que los alemanes tenían una primera línea poco guarnecida, en enviaban grupos de spetsnaz a reconocer objetivos y destruir elementos clave, y pequeñas formaciones (compañía o batallón) de reconocimiento en fuerza 24 horas antes del inicio de la ofensiva, con la misión de desorganizar la primera línea y facilitar que la ofensiva comenzase directamente contra la línea principal.
  • Determinación de la potencia de fuego de ataque y de apoyo necesaria. Las grandes unidades especializadas de artillería ultimaban preparaciones artilleras y sofisticados planes de fuego para acompañar a las tropas soviéticas durante el proceso de ruptura. También se valían de tácticas como cesar y esperar varios minutos a que salieran los enemigos para machacarlos.
  • Comienzo de la Ofensiva. La Ruptura de la línea principal se iniciaba con fuerzas de fusileros apoyadas por ingenieros, carros y cañones autopropulsados (cazacarros) que debían acechar la llegada de panzer alemanes. Si un punto de ruptura elegido resultaba duro de roer, los comandantes desviaban a sus tropas a otro lugar más débil. Aunque parezca fácil no lo es, pues implica un trabajo de estado mayor impecable para que se pueda reajustar el impulso de la ruptura en los tiempos planificados de la ofensiva.
  • Cuando la ruptura del frente era inminente había que decidir el momento adecuado de lanzar la primera fuerza de penetración para la explotación táctico-operacional. El asunto no es baladí, una formación mecanizada lanzada demasiado pronto podría quedar empantanada con las fuerzas de ruptura, y si era lanzada demasiado tarde podría ser emboscada por un contraataque alemán en marcha, recuérdese la defensa elástica de Manstein, o con una recomposición de la línea enemiga.

En un segundo paso, los cuerpos de tanques y mecanizados de los ejércitos, tenían la misión de hacer una explotación táctica-operacional en la retaguardia cercana, de hasta 100 km. Se debía medir muy bien la extensión de la misma, con objeto de consolidar la explotación operacional-estratégica. Para ello no debían sobreextenderse, lo que las debilitaría de cara a los contraataques alemanes, y debían ser rápidamente reabastecidas y reforzadas. Las unidades logísticas eran vitales, pues mantenían en marcha las explotaciones.

Una vez abierta, consolidada y contenida la brecha, y asegurada la retaguardia cercana era el turno, en un tercer paso, de los ejércitos de tanques (o grupos mecanizados de caballería, según el terreno), que con sus formaciones blindadas debían pasar a través del pasillo abierto y comenzar la explotación de la retaguardia profunda, a un nivel operacional-estratégico. (A veces los jefes empeñaban a las fuerzas en la ruptura, lo que hacía que se acumulasen retrasos y que mermasen sus efectivos). Al ser unidades independientes, estaban subordinadas directamente al comandante del Frente o al Representante de la Stavka en caso de que hubiera varios Frentes involucrados.

En su avance, estas unidades llevaban por delante a unos 20-50 km en vanguardia una brigada de tanques, y en ocasiones, dependiendo de las fuerzas enemigas, hasta de uno de sus 3 cuerpos blindados. Los comandantes de las unidades eran oficiales jóvenes dotados de gran autonomía. Los grandes obstáculos debían ser rebasados y destruidos por las fuerzas de acompañamiento para que la explotación siguiese su curso.

Cuando el ejército de tanques, o grupo móvil de explotación, (tanto monta), agotaba su impulso en términos logísticos, en un cuarto paso, enviaba por delante elementos del tamaño de una brigada con la misión de buscar cursos de agua y establecer y consolidar cabezas de puente, con el objeto de tener preparados los puntos de partida de la siguiente operación a gran escala (recuérdese el concepto de operación sucesiva), mientras se procedía a reabastecer a las formaciones de la explotación y a la consolidación y despeje de fuerzas enemigas del terreno conquistado.

Para llevar a feliz término estas complejas operaciones se esperaba que los jóvenes comandantes de estas unidades tuviesen la audacia y la flexibilidad deseadas, y así el nuevo manual soviético de 1944, el Ustav, incluía todos los progresos técnicos, de equipo y doctrinales y fijó el modo de llevar a cabo las operaciones, resaltando tres factores clave: la maniobra, la sorpresa y la iniciativa. A modo de ejemplo:

La maniobra es una de las condiciones más importantes para alcanzar el éxito. La maniobra consiste en un movimiento de tropas organizado con el propósito de crear la agrupación más efectiva y en situar esta agrupación en la posición más favorable con el objeto de atacar al enemigo mediante un golpe decisivo que gane tiempo y espacio. La maniobra debe ser simple en su concepción y debe llevarse a cabo de forma secreta, rápida, y de tal manera que se consiga la sorpresa del enemigo […].

Estar preparado para asumir la responsabilidad de una decisión arriesgada y llevarla a cabo hasta el final de forma persistente es la base de la acción de todo comandante en la batalla. Una audacia y una inteligencia osadas deberían caracterizar siempre al comandante y a sus subordinados. No se merece el reproche aquel que en su celo por destruir al enemigo no consigue su objetivo, sino aquel que, temiendo a la responsabilidad, permanece inactivo y no emplea todas sus fuerzas y medios en el momento apropiado para conseguir la victoria.

Al igual que les sucediera a los alemanes, sellar las bolsas no era tarea fácil, aunque se veían favorecidos por las insistencias de los cuarteles generales superiores alemanes de no autorizar retiradas y por el territorio hostil de la retaguardia. A partir de mediados de 1944, los cercos solían atrapar a la mayor parte de los soldados alemanes.

Uno de los problemas que intentaron atajar los planificadores soviéticos y que no consiguieron fue reducir el alto número de bajas de una operación. Las unidades de combate designadas para participar en una operación ofensiva a gran escala descontaban en la planificación unas bajas de entre un 22 y un 25% por ciento. Esto hizo que, al contrario de lo que se cree, el Ejército Rojo tuviese un gran problema de escasez de efectivos, en el que había divisiones de fusileros con apenas 2000 hombres.

Para poder alimentar esta trituradora de carne se emplearon las llamadas Regiones Fortificadas, que ya existían a principios de la guerra como unidades defensivas. Se reorganizaron como unidades con una alta potencia de fuego y un reducido número de efectivos. Su misión, guardar sectores tranquilos del frente, de modo que se pudieran detraer los efectivos necesarios para cubrir las filas de las formaciones encargadas de realizar las grandes rupturas. Este hecho, junto con las medidas de engaño, contribuyó mucho a la percepción alemana de que la superioridad numérica era abrumadora. En realidad había una superioridad numérica, pero solo era abrumadora en el frente estrecho en el que se producía la penetración, mientras que el resto del frente quedaba guarnecido con regiones fortificadas y formaciones imaginarias. 

 

Hugo Álvaro Cañete es Investigador, Asesor y Miembro Fundador del Grupo de Estudios de Historia Militar.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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