El Ártico ruso: Análisis geopolítico de las oportunidades y amenazas del deshielo polar

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Análisis GESI, 5/2018

Resumen: El presente artículo trata de analizar cuál es el tratamiento que Rusia ha venido dando a sus territorios en la región ártica y la situación actual de los mismos, examinando las perspectivas y escenarios geopolíticos previsibles, en función de los fenómenos de diversa naturaleza que cabe esperar de la apertura norte de la misma como consecuencia de un deshielo de la zona provocado por el cambio climático.

 

Introducción 

El pasado 25 de agosto por vez primera, el Christophe de Margerie. buque ruso que transportaba gas natural se convirtió en el primer mercante en navegar a través del Ártico sin la ayuda de un rompehielos, finalizando su viaje de Noruega a Corea del Sur, en un tiempo récord de 19 días, aproximadamente un 30% más rápido que la ruta regular a través del Canal de Suez, y logrando completar la parte más septentrional del viaje entre dos puertos remotos rusos - conocida como la Ruta del Mar del Norte - en un récord de seis días y medio.  (Goldman, 2017).

Tal y como señala Dostri (2017), la disolución de la Unión Soviética fue seguida por un cambio en la región ártica, que evolucionó desde un terreno de lucha militar entre dos superpotencias mundiales, los Estados Unidos y la Unión Soviética, a simbolizar la cooperación y reconciliación mediante la construcción de la estabilidad entre Rusia y Occidente. Con la ascensión de Vladimir Putin al poder, sin embargo, la política de Moscú hacia la región se hizo más beligerante y agresiva, con el objetivo de proyectar el poder militar y político y restaurar la imagen de Rusia como una potencia mundial.

La importancia de la región ártica ha aumentado considerablemente en la pasada década, debido especialmente a los cambios geológicos por el calentamiento global en la región. El deshielo de los casquetes polares ha creado no sólo peligros significativos para los países y ciudades costeras, sino también oportunidades y posibilidades como nuevas rutas comerciales y acceso a los recursos de petróleo y gas, y otros minerales preciosos.

Desde principios del siglo pasado los ejércitos soviético, y posteriormente el ruso, fueron los dueños del Ártico, aunque el papel que se atribuía a la región en la seguridad estratégica del país variaría dependiendo del contexto de la política exterior. Esta situación afectó de manera fundamental los mapas de las zonas litorales del norte de Rusia, donde la ubicación de ciudades, puertos marítimos, líneas de transporte de recursos energéticos y, hasta cierto punto, incluso las rutas de migraciones estacionales de los pueblos indígenas fueron trazadas basadas en un concepto de defensa estratégica. Rusia fue uno de los primeros países del Ártico en formular un documento estratégico para su política nacional, habiéndosele asignado a esta región un lugar especial en la Estrategia de Seguridad Rusa. Sin embargo, si bien después de años de persistente desmilitarización, Moscú siguió viendo este territorio principalmente desde el ángulo de la defensa, debe resaltarse la evolución sufrida por el gobierno ruso. Así, si de los dos documentos aprobados por la Federación Rusa desde principios de siglo pasado, el autorizado el 14 de junio de 2001 bajo la denominación de  "Fundamentos de la Política de la Federación de Rusia en el Ártico” se centraba básicamente en temas militares, siete años más tarde, y al completarse su desarrollo de estrategia en su segundo documento aprobado el 18 de septiembre de 2008, por el entonces presidente Dmitry Medvedev como hoja de ruta para los años 2008-2020, se amplió a la mayoría de los asuntos civiles nacionales.

El 20 de febrero de 2013, el Presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin aprobó la Estrategia de desarrollo de la región del Ártico– un nuevo documento basado en el anterior del 2008-, y que en  la práctica reconoce que Rusia fracasó en la tarea que se llevó a cabo para los años 2008 a 2010 en el documento anterior (centrada en el Ártico ruso como un todo), necesitando identificar objetivos más realistas para el futuro. Este último documento se refiere a dimensiones internacionales, como la intención de Moscú de demarcar las fronteras de la región ártica a través de legislación y la presentación de una nueva petición a las Comisión de Naciones Unidas sobre los Límites de la Plataforma Continental, así como la necesidad de enfatizar la cooperación internacional en áreas como el reconocimiento y explotación de los recursos naturales, la protección del medio ambiente, y la preservación de la cultura de las poblaciones indígenas. Sin embargo, como su predecesor, hace hincapié en la soberanía rusa sobre la región y las rutas marítimas del norte, y la salvaguarda de los intereses nacionales del estado en la misma. Además, Rusia reconoce su falta de recursos y la tecnología necesarios para explotar los recursos naturales de la región rusa del Ártico y su necesidad de inversiones extranjeras y asistencia para el desarrollo (Dostri, 2017).

En consecuencia con dicho interés, Moscú implementó medidas diplomáticas, tal y como refiere Golotyuk (2008),  presentando una demanda ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLCS) de la ONU en diciembre de 2001 (siendo el primer país en hacerlo), con la esperanza de obtener los derechos sobre zonas situadas más allá de su zona de 200 millas inicial, correspondientes a un territorio que supera los 1,2 millones de kilómetros cuadrados - en el Mar de Barents, el Mar de Okhotsk, el Estrecho de Bering y las aguas libres de hielo del Océano Ártico. Rusia considera dichas zonas como sus posesiones soberanas, con base en su investigación de la estructura de la corteza terrestre en la elevación de Mendeleyev en el Océano Ártico, según la cual se ha demostrado la naturaleza continental de muchas secciones del suelo oceánico, que antes se atribuían al tipo sub-oceánico. Sin embargo, la CLCS requirió pruebas geológicas y geofísicas más convincentes de que las crestas sumergidas de Mendeleyev y Lomonosov fueran extensiones de la plataforma continental de Rusia.

El 4 de agosto de 2015 Rusia presentó nuevamente una reclamación revisada ante la CLCS, aportando esta vez datos científicos de que este territorio, que incluye las cordilleras Lomonosov Ridge y Mendeleev-Alfa Auge, así como la meseta Chukchi,  pertenecen a elevaciones submarinas componentes naturales del margen continental en virtud del artículo 76 de la Convención de 1982 de la ONU sobre el Derecho del Mar. Sin embargo, esta plataforma continental, que se prevé rica en recursos, también es reivindicada por otros cuatro países ribereños como Noruega, Dinamarca, Canadá y Estados Unidos.

Por su parte, el hecho de que Moscú proporcionara al CLSC materiales cartográficos reunidos por la Armada en el Ártico a los efectos  de desplegar el “Bastión Estratégico del Norte” a principios de los 90, puede considerarse único. Los estudios llevados a cabo sobre la medición de las profundidades, las corrientes marinas y el espesor del hielo para nuevas rutas potenciales donde los submarinos nucleares estratégicos pudieran conducir patrullajes de combate, permitieron completar un mapa detallado de las zonas submarinas del Ártico ya en dicha fecha, del que ningún otro país podía presumir. Su vocación de compartirlo, cabe preguntarse, si más allá del interés de Rusia por obtener un fallo positivo de la Comisión, puede proceder de un reconocimiento sincero, en su propio beneficio, de implementar las medidas acordes a la necesidad de cooperación internacional que recoge su última Estrategia, y que fueron objeto de debate y exposición en el Congreso internacional “El Ártico: una región de cooperación y desarrollo (The Artic: Territory of Dialogue), organizado los días 2 y 3 de diciembre de 2013, por el Consejo Ruso de Asuntos Internacionales y el Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia Rusa de Ciencias, con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.

Dicho Congreso, celebrado en el marco del proyecto a largo plazo del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales “Hoja de ruta para la colaboración internacional en el Ártico”, tuvo como misión principal la formación de un foro permanente que permitiera a los representantes de la comunidad de expertos y a todos los interesados, sistematizar su experiencia acumulada en la colaboración internacional en la región del Ártico, elaborando propuestas que llevaran a un desarrollo eficaz del mismo y un empleo responsable de sus recursos, facilitando estrategias en común, aunque dejando claro, la soberanía rusa sobre la región y las rutas marítimas del norte, con el fin de salvaguardar los intereses nacionales del estado en la región.

 

Protección de las fronteras

Los cambios relacionados con la desintegración de la Unión Soviética y el establecimiento de relaciones de asociación con los EEUU fueron mucho más evidentes en las afueras del norte del antiguo imperio que en cualquier otro lugar de Rusia. A medida que las Fuerzas Armadas comenzaron a abandonar las costas del Ártico, su retirada hacia el sur llevó a regiones enteras al borde de la extinción, al desaparecer el apoyo vital que de manera natural venían prestando a las distintas poblaciones de la zona. Además, la situación vino a poner de manifiesto que las defensas fronterizas típicas estaban prácticamente ausentes allí, ya que la región tenía tantos puestos militares que un control adicional de los servicios fronterizos parecía innecesario. Por ello la retirada del ejército ruso del Norte colocó al país, con la frontera más larga del mundo en el Ártico, extendida por más de 17.500 kilómetros (un tercio de toda la longitud de las fronteras nacionales), en peligro de perder el control de la zona, debido a las actividades de incursión de sus países vecinos quienes percibiendo su debilidad comenzaron a ignorar la frontera de sus territorios árticos (Golotyuk, 2008).

A mitad de la década de 1990, parecía claro que Rusia podría perder todo el Ártico en sí, más allá de ser una zona sin control, pero con la ascensión de Putin al poder la Federación Rusa pasó a considerar el Ártico como una región de prioridad nacional como parte de sus esfuerzos de restaurar el status de Rusia como potencia mundial y el papel histórico asociado al imperio zarista y el poder soviético durante la Guerra Fría (Dostri, 2017). De acuerdo con ello, Moscú pasó a atribuir nuevamente una gran importancia al desarrollo y mejora de las capacidades militares de la marina de guerra y la fuerza aérea rusas. Desde 2011, Rusia ha puesto en marcha un plan para modernizar la flota rusa, y desde 2013 ha venido realizando importantes ejercicios militares en la zona que han llegado a incluir el lanzamiento de misiles balísticos en la misma.

En el marco del establecimiento de una planificación para el desarrollo de infraestructura fronteriza en la región, Rusia ha dotado al nuevo comando del Ártico que creó en diciembre de 2014 de una agenda ambiciosa, incluyendo seis nuevas bases, cuatro nuevas brigadas, 14 aeródromos, 16 puertos de aguas profundas y 50 rompehielos. Gran parte de esta infraestructura está siendo resucitada de los días de la Guerra Fría, pero algunos - como el Trefoil Ártico y la base naval Northern Shamrock en Kotelny Island en Siberia Oriental - son completamente nuevos, además del enorme esfuerzo que se dedica también a la adaptación de armas y equipo para su uso en el clima prohibitivo en el que tendrán que operar. Las nuevas brigadas árticas están equipadas con todo, desde trineos de reno y motos de nieve hasta el vehículo de vía articulada DT-30P Vityaz. Además, se han desplegado dos sistemas de defensa aérea de largo alcance S-400 en el Ártico, a Novaya Zemlya en el oeste ya la ciudad de Tiksi en el este, que están protegidos por sistemas de superficie aire Pantsir-SA de corto alcance, y las bases costeras también están protegidas por los misiles supersónicos antibalísticos P-800 Oniks. Para el 2025, el Ártico será patrullado por un escuadrón de bombarderos Stealth PAK DA de próxima generación (Hedlum, 2017).

Por otra parte, la Flota del Norte ha sufrido un reforzamiento importante convirtiéndola en la más fuerte de las cuatro de que dispone el ejército ruso, habiendo sido dotada con la mayor parte de submarinos de que dispone el mismo, incluyendo algunos capaces de portar misiles balísticos y armados con misiles de crucero; el portaaviones más grande de Rusia, el Adpatrol Miral Kuznetsov, y su mayor crucero de batalla, el Pyotr Velikiy, con sede en la Península de Kola, cuyas bases estratégicas tienen como objetivo principal proteger las reservas  nucleares estratégicas del país, ya que la constatación del Kremlin de la relativa debilidad de sus fuerzas convencionales le ha llevado a dar un mayor énfasis en dicho componente nuclear, en caso de acontecimientos adversos en una confrontación convencional. Además de esta misión de la defensa de las fuerzas estratégicas de la flota rusa, fueron definidas por el Ministro de Defensa como misiones de la Flota Norte: la defensa de los intereses económicos de las regiones septentrionales de Rusia, la defensa de la seguridad del transporte marítimo, y la persecución de los intereses de la política exterior (Dostri, 2017).

Finalmente cabe decir que Rusia ha establecido un Comando Estratégico Conjunto en el Ártico con el objetivo de coordinar las operaciones entre todas las fuerzas militares rusas operativas en la región. De este modo, cabe considerar que las nuevas bases de Rusia en el Ártico además protegen su armamento estratégico y enfrentan a los flancos de la OTAN, garantizando su control sobre una Ruta del Mar del Norte, que se espera cada vez más transitable debido al fenómeno del deshielo progresivo como consecuencia del cambio climático (Hedlum, 2017).

Pese a que los Estados Unidos, a través de las declaraciones escritas de  su Secretario de Defensa James Mattis han calificado los movimientos rusos como "pasos agresivos", comprometiéndose a priorizar el desarrollo de una contraestrategia estadounidense, y que la preocupación en la vecina Noruega también está aumentando, como muestra la insistencia del gobierno noruego en que la OTAN, (a pesar de las fuerzas del Cuerpo de Marines que el Gobierno de Estados Unidos ya ha posicionado en su territorio por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial), debe hacer más para contrarrestar la asertividad rusa, no parece que por parte de Rusia haya un interés manifiesto en adoptar una política de agresión o una confrontación directa que pudiese desembocar en un conflicto bélico convencional con sus vecinos y por ende con la OTAN, ni en la costa oriental colindante con Alaska, sino que más bien ha utilizado el espacio aéreo, o los ejercicios militares en la región con el propósito de disuasión mutua, y el envío de mensajes a los países de la región del mantenimiento de las capacidades de la fuerza militar rusa. Prueba de ello, es, tal y como nos indica Dostri (2017), que las salidas rusas aéreas cercanas a los países de la costa del Ártico que se han realizado tanto en maniobras, como en interceptaciones aisladas llevadas a cabo por los distintos gobiernos de los países adyacentes, durante 2013 hasta la fecha, fueron típicamente vuelos adyacentes a la costa y permanecieron en el espacio aéreo internacional, sin entrar en el espacio aéreo de Canadá, los Estados Unidos o Suecia entre otros, sin olvidar mencionar que la mayoría de las fotografías tomadas durante las interceptaciones de la estrategia de los bombarderos rusos por aviones estadounidenses y canadienses indican que éstos volaban a una altitud que no permitía el ocultamiento de su identidad o actividad, y que no iban armados, además de dejarse escoltar en ocasiones por aviones de combate del país cuya soberanía había sido invadido, convirtiéndolos en blancos fáciles para su intercepción en caso de haberlo deseado. Ello, sin obviar que el número de vuelos rusos adyacente a las islas del Ártico de Norteamérica, al este y al oeste, costas del Pacífico norte y el Atlántico ha sido menor que el número de los vuelos efectuados por las fuerzas de la OTAN próximas a la región del Ártico ruso o a las fronteras de Rusia en Europa.

No debe menospreciarse por otro lado, la proximidad de la ubicación de las bases de la Flota Norte al territorio de la OTAN en Noruega, y la vulnerabilidad que para el ejército ruso supondría, dado ese carácter estratégico mencionado, el mismo pensamiento de que Finlandia y Suecia se unieran a la OTAN en caso de un hipotético conflicto, lo que debe ser un motivo de al menos ponderación para Moscú, quién puede suponer que sin duda eso sería así. Es de esperar por tanto, que cualquier medida adoptada por la OTAN para aumentar su presencia cerca de la Península de Kola se vería enfrentada a una grave escalada por parte de Rusia (Hedlum, 2017).

Otra manifestación de actuaciones tendentes a la acción disuasoria, en un territorio no tan lejano, lo constituyen las maniobras navales conjuntas celebradas por Rusia y China en el Mar Báltico el 21 de julio de 2017, en las que participaron una decena de buques, entre ellos, un moderno destructor construido por Pekín y para lo que se eligió el enclave de Kaliningrado (la antigua Prusia Oriental alemana, incorporada a la URSS tras la Segunda Guerra Mundial), que constituye el territorio más occidental de Rusia, enquistado entre dos Estados de la OTAN (Polonia y Lituania), interpretada como una señal dirigida a los miembros de la Alianza ante la creciente actividad militar de la misma en el Báltico, y una demostración de que Estados Unidos y la OTAN “no tienen la hegemonía en este territorio”. En la misma línea, hay además que mencionar los ejercicios militares Rusia-Bielorusia Zapad-2017, programados para septiembre de dicho año, si bien ambos casos no afectan de forma directa a la región ártica.

Por otro lado, frente a la estrategia de Rusia perfectamente definida en la Región, la OTAN, se encuentra profundamente dividida y aparentemente pérdida en la pluralidad de ideas y decisiones que adoptar. Algunos de sus estados miembros, querrían participar en la exploración rusa, pero se encuentran con el impedimento de las sanciones. A Canadá se le atribuye un papel más amplio en el Ártico, lo que considera como algo tremendamente incómodo, en lo que al posicionamiento encontrado con Rusia se refiere. Por tanto, aún a pesar de considerar agresivos los movimientos de Rusia, es difícil ver una estrategia que pueda emerger para contrarrestar la militarización rusa.

Por último, y en lo que respecta a la protección de fronteras, y a la aseguración del territorio, no podemos cerrar este apartado sin hacer referencia a los cambios geopolíticos que serían de esperar de un proceso de deshielo que desbloqueará durante una parte del año las fronteras norte del país, permitiendo como reseña Gómez de Ágreda (2014) una apertura de las rutas de navegación polares, particularmente la ruta Noroeste que corre a lo largo de las costas árticas rusas y las cuencas de sus correspondientes vías fluviales, que obligará a redibujar toda la concepción de las tesis de Mackinder, y  su Teoría del Heartland, o “Tierra corazón” que tanta influencia han tenido en la mayor parte de los pensadores y decisores políticos relevantes del último siglo (modeladores de la estrategia occidental y estadounidense), desde Spykman y Huntington hasta Brzezinsky, con su idea política de contención, y que sin embargo, y dado el nuevo fenómeno y las inercias que se pondrán en marcha como consecuencia deberán ser reformuladas con base a las nuevas premisas.

El enfoque de Mackinder sobre geoestrategia enfatiza el carácter continental del Heartland y su fortaleza y su debilidad, señalando que al estar fuera del alcance directo de las potencias navales, quien ocupara la zona que en su mayoría constituye Rusia en los tiempos modernos estaría relativamente a salvo de la invasión. Si bien, las líneas de comunicación, dependiendo de las rutas terrestres, no serían tan eficientes como los carriles marítimos, si que serían difíciles de interceptar. Por tanto, su planteamiento de que el pivot o eje de la “Tierra Corazón” era “prácticamente inexpugnable frente a ataques de potencias marítimas, aunque capaz de sostener una gran población propia”, por estar aislado por los hielos eternos del Norte, haciendo llegar las consecuencias de su dominio de la “Tierra Corazón” hasta el resto del mundo, quedará huérfano de sustento al no ser ya la costa norte inexpugnable, y la Rusia actual dejará de beneficiarse de la profundidad estratégica que le permitió resistir a Napoleón o Hitler desde el momento en que su flanco norte está abierto (Gómez de Ágreda, 2016).

Por otro lado, y en esta misma línea, como consecuencia del deshielo, Rusia tendrá acceso a los puertos abiertos que ha deseado durante tanto tiempo, y además es de prever que la apertura de la Ruta del Noreste, reduzca considerablemente la criticidad del Estrecho de Malaca y el Mar Meridional de China, proporcionando una ruta alternativa y más corta para determinados productos, a los mercados de Europa occidental (Gómez de Ágreda, 2014). En ese sentido, gran parte de la tensión y el interés dedicado a la Cadena de Perlas y la ruta del Sur, es probable que se transfiera a la del Norte. Por tanto, es plausible que presenciemos una carrera para acceder a las instalaciones portuarias a lo largo de la costa de Siberia similar a la que se ha producido en el Océano Índico, lo que dará lugar a disputas más allá del Círculo Polar Ártico que requerirán de una fuerza en condiciones que ejerza cuando menos un carácter disuasorio frente a posibles acciones ofensivas de terceros estados.

Fuente: https://www.gisreportsonline.com. What Russia gains from militarizing the Arctic. Hedlum, Stefan (07 August 2017).

 

Apertura de la navegabilidad de la ruta del noreste

De acuerdo con lo expuesto por Cintia Bosch (2012), tradicionalmente la navegación por el Ártico se limitaba al aprovisionamiento de las comunidades locales durante la estación de verano debido al gran reto del hielo, ya que de Octubre a Junio el Océano Ártico permanece en su mayor parte cubierto de éste, imposibilitando la navegación para todo buque que no sea un rompehielos. Sin embargo, en los últimos años el retroceso del hielo en el Ártico debido al cambio climático ha alargado de modo considerable la estación navegable. Este hecho, unido a los avances en tecnología naval, hace que el tráfico marítimo en el Ártico sea cada vez más frecuente.

En el Ártico ruso, el Paso del Noreste o Ruta del Mar del Norte se ha convertido en el foco de navegación por el Ártico entre el Atlántico y el Pacífico a lo largo de las costas rusas de Siberia y Extremo Oriente, transcurriendo en gran medida por aguas árticas y sólo algunas zonas quedan libres de hielo entre 70 y 120 días al año, siendo los meses de agosto y septiembre los más aptos para la navegación. Atraviesa los Mares de Noruega y Groenlandia, el Mar de Barents entre las islas de Novaya Zemlya y Tierra del Norte, el Mar de Kara al este de la isla de Novaya Zemlya y los Mares de Laptev y de Siberia Oriental separados por el archipiélago de Nueva Siberia.

El tráfico en el Paso del Noreste tuvo su pico en 1987, con casi 7 millones de toneladas transportadas por esta ruta (Mulherin, 1996), pero la caída de la Unión Soviética supuso también un descenso del tráfico por el Paso del Noreste, encontrando hoy en día tres  tipos diferentes de cargas por el Ártico ruso: exportación de minerales, exportación de hidrocarburos de los mares de Barents y Kara e importación de productos alimentarios, combustible, materiales de la construcción y otras provisiones para las poblaciones del Ártico. Otros movimientos tradicionales de carga, como la exportación de madera y carbón de Siberia, han desaparecido o disminuido mucho. Por lo que respecta al tráfico en tránsito, se observa tránsito de buques oceanográficos, buques militares e incluso yates, pero desde que se abrió la ruta al tráfico internacional en 1991, no existe tránsito de buques comerciales no rusos.

Aunque esta ruta de navegación se abrió oficialmente para el transporte internacional a principios de los años noventa, las líneas marítimas extranjeras habían estado declinando su utilización, ya que los riesgos eran demasiado altos y las compañías de seguros se negaban a ofrecer cobertura para las operaciones allí. El mantenimiento de la navegación segura a lo largo de la Ruta del Mar del Norte ha requerido enmiendas especiales a la legislación rusa. En el 2001 el gobierno, el parlamento y la administración del Kremlin enviaron urgentemente un proyecto de ley sobre el "aprovisionamiento navegacional e hidrográfico" en los mares árticos, desde el Ministerio de Defensa hasta el Ministerio de Transporte, si bien esta decisión no tuvo unos frutos visibles debido a la escasez de recursos económicos que impidieron su implementación.

A nivel gubernamental, Moscú reconoce su responsabilidad por la navegación segura. En los últimos años ha insistido en varias ocasiones en que, de conformidad con el Convenio Internacional para la Salvaguarda de la Vida Humana en el Mar (SOLAS) de 1974 y la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los países signatarios son los únicos responsables de la seguridad de la navegación en sus aguas territoriales, y Rusia es naturalmente la parte responsable en el caso de la Ruta del Mar del Norte.

A pesar de estas restricciones, sin embargo, el cambio climático tendrá  implicaciones para la navegación por el Ártico. Con el calentamiento global, la reducción de la extensión del hielo y de su grosor, incrementará la duración estacional de la navegación polar en ríos y zonas costeras que en la actualidad se ven afectadas por la presencia de una capa de hielo estacional. La mayor accesibilidad conducirá progresivamente a un creciente uso de las vías marítimas del Ártico, pudiendo convertirse con los años en una ruta de tránsito para la navegación comercial internacional.

La principal ventaja que ofrecen las rutas árticas respecto a las tradicionales por Suez o Panamá será el acortamiento de distancias, lo que puede derivar en un ahorro de tiempo y combustible. En algunos casos, la restricción de calado por Suez o Panamá también podría ser un factor determinante a la hora de elegir la ruta, no debiendo olvidar el coste del tránsito por dichos canales, derivado de la amenaza de la piratería que azota a las  rutas índicas, y que ha obligado a las compañías navieras que toman la ruta del sur a invertir fuertemente en seguridad. Algunos inconvenientes provendrán de la falta de puertos e infraestructuras en algunas zonas del Ártico, restricciones de calado en algunos puntos del Paso del Noreste, conflictos geopolíticos no resueltos sobre delimitación de fronteras y jurisdicción en espacios marítimos, y por supuesto, la peligrosidad de la navegación entre hielos.

Asimismo y paralelamente a la apertura de la ruta marítima, se producirá la ampliación de la duración estacional de la navegación polar en ríos y zonas costeras del litoral ártico. Dejando al margen el Volga, que va a desembocar en el Caspio, los otros grandes ríos rusos, el Obi, el Yeniséi, el Lena, y el Kolima en menor medida, fluyen hacia el norte y sus cuencas cubren buena parte de la rica región siberiana, abundantemente dotada de recursos, algunos de los cuales ya se encuentran disponibles pero cuya explotación no era viable por falta de infraestructuras adecuadas para su proceso y su transporte. Sin embargo, tal y como observa Gómez de Ágreda (2014), el impacto que pueda tener el deshielo ártico sobre las regiones regadas por los grandes ríos siberianos tendrá mucho que ver con el desarrollo general de la región y la utilización de su zona costera como uno de los ejes principales del comercio mundial. La red de comunicaciones fluviales y marítimas que potencialmente puede abrirse para Rusia podría convertir su territorio asiático en un polo de atracción para inversores y trabajadores. El estado actual de las infraestructuras obligaría a, más que permitiría, que estas inversiones tuviesen lugar en un amplio espectro de campos, no sólo relacionados con la propia industria extractiva, sino también con la relacionada con el resto de las actividades y que implica la creación ex novo de multitud de comunidades y vías de transporte. Por otro lado, el aprovechamiento de las cuencas fluviales siberianas para el desarrollo urbano e industrial de estas vastas extensiones podría alterar dramáticamente el paisaje siberiano, así como el carácter de la sociedad orientándola más hacia el comercio.

Un fenómeno que no debe tampoco ser obviado es el paralelismo que cabe esperar con el denominado “Collar de Perlas” chino, con futuras rutas marítimas a lo largo de las costas árticas. El conjunto de instalaciones portuarias de carácter inicialmente logístico, cuyos máximos exponentes se encuentran en los puertos de aguas profundas de Gwadar, en Pakistán, y de Kyaoukpyu, en Myanmar, presentan la peculiaridad que les confiere un carácter particularmente estratégico, de que no sólo están situados en tramos clave del tráfico marítimo mundial, especialmente de transporte de hidrocarburos, sino que son o tienen previsto ser terminales de importantes oleoductos o gasoductos y vías de comunicación hacia el interior del continente. Es de prever, en un análisis comparado, que aquellos puertos, vías de comunicación o terminales de la costa ártica que puedan facilitar el acceso a, o desde el interior del continente, cobrarán una particular importancia; tanto mayor cuando más trascendentales y críticos sean los recursos o los mercados a los que comuniquen. A la importancia de las vías de comunicación costeras habrá que añadir la de aquellas que conecten las mismas con regiones del interior del continente euroasiático que, hasta el momento, apenas si han dispuesto de acceso a los mercados internacionales (Gómez de Ágreda, 2014).

Por último, hay que añadir que si bien la eventualidad de la apertura de amplias regiones siberianas al comercio mundial, puede ser indudablemente positivo para la región como entidad geográfica, podría no ser así para la nación en su conjunto que actualmente ejerce soberanía sobre esos territorios, y la apertura de las vías marítimas de comunicaciones a lo largo de la ruta del Norte probablemente señalará el punto de partida de un importante movimiento migratorio de éxodo y de colonización de ciudadanos, tanto propios como de terceros países. Si bien hasta ahora los continuos requerimientos del Gobierno, no han tenido resultado, considerando además la disminución demográfica del 10% de nuestros días con respecto a la época del desmembramiento de la Unión Soviética, es de prever que la apertura de los cauces de los ríos, y la promesa de nuevas oportunidades constituirán un importante “canto de sirenas” de alto poder persuasivo. Los problemas que actualmente tiene que afrontar el gobierno ruso en relación con la inmigración laboral ilegal de las demás repúblicas soviéticas, al ser destino preferente de la población de esos países debido a la inexistencia de barreras lingüísticas y a la existencia un tráfico físico y financiero con los países de origen bien organizado pueden verse enormemente agravados con esta llamada, además de una más que previsible “colonización amarilla” procedente fundamentalmente de China debido a la proximidad geográfica y a la diferencia demográfica extrema.

 

Explotación de las reservas

Rusia considera que la costa del Ártico es una importante fuente de recursos naturales, una zona pesquera importante y un futuro facilitador del crecimiento de los ingresos mediante un uso exhaustivo del petróleo y otros recursos, como los ingresos fiscales producidos por las tasas de pasaje para el transporte marítimo a lo largo de la ruta del Mar del Norte y la provisión de infraestructura y servicios prevista.

Según las evaluaciones del Servicio Geológico de los Estados Unidos, la Región ártica contiene depósitos de gas equivalentes a 412 mil millones de barriles, constituyendo el 22 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y gas restantes, conteniendo además importantes reservas de piedras preciosas y metales, como oro, plata, cobre, hierro, plomo, magnesio, níquel, platino y diamantes. Así, las aspiraciones económicas de Rusia están llegando a depender cada vez más de los recursos minerales y naturales de la región que irán haciéndose accesibles conforme el hielo en la Región del Ártico se vaya retirando, aunque goza ya de ventajas económicas en la región ártica, ya que el 20 % de su PIB y sus exportaciones se producen al norte del Círculo Ártico. Actualmente, la región rusa del Ártico produce la mayor parte de los recursos petroleros (95 y 70 por ciento, respectivamente), y los geólogos rusos han descubierto aproximadamente 200 depósitos de gas y petróleo en la Región ártica. Los grandes yacimientos situados en los mares de Barents y Kara tienen ya previsto un desarrollo futuro. Además, la región rusa del Ártico es también actualmente el lugar de procedencia del 99 por ciento de toda la producción de diamantes en la Federación, el 98 por ciento de toda la producción de platino, más del 80 por ciento de toda la producción de níquel, y el 90 por ciento de toda la producción de magnesio (Dostri, 2017).

En este sentido, cuando se habla de las nuevas oportunidades en la región ártica a medida que el hielo retrocede, el tema más recurrente es la lucha por los recursos, situándose la energía entre los primeros, si no el principal recurso que va a desencadenar una competencia en el Norte. Sin embargo, es probable que a pesar de todas las expectativas que han despertado estos yacimientos no lleguen a formalizarse, al menos en todo su potencial. La aparición de nuevas tecnologías extractivas (o la aplicación práctica de viejos conocimientos, como es el caso del fracking) modifican el equilibrio existente anteriormente y revierten, en cierta manera, la tendencia de los precios de los hidrocarburos. A medio plazo, las mismas circunstancias medioambientales que permitan acceder a combustibles fósiles en los fondos árticos podrían desaconsejar su utilización o convertir su explotación en mucho menos rentable de lo que sería en la actualidad (Gómez de Ágreda, 2014). Paralelamente, el cambio de los combustibles fósiles a otros más rápidos observado, provocará que las naciones más avanzadas reduzcan su uso de productos derivados de la gasolina aunque en principio no afecte a países en desarrollo recientemente industrializados, y que han gastado sus recursos en fábricas pronto obsoletas, o que están en la parte inferior de la lista de investigación y desarrollo.

En esa misma línea, el Informe de Tendencias de Inversión Mundial en Energía para 2016 de la International Energy Agency (IEA) nos indica cómo aunque el petróleo y el gas siguen representando dos quintos de la inversión global en el suministro de energía, (a pesar de una caída del 38% en el gasto de capital en ese sector entre 2014 y 2016, y de que la participación de las inversiones energéticas de bajo nivel de carbono, creció seis puntos porcentuales hasta el 43% en el mismo período), por primera vez el sector eléctrico avanzó por delante del sector de petróleo y gas en 2016 para convertirse en el mayor receptor de inversiones en energía. However oil and gas still represent two-fifths of global energy supply investment, despite a fall of 38% in capital spending in that sector between 2014 and 2016. As a result, the share of low-carbon supply-side energy investments, including electricity networks, grew by six percentage points to 43% over the same period.Asimismo, evidencia que China sigue siendo el destino más grande de la inversión en energía, tomando el 21% del total mundial, aunque la composición de las inversiones en China ha estado cambiando. 2016 saw a 25% decline in commissioning of new coal-fired power plants. En 2016 se produjo un descenso del 25% en la puesta en marcha de nuevas centrales eléctricas a carbón, de modo que hoyToday, energy investment in China is increasingly driven by low-carbon electricity supply and networks, and energy efficiency. en día, la inversión en energía en China está cada vez más impulsada por la oferta y las redes de bajo consumo de carbono y la eficiencia energética.

Las industrias del petróleo y el gas están llevando a cabo una transformación importante en su forma de operar, con un mayor enfoque en las actividades que ofrecen reembolsos en un período más corto. Así, la inversión en eficiencia energética nuevamente se expandió, a pesar de los persistentemente bajos precios de la energía, llegando a 231 mil millones de dólares en 2016. Mientras Europa gastó más eficiencia energética en 2016, el crecimiento más rápido se produjo en China, donde el fortalecimiento de las políticas de eficiencia energética está ayudando a reducir la intensidad de la economía, junto con cambios estructurales. A nivel mundial, la mayor parte de la inversión - 133 mil millones de dólares- se destinó al sector de edificios que representa un tercio de la demanda total de energía.

Fuente: Tendencia regionales de la inversión. INTERNATIONAL ENERGY AGENCY-IEA (2017), World Energy Investment 2017, July 11, https://www.iea.org/publications/wei2017/.

Hay que decir, que pese a todo, China es el país de mayor población del mundo, cuarto en superficie de­trás de Rusia, Canadá y Estados Unidos, con más de 9 millones de ki­lómetros cuadrados. Sin embargo, respecto de los hidrocarburos, es un pequeño país a escala mundial. Se trata, por otra parte, del mayor consumidor y productor mundial de carbón, consumiendo más que Estados Unidos, Japón y Europa juntos, con una proyección de alcanzar el 50% de la demanda mundial en 2035. Es, además, el segundo consumidor mundial de pe­tróleo por detrás de EEUU, y es el mayor consumidor de gas natural de la región Asia-Pacífico. De ahí su avidez energética que trata de complementar con inversiones en Cuba, Irán, Iraq, Myanmar, Kazajis­tán, Nigeria, Venezuela y Argentina, y con acuerdos estratégicos con Ru­sia y otros países. Con Rusia, por ejemplo, firmó en mayo de 2014 un acuerdo a treinta años, para suministro de gas, cercano a los 400.000 millones de dólares que desequilibra otras acciones geopolí­ticas en relación con la propia Rusia (Oriel, 2015).

El hecho de que las aspiraciones económicas de Rusia dependan cada vez más de los recursos minerales y naturales de la región que vayan haciéndose accesibles, y teniendo en cuenta la idiosincrasia de su propia economía, hacen que la misma tenga todas las posibilidades de ver agravada  la “maldición de los recursos” que padece desde hace tiempo en nivel incipiente. Dicho fenómeno, producido cuando las economías de los países ricos en recursos naturales se desarrollan más lentamente que las de los países pobres en recursos, se encuentra vinculado a los ingresos de la renta de recursos, que son demasiado fáciles de obtener y se gastan demasiado irracionalmente. Según la creencia común, estos ingresos son, en primer lugar, creados por la industria petrolera, que puede generar grandes ingresos de alquiler, y es además la industria más fácil para imponer impuestos, al crear las elevadas inversiones iniciales las bases para la dominación de la propiedad estatal en la industria, básica para la creación de un estado rentista. La industria del gas natural genera ingresos de rentas ligeramente más bajos, y la extracción de metales produce incluso menos. Existe una jerarquía alternativa de recursos naturales basada en su capacidad para crear la maldición de los recursos. Boschini, Pettersson y Roine (2007) afirman que los recursos minerales son especialmente susceptibles a esto. No sólo crean un alto valor, sino que también son fáciles de almacenar y transportar, se venden fácilmente y su control ofrece la oportunidad de acumular beneficios ilegales con poco esfuerzo. Con este enfoque, el petróleo ocupa el tercer lugar, muy por detrás de los diamantes y los metales no ferrosos.

Cabría por tanto hablar de la "enfermedad holandesa" que aqueja a Rusia, como mecanismo implicado en la transición de un estado de abundancia de recursos a una maldición de recursos, producido el fortalecimiento de una moneda nacional por la exportación de recursos a precios altos, disminuyendo la rentabilidad y la competitividad de otras industrias, y los altos precios de los productos primarios que hacen que invertir en el sector de transformación no sea rentable comparativamente al sector extractivo (Chirkova, 2017), y que en este caso podría considerarse que tuvo su origen en la economía soviética, durante el auge de las materias primas, cuando los recursos se trasladaron al sector del petróleo y del gas, mientras que la industria disminuyó y la agricultura se estancó con la anuencia de las autoridades (Ermolaev, 2017). 

 

Fuente: Disputas en el Ártico. Cintia Boch Lozano (2012) "Régimen jurídico de la navegación en aguas polares. Especial referencia al "Código Polar", Septiembre 2012, NAVEGACIÓN. Fuente original: www.arctic-council.org, 2010.

 

Conclusiones

La importancia de la región ártica ha aumentado considerablemente en la pasada década, debido especialmente a los cambios geológicos por el calentamiento global en la región. La previsión del deshielo de los casquetes polares ha creado nuevos peligros para los países y ciudades costeras, pero también oportunidades y posibilidades como nuevas rutas comerciales y acceso a los recursos de petróleo y gas, y otros minerales preciosos.

De cómo sea capaz Rusia de manejar las cartas de su baraja en las sucesivas partidas a jugar, y las decisiones políticas y económicas que adopte en el cada vez más cambiante “tapete de juego” de la geopolítica mundial, dependerá la obtención de los múltiples beneficios u oportunidades que se mencionan en el presente artículo, o la pérdida del poder y del territorio, quedando reducido a un mero espectador de la actividad en sus dominios, sujeto a la maldición de los recursos, y sin capacidad de movimiento debido al estancamiento y colapso de su economía.

Desde el punto de vista de la seguridad y la defensa, Rusia habrá perdido con el deshielo de la región la ventaja estratégica que le concedía la inexpugnabilidad de los hielos perpetuos, y que constituyó el fundamento de las tesis de Sir John Mackinder sobre la que se han basado las grandes estrategias geopolíticas del pasado siglo. Además, Rusia ha dotado a la Península de Kola de un carácter estratégico al situar la base de su estrategia defensiva basada en capacidades nucleares en la misma, paralelamente a la realización de una estrategia conjunta de rearme y mejora de sus capacidades militares donde las nuevas bases en el Ártico y su despliegue de sistemas A2AD, enfrentan además a los flancos de la OTAN, garantizando su control sobre la Ruta del Mar del Norte a pesar de los crecientes problemas económicos y el importante esfuerzo que le supone.

Si bien no es previsible que Rusia vaya a embarcarse en una confrontación directa con los países de la OTAN, dado que una escalada de tensión y el empleo de las diversas medidas de exhibición militar no podrían ser llevadas hasta su último extremo, por mor de la imposibilidad de ambas parte de permitir que un conflicto armado escalara hasta sus últimas consecuencias (dadas las previsiblemente nefastas consecuencias que se podrían derivar de un conflicto bélico de tal envergadura), sin embargo y considerando la importancia estratégica que se ha concedido a la península de Kola, sí que sería de prever una grave escalada de la violencia por parte de Rusia, en caso de considerar afectada su zona de seguridad. No puede descartarse tampoco, como destaca Samuel Morales (2015), el desarrollo por la misma de acciones de guerra no lineal sobre los países limítrofes afectados, cuyo dominio ha dejado claro en los últimos tiempos. No debe olvidarse la elevada tolerancia al riesgo que ha presentado Rusia con el conflicto de Ucrania entre otros, y su tendencia al “juego de la gallina”, confiando seguramente en una disuasión por represalia teniendo en cuenta su capacidad nuclear y armamentística hacia los países occidentales, y en la confianza de que las sanciones económicas no podrían ser mucho más gravosas de lo que ya lo son. Por tanto, y en un futuro inmediato, parece que el riesgo de fricción más importante lo constituyen concretamente Noruega, y la parte nórdica del Ártico en general, ya que ni Estados Unidos ni Canadá, que enfrentan igualmente la parte ártica que quedaría expuesta parecen suponer un riesgo inmediato intencionado por su parte por el momento, además de la carencia de una infraestructura necesaria. En iguales términos cabe pronunciarse en el caso de la OTAN, debido a la carencia de una estrategia definida operativa sobre el Ártico en su conjunto, que de manera incidental pudiera suponer un riesgo frente a la situación rusa.  

Otra cuestión sutil que no debe perderse de vista con relación a la propia estructura interna de la OTAN y los lazos existentes entre los países miembros, es que en la línea de tendencia existente al regreso del Estado-nación a la posición central del sistema-mundo, y a la renacionalización, la OTAN es cada vez más una pluralidad de relaciones bilaterales o multilaterales entre los países miembros que actúan según sus propios intereses, que la organización destinada a la protección de los intereses mutuos que dio origen a su nacimiento. Habrá que ver cómo soporta ésta en su seno la aprobación por parte de EEUU del proyecto de ley para alargar la lista de sanciones a Rusia, y que prevé su aplicación a personas (o países) que decidan invertir más de cinco millones de dólares anualmente o más de un millón de dólares en forma de un solo paquete en la construcción de gasoductos destinados a la exportaciones, y que hace peligrar la viabilidad de los proyectos de los gaseoductos Nord Stream 2 y Turk Stream, en el que no sólo se vería afectada la seguridad energética de Alemania y el resto de países europeos que se abastecen a través de ella a día de hoy, sino que además perjudica de manera directa a los gigantes energéticos europeos ENGIE, OMV, Shell Uniper y Winterstall que firmaron a finales de abril de 2017 sendos acuerdos con la compañía rusa Grazpom para la financiación del 50% de la infraestructura.  A ello hay que añadir la legitimidad de que dispondrá Estados Unidos para la aplicación de dichas sanciones tras la reciente compra de gas licuado ruso a través de una empresa francesa, acuciado por los efectos de la fuerte ola invernal que azotó la costa este de EE.UU (Soric, 2018).

Por otra parte, la apertura de la navegabilidad de la ruta del Norte de modo continuado, y la posibilidad de explotación de recursos materiales hasta ahora vírgenes por su inaccesibilidad de alcance o su incapacidad de explotación o transporte debido a la falta de infraestructuras, traerá consigo múltiples cambios geopolíticos, sociales, económicos y físicos a los actuales territorios siberianos. Las ventajas mencionadas de diversa índole  del  empleo de la nueva ruta mercantil tendrán dicho carácter si el país implementa las medidas para que el desarrollo consecuente sea aprovechado a su favor y no juegue en su contra, con el desbordamiento de los fenómenos migratorios, de pérdida de control de sus efectivos y recursos a causa de una inversión extranjera descontrolada.

Como se ha visto, no todos los recursos de las reservas existentes probadas serán lo rentables que inicialmente se preveía, y a pesar del desarrollo paralelo de las rutas fluviales o terrestres a desarrollar mediante la infraestructura correspondiente como vehículo de canalización y distribución de los recursos propios explotados hacia los mercados orientales, principalmente China, habrán de considerarse los vínculos adicionales que ésta está trazando con su proyecto BRI (Belt and Road Iniciative), anteriormente OBOR (One Belt One Road) a través de toda Europa y Asia que le obligarán a competir en materia de suministrador energético con sus antaño copatriotas de Centroasia, entre otros, teniendo en cuenta además que el sector ruso de los hidrocarburos necesitará de importantes inversiones para actualizarse.

Sin embargo, si bien el régimen de represalias al que se ha visto sometido por Occidente debido de sus actividades ofensivas, ha producido en Rusia  un redoblamiento de la política de Moscú de "vuelta a Oriente" (povorot na Vostok) centrada en China, en un intento de asegurar tanto su prosperidad económica como su carácter de potencia energética, y como un aliado con quién confrontar la primacía global de los EEUU; a pesar de que Moscú ha apoyado el gran proyecto chino de conectar Europa y Asia (BRI) mediante la nueva Ruta de la Seda, y Pekín ha hecho lo propio con la Unión Económica Euroasiática (Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Kirguizistán y Armenia) impulsada por Putin y que en determinados conflictos internacionales, desde Siria a Corea del Norte, sus intereses están alineados, la aparente "asociación estratégica" chino-rusa no parece ser una verdadera alianza. En este sentido, abundan las consideraciones realizadas por diversos autores,  que evidencian que la relación entre ambos países sigue siendo lo que se podría denominar como un "eje de conveniencia", pese a la realización de las mencionadas maniobras conjuntas realizadas en el Báltico o el acuerdo espacial recientemente alcanzado entre ambas potencias. Cabe destacar en este sentido, las reservas que Moscú parece tener para con la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) y su constante pretensión de contrarrestar el liderazgo chino en la misma con la potenciación de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) a que hace referencia Gómez de Ágreda (2014). Por otro lado, Dimitri Trenin (2017) nos indica cómo frente a la repentina confrontación con Occidente en 2014 las esperanzas de la élite política rusa de poder buscar una relación mucho más estrecha con China, de manera que Beijing pudiera reemplazar a Occidente como fuente de crédito fácil, inversión a gran escala y tecnología avanzada, así como de un principal mercado de las exportaciones rusas, considerando que China aprovecharía inmediatamente la oportunidad de ayudar a Rusia (como la Unión Soviética ayudó a China después de la victoria de la guerra civil de los comunistas en 1949), no obtuvieron  el resultado esperado y China no ha demostrado estar interesada en una relación tan dependiente con Rusia, puesto que los beneficios a obtener son relativos, una vez que ya dispone de mucho de lo que deseaba de ésta: suministros de energía, tecnología militar y un baluarte estable en el norte. También se mostró reacia a ampliar su participación en la economía rusa. De este modo, el temor de ciertos sectores de las élites rusas de que un acercamiento en tales condiciones pudiera derivar en una subordinación económica y política a Beijing y una dominación rusa por su parte, tuvo su reflejo en la nación china y sus líderes probablemente retrocedieron ante la perspectiva de administrar una Rusia que todavía se consideraba una gran potencia. Un punto especialmente significativo fue probablemente la decisión de China de evitar exacerbar sus relaciones cada vez más complejas con los Estados Unidos al alinearse con un país que Washington acababa de marcar por medio de sanciones económicas e intentos de aislamiento político. Sin embargo, es cierto que las relaciones chino-rusas se han hecho más cercanas: China ha obtenido acceso a algunos de los campos de petróleo y gas de Rusia; ha recibido sistemas militares avanzados como el caza Su-35 y el sistema de defensa aérea S-400; y Beijing y Moscú acordaron armonizar la EEU con la Iniciativa de Cinturones y Carreteras (B & R).

El 13 de mayo de 2017, Putin aprobó una nueva Estrategia de Seguridad Económica para Rusia, por primera vez desde 1996, que es netamente clara en su diagnóstico de los desafíos económicos y las amenazas que enfrenta Rusia, y pese a mencionar los desafíos externos, pone mayor énfasis en las fuentes internas de la debilidad de Rusia: falta de competitividad, baja inversión y falta de innovación. Las causas declaradas incluyen altos niveles de criminalidad y corrupción, barreras administrativas excesivas, administración estatal ineficaz, una gran masa de economía sumergida, falta de inversiones a largo plazo, disminución de la calidad de la educación, infraestructura de mercado poco desarrollada y falta de participación en las cadenas de suministro mundiales. La estrategia llama también la atención sobre las tendencias a largo plazo en contra de Rusia: cambios en la estructura global de la demanda y oferta de energía, agotamiento de los campos productores de petróleo y gas, ausencia de representación rusa entre empresas globales fuera del sector de recursos naturales, recursos laborales inadecuados y el competitivo mercado mundial del talento, sugiriendo que se necesita un compromiso más profundo con la economía global para impulsar un crecimiento más alto, pero que resulta selectiva sobre este compromiso, pues si bien pide una cooperación más profunda con agrupaciones regionales como la Comunidad de Estados Independientes, la Unión Económica Euroasiática, la Organización de Cooperación de Shanghai y los BRICS, significativamente no menciona el Oeste en absoluto, a pesar de que la UE sigue siendo abrumadoramente el socio económico más importante de Rusia.

Dado que la inseguridad económica de Rusia se encuentra principalmente en sus propias políticas e instituciones nacionales, la solución es introducir reformas que aborden la ineficiencia crónica y la corrupción y otros desincentivos a la inversión y la innovación, entre las que se cuentan la reforma educativa, la prevención de la bancarrota artificial y otras formas de incursiones corporales ilícitas, una mejor gestión de los activos estatales, la prevención del lavado de dinero, mejores derechos de propiedad, un clima de inversión más atractivo (con un control más efectivo sobre la inversión extranjera en sectores estratégicos), si bien lo que no indica es por qué hasta ahora no se han logrado, ni siquiera en muchos casos seriamente perseguidos, cuáles son las perspectivas de hacerlo y cuáles son los obstáculos en el camino (Gould-Davies, Nigel 2017). De la capacidad de implementar las medidas en ella recogidas dependerá en gran medida la posibilidad de resolver una buena parte de los problemas que planteará el desarrollo de la región ártica, y su soslayo a la maldición de los recursos.

El pronóstico de Stratfor para la década 2015-2025, es poco concesivo para la nación rusa, pues contempla de modo expreso la escasa probabilidad de que sobreviva en su forma actual, debido fundamentalmente al hecho de no contar con una economía autosostenida, que le permita aguantar las fluctuaciones de los precios de los productos energéticos, y a la organización de la Federación, en la que los flujos de ingresos procedentes de las ventas llegan a Moscú antes de ser distribuidos directamente a través de los gobiernos regionales, lo que resulta poco operativo. Estas circunstancias conducirán a una repetición de la experiencia de la Unión Soviética en los años ochenta y de Rusia en los años noventa, en la que disminuyó la capacidad de Moscú para apoyar la infraestructura nacional, lo que hará que las regiones resuelvan por sí mismas formando entidades autónomas formales e informales. Los lazos económicos que unen a la periferia rusa con Moscú se desvanecerán. Si bien la fragmentación de la Federación Rusa no será prevenible en el Lejano Oriente, las regiones marítimas más estrechamente vinculadas a China, Japón y los Estados Unidos que a Moscú se moverán independientemente. Cabe considerar que las consecuencias previsibles fruto del desarrollo de la zona ártica al comercio y a la ocupación masiva por ciudadanos de otras procedencias tendrán bastante que ver con éste fenómeno, con lo que volvemos a Huntintong y a su mencionada teoría del “choque de civilizaciones”.

Por último, hay que mencionar que 2018 será año de elecciones presidenciales, y que si bien el principal opositor al partido del actual presidente Putin Navalny ha sido descalificado por acusaciones de malversación y no espera que haya cambios, si hay que reseñar que al creciente descontento de la población de una edad media debido al estancamiento de la economía y al periodo de recesión acumulado, y la carga financiera sobre las regiones, a lo que hay que añadir que una gran franja de la nueva generación está buscando sacudir el sistema, reflejando el cambio generacional actual de Rusia donde el 37%  de los candidatos legislativos son menores de 35 años.

 

Ana Alonso Moreno, Universidad Politécnica de Cartagena, España.

 

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Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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