Drones militares: impulso a la innovación tecnológica y civil

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No es la primera vez que un gran avance tecnológico se ve acelerado por el empuje del I+D militar. Ya ocurrió con el desarrollo inicial de internet y está sucediendo ahora en el ámbito de la robótica, particularmente de los vehículos aéreos no tripulados (también conocidos popularmente como drones).

En realidad el empleo de drones por los ejércitos no es un fenómeno nuevo. De hecho, los primeros prototipos datan de la Primera Guerra Mundial, se emplearon de manera limitada en la Segunda, y se recurrió a ellos a lo largo de la Guerra Fría, especialmente durante la intervención norteamericana en Vietnam. A principios de la década de 1980 el ejército israelí los empleó de manera innovadora al enfrentarse a las defensas antiaéreas sirias en Líbano. Su éxito atrajo de nuevo la atención de Estados Unidos, y a día de hoy ambos países se sitúan en la vanguardia del mercado mundial de drones. Un mercado en expansión al que también se están sumando empresas españolas.

Hasta hace pocos años los drones militares cumplían esencialmente dos tipos de cometidos, vigentes en la actualidad. Uno poco brillante, pero extremadamente útil, sirviendo de blanco móvil para las armas antiaéreas. El segundo, actuando como plataforma de inteligencia mediante el empleo de radar, sistemas de obtención de imágenes, interceptación de comunicaciones, etc. A principios de la década pasada se añadió una nueva misión, complementaria a la inteligencia, al armar algunos drones con misiles y, más tarde, con bombas guiadas. Su empleo contra Al Qaeda en Pakistán ha superado con creces las expectativas iniciales, convirtiéndose en uno de los factores que ha logrado poner contra las cuerdas a la organización terrorista. Al mismo tiempo, dicha campaña –liderada por la CIA– es objeto de debate por su falta de transparencia y por el elevado número de víctimas civiles que al parecer ha provocado.

Las ventajas operativas que ofrecen los drones explican el notable incremento en términos de producción y diversificación de modelos. Para hacernos una idea rápida del panorama actual, vamos a mencionar tres casos:

En primer lugar el Global Hawk, sustituto del legendario avión espía U-2. Se trata de un avión no tripulado de gran tamaño (la envergadura de sus alas es superior a la de un avión de pasajeros Boeign 727) capaz de permanecer en vuelo sin repostar durante más de veinticuatro horas y con un alcance cercano a las 8.700 millas náuticas. Fundamentalmente es un avión de inteligencia tanto de imágenes como de señales. La US Navy ha encargado una versión con radar de largo alcance que le permitirá vigilar durante 24 horas, todos los días del año, los puntos principales de tránsito naval del planeta. Por su parte, la OTAN va a adquirir para uso compartido una versión del Global Hawk especializada en la vigilancia y adquisición de objetivos terrestres. Su necesidad hizo evidente durante la campaña aérea de 2011 contra el régimen de Gadafi. También se están realizando ensayos de una versión del Global Hawk como avión nodriza. El año pasado uno de esos prototipos abasteció en vuelo a otro dron.  

El segundo programa destacable es el X-47B. Se trata de un demostrador (versión previa para pruebas) de lo que acabará siendo un dron de inteligencia y combate embarcado. En julio del año pasado aterrizó con éxito en un portaviones norteamericano. Lo hizo además de manera autónoma, sin ser pilotado remotamente, lo cual es significativo si tenemos en cuenta la dificultad que entraña la maniobra de aterrizaje en el entorno naval. Los drones embarcados permitirán que los grupos de combate de portaviones obtengan inteligencia y apliquen la fuerza a distancias muy superiores a las actuales, un aspecto que Estados Unidos está enfatizando con el fin de contrarrestar las capacidades de denegación de área de ciertos países, particularmente de China.

 

 

Por último, otro apartado que merece atención es el de los nanodrones. Por ejemplo, el Black Hornet. Se trata de un helicóptero minúsculo (10 x 2.5 cm) que el ejército británico emplea de manera intensiva en Afganistán, donde tiene varios centenares en servicio. Resulta útil en la obtención de inteligencia táctica, especialmente en entornos urbanos para ver por encima de muros, al otro lado de las esquinas o dentro de edificios.

 

Hemos mencionado sólo tres casos. Hay otros muchos programas en marcha, también de robots militares navales y terrestres. La hoja de ruta 2010-2035 del US Army sobre sistemas aéreos no tripulados contempla su empleo en las tareas más diversas. Desde relé de comunicaciones a reconocimiento armado, y como transporte de heridos y prisioneros a avituallamiento desde el aire a unidades terrestres en situación comprometido. De hecho, esta última misión ya la realizan en Afganistán helicópteros dron de cierto tamaño.

Se trata por tanto de una tendencia firme y en crecimiento. En lo que respecta a los ejércitos la gran tarea pendiente consiste en definir adecuadamente las especificaciones de los nuevos equipos y, sobre todo, en adaptar la doctrina, orgánica y adiestramiento para obtener el máximo resultado de las nuevas tecnologías. En ello consiste la esencia de las grandes innovaciones militares.

En el ámbito civil las aplicaciones también son múltiples, y en los próximos años seremos testigos de un aumento sustancial de su empleo. De ahí la importancia de actualizar y definir bien la normativa sobre su uso en España con el fin de compaginar correctamente la seguridad con el desarrollo de un sector económico en alza.

Publicado en El Confidencial.