Drones israelíes en la batalla del Valle de la Bekaa

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Hoy se cumplen 30 años del comienzo de la batalla aérea del Valle de la Bekaa. Es una buena ocasión para hacer memoria sobre el papel que jugaron los aviones no tripulados en aquel episodio.

La fuerza aérea israelí había adquirido en 1971 una docena de drones Ryan 147I, a los que denominó Mabat, y una versión de reconocimiento del drone-blanco norteamericano BQM-74 Chukar con los que formó el 200º Escuadrón de Drones. Ambos modelos se utilizaron en la guerra del Yom Kippur en octubre de 1973 en misiones de reconocimiento. Aquel conflicto afectó profundamente al planeamiento de sus operaciones aéreas. Los israelíes perdieron algo más de un centenar de aviones de combate, la mitad de ellos en los tres primeros días de la contienda (entre ellos 53 A-4 Skyhawk y 33 F-4 Phantom). La mayoría fueron abatidos por los sistemas de defensa antiaérea egipcios y sirios. A pesar del desgaste que suponían las misiones de apoyo aéreo cercano (CAS), la aviación israelí continuó respaldando a las unidades de tierra y contribuyó a que éstas frenasen el avance adversario y a que incluso se adentrasen al otro lado del Canal.

Tras el fin de la guerra, se hizo evidente la necesidad de innovar las tácticas para la supresión de las defensas aéreas enemigas (SEAD). El volumen de pérdidas sufridas ponía en cuestión la capacidad para hacerse con el control del aire si el oponente disponía de un sistema de defensa aérea integrado. La elaboración de una nueva doctrina combinó diversos elementos y uno de ellos fue un mayor empleo aviones no tripulados, a los que se asignaron dos cometidos fundamentales: ayudar a descubrir la posición exacta de las baterías antiaéreas enemigas y engañar a sus sistemas de radar haciéndoles pensar que eran aviones tripulados.

Para la primera misión dos empresas israelíes desarrollaron drones de menor tamaño que los que se habían utilizado hasta entonces en otros países, consiguiendo que fuesen sólo un poco más grandes que los aviones de aeromodelismo. Se equipó esos aparatos con una cámara de video ligera (para los estándares de aquella época), relativamente económica y que permitía la transmisión de imágenes en tiempo real. El resultado fueron dos nuevos drones: el Tadiran Mastiff y el IAI Scout. Ambos modelos tenían una apariencia similar (hélice propulsora en la parte trasera y una cola doble) y unas especificaciones parecidas. Los dos podían volar a una velocidad aproximada de 180 km/h, tenían un techo de 4.500 metros, capacidad de carga de 37 kg, y autonomía de vuelo de siete horas y media. Gracias a su pequeño tamaño podían evitar con relativa facilidad las direcciones de tiro de las baterías de misiles de fabricación soviética sirias y pasar inadvertidos a los pilotos de los aviones de combate.

La segunda misión se encomendó al Samson, un drone fabricado bajo licencia en Israel y basado en el norteamericano Brunswick Model 290P. Se trata de un aparato a reacción con forma de misil, dotado de alas y de reflectores, y que por su velocidad y firma radárica era fácil de confundir con un avión de combate. Una variante de este mismo drone era el Delilah, que más tarde evolucionó a misil de crucero, en servicio actualmente en la fuerza aérea israelí.

A comienzos de junio de 1982 Israel tuvo oportunidad de aplicar su nueva doctrina SEAD con motivo de la invasión del Líbano, en el marco de la operación 'Paz para Galilea'. Un año antes Siria había desplegado baterías de misiles antiaéreos en el Valle de la Bekaa con las que amenazaba las incursiones de la aviación israelí contra los militantes palestinos. Hasta ese momento el gobierno de Jerusalén no había atacado en fuerza las baterías sirias para evitar una guerra abierta. Al iniciarse la ofensiva terrestre el 6 de junio, los aviones israelíes prestaron apoyo aéreo tratando de mantenerse fuera del radio de acción de los misiles sirios, pero la situación se volvió cada vez más delicada conforme avanzaban las tropas. El Valle de la Bekaa era un área de operaciones importante porque, además se ser una ruta principal de las fuerzas sirias, albergaba varios campos de entrenamiento de grupos armados palestinos que bombardeaban el norte de Israel.

El 8 de junio un drone de reconocimiento observó que los sirios estaban desplazando cinco baterías de misiles SA-6 desde la frontera en los Altos del Golán al Valle de la Bekaa. Dicha información era un indicio claro de que los sirios también pretendían limitar sus acciones al Líbano. De lo contrario las habrían mantenido defendiendo el camino que lleva a Damasco.

Despejada la incógnita sobre las intenciones sirias, los israelíes tomaron la iniciativa para hacerse con la superioridad aérea en el teatro de operaciones libanés. Al día siguiente, el 9 de junio de 1982 las fuerzas armadas israelíes llevaron a cabo la operación 'Mole Cricket 19' contra las 19 baterías desplegadas en el Valle de la Bekaa. El inicio de la operación consistió en hacer creer a los sirios que sufrían un ataque aéreo utilizando como señuelos los drones Samson y Delilah.

Los sirios cayeron en la trampa. Activaron los radares de dirección de tiro y dispararon sus misiles contra los falsos aviones. Acto seguido los israelíes lanzaron desde tierra misiles antiradar de largo alcance, entre ellos el Keres, una versión modificada del americano AGM-78 Standard. En los diez primeros minutos de la operación, diez de las diecinueve baterías fueron dañadas o se quedaron temporalmente sin misiles tras gastarlos contra los señuelos. Cuatro minutos más tarde, una primera oleada de veintiseis F-4E Phantom israelíes atacó las baterías sirias con más misiles anti-radar AGM-78 Standard y AGM-45 Shrike, y misiles guiados por televisión AGM-65 Maverick. A esta primera oleada le siguieron otras dos de A-4 Skyhawk y Kfir C2 con bombas de racimo GBU-15 y bombas guiados por láser contra los diversos componentes de las baterías sirias, que fueron destruidas una tras otra.

En gran medida, el éxito de la acción SEAD fue posible gracias a la inteligencia que se había recogido durante los meses previos, tanto electrónica (con las frecuencias utilizadas por el sistema de defensa aéreo enemigo) como de imágenes. Además de aviones de reconocimiento RF-4E, en ese esfuerzo también habían participado los drones Ryan 147I (en misiones de ELINT e IMINT), así como los Scout y Mastiff para localizar con sus cámaras de video los emplazamientos antiaéreos del ejército sirio.

Los sirios contaban con sistemas de misiles SA-3 y SA-6 móviles, lo cual planteaba una dificultad táctica ya que la inteligencia sobre su posición podía resultar inútil a las pocas horas. Sin embargo, desde el inicio de la operación Paz para Galilea los israelíes fueron capaces de mantener en el aire de modo constante un mínimo dos aviones no tripulados que ofrecían imágenes en tiempo real del enemigo. También se emplearon drones para vigilar el despegue de cazas sirios en las tres principales bases aéreas. La información recogida por los drones era transmitida por data-link al centro de mando de la fuerza aérea israelí en Tel Aviv, lo que, junto a las imágenes de radar enviadas por los dos AWACS E-2C Hawkeye y la posibilidad de mantener el contacto por radio con los pilotos de los aviones de combate, facilitó sustancialmente la dirección de la batalla.

Poco antes de iniciarse la operación los sirios habían ordenado aterrizar a sus cazas con el fin de dejar el cielo libre a las baterías antiaéreas. Pero una vez que éstas comenzaron a ser atacadas, la aviación siria despegó de nuevo para defenderlas. En ese momento los israelíes utilizaron medidas de guerra electrónica que cegaron a los radares enemigos e interfirieron la comunicación entre los cazas sirios y los controles de interceptación terrestres (encargados de proporcionarles información sobre los vectores y objetivos), lo que otorgó una enorme ventaja a la fuerza aérea israelí. Sucesivamente grupos de cuatro cazas F-15 y F-16 israelíes se fueron lanzando contra los aviones sirios.

Dos horas después del comienzo de la batalla los sirios habían perdido 17 baterías. Las dos restantes fueron destruidas al día siguiente. Al tercer día, el 11 de junio, finalizó la batalla aérea con un resultado de entre 81 y 88 aviones de combate sirios derribados (las fuentes varían al señalar la cifra exacta) frente a ningún caza hebreo.

Quizás sea una exageración decir que los drones jugaron un papel indispensable en aquella batalla, pero su empleo ahorró aviones de combate y vidas de pilotos israelíes que de otro modo se habrían perdido contra la densidad de las defensas aéreas sirias. El éxito de la operación 'Mole Cricket 19' garantizó el apoyo aéreo a la invasión del Líbano y, más allá de aquel escenario geográfico, asestó un golpe psicológico a las fuerzas del Pacto de Varsovia que vieron cómo la tecnología occidental era capaz de imponerse ante un sistema integrado de defensa aérea de fabricación soviética.

Javier Jordán es Profesor Titular de Ciencia Política y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.