Doctrina militar sobre la guerra irregular en el Protectorado Español en Marruecos

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Análisis GESI, 34/2017

Resumen: Mucho se ha escrito sobre las razones del desastre de Annual de 1921, mayoritariamente teniendo en cuenta la situación geopolítica y militar. Los errores en los niveles operacional y táctico han sido interpretados como la consecuencia de una combinación de errores en el político y estratégico.

Aunque la responsabilidad de la toma de decisiones es de los niveles políticos, es necesario analizar cómo la doctrina militar jugó un papel fundamental en el desarrollo de los acontecimientos en Annual. Uno de los documentos doctrinales vigente en 1921 era el Reglamento Táctico de Infantería de 1914, un reglamento inapropiado para la guerra contra un movimiento de insurgencia como el encabezado por Abd el-Krim. La sobrecarga de las tropas del general Silvestre en un vasto territorio terminó finalmente con su ejército atrapado en él y a merced de las tribus rebeldes. La revuelta árabe de 1916 en el Hiyaz, que condujo a la teoría de la guerra irregular de Lawrence, así como las experiencias españolas previas en contrainsurgencia en las colonias de ultramar y las recomendaciones de prestigiosos oficiales como Martín García, Gómez Souza, Bermúdez de Castro y Gómez Jordana debieron haberse tenido en cuenta por el Estado Mayor para la elaboración de una doctrina más apropiada.

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Introducción

Las campañas españolas en el Protectorado de Marruecos se caracterizaron por la irregularidad en la forma de combatir de los insurrectos. Aunque existía un acervo de conocimiento sobre la guerra irregular por la experiencia de Cuba y Filipinas, esta no se tuvo suficientemente en cuenta a la hora de elaborar una doctrina para el combate en Marruecos que fuera más adecuada. España, al igual que muchas naciones europeas, tardó en incorporar al estudio en las escuelas militares la forma de combatir en un escenario de guerra irregular, a pesar de haber sido el campo de batalla que la alumbró durante la Guerra de la Independencia contra los ejércitos napoleónicos a través de figuras como Juan Martín Díez el Empecinado o Espoz y Mina[1]. Es por ello que resulta más sorprendente que la formalización doctrinal de la guerra de guerrillas fuera importada. Además, está doctrina se concibió de manera poco eficaz, contra el combatiente irregular hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Y es que, según Cornwallis, la guerra de guerrillas tenía la consideración de ser una forma baja y primitiva de hacer la guerra, indigna de caballeros[2], lo que perduraba en la concepción de muchos militares, y no contribuyó a la difusión del conocimiento de una forma de combatir cuya lógica es más inextricable que la de la guerra regular.

La renuencia a considerarla como un fenómeno bélico de primer nivel, debido entre otras a la importante influencia prusiana, fue responsable de no pocos fracasos militares, que casi siempre comienzan renunciando a la iniciativa y dejándola en manos del guerrillero.

Cabe por tanto preguntarse si existían suficientes conocimientos para elaborar una doctrina adecuada. Los estudios de los oficiales de Estado Mayor, Martín García y Gómez Souza, las recomendaciones del general Bermúdez de Castro, las opiniones de Gómez Jordana y desastres previos como el del Barranco del Lobo, así como las experiencias de Lawrence de Arabia en la revuelta árabe en el Hiyaz indican que se podría haber dispuesto de una doctrina más adecuada que el Reglamento Táctico de Infantería de 1914 vigente en el ejército español de aquella época.

Como fuentes primarias para este estudio se han empleado el citado Reglamento Táctico de Infantería de 1914, el Expediente Picasso, los diarios La Correspondencia Militar y El Heraldo Militar, así como Los siete pilares de la sabiduría de Lawrence por tratarse de experiencia directa en combate en el Hiyaz. Como fuentes secundarias, han sido muy útiles, las publicaciones de Cassinello sobre la evolución de los reglamentos tácticos hasta 1929 y la guerra irregular, así como las tesis doctorales de Caballero Echevarría, Loureiro y Atienza, entre otros, sobre el intervencionismo militar en Marruecos.

La metodología seguida para la elaboración de este trabajo ha sido el análisis historiográfico de la doctrina oficial vigente en la época, confrontándola con otras aportaciones contemporáneas sobre la guerra irregular.

El documento se estructura en tres partes. La primera de análisis comparado del Reglamento Táctico de Infantería de 1914 con la concepción de guerra irregular de Lawrence, estableciendo así el marco conceptual. En la segunda se exponen las reflexiones sobre la guerra irregular de Martín García, Gómez Souza, Bermúdez de Castro y Gómez Jordana en el ámbito del Protectorado de Marruecos. Finalmente se analiza el desastre de Annual en el marco conceptual de la primera y en el contexto operacional y estratégico de la segunda.

 

El Reglamento Táctico de Infantería de 1914 como doctrina de combate en un escenario de guerra irregular

En el Reglamento Táctico de Infantería de 1914 se exponen una serie de prescripciones para la instrucción y su aplicación en combate, inspiradas por el pensamiento militar prusiano, que influyó las voluntades reformadoras de Villamartín, Cassola y Marvá de finales del siglo XIX.

Más tarde, y como consecuencia de esta influencia, los conceptos de la obra de Clausewitz serán incorporados a los reglamentos militares a partir de 1914[3]. Los ejércitos se diseñaban para la guerra convencional, dominada por el factor algebraico, de variables conocidas, condiciones fijas y simetría entre las partes enfrentadas por desproporcionados que fueran los medios. El éxito se confiaba a la técnica y la pericia en el movimiento de grandes unidades, donde la superioridad técnica y táctica en el punto crítico eran cuasi-garantía de victoria. Pero cuando el escenario era de guerra irregular, esta superioridad resultaba fútil, alterando los criterios de valoración estratégica que afectan a la definición de victoria o derrota[4]. Aquí la superioridad consiste en decidir qué es crítico en cada momento y, si es posible, se desarrolla el hábito de no enzarzarse nunca en combate abierto, pero manteniéndose en un constante estado de guerra.

Como muchos de los reglamentos europeos contemporáneos, el de 1914 consideraba el fuego y el control del territorio como los elementos principales para el combate[5] (Cassinello, 2016: 279). La preponderancia del fuego es una consecuencia de la experiencia en la batalla de Sadowa en la que apareció el fusil de retrocarga con cerrojo Dreyse. Este tenía la ventaja, además de una mayor potencia y cadencia de fuego, de permitir al ejército prusiano disparar desde la posición de cuerpo a tierra mientras que el austriaco, dotado de fusiles Lorenz de avancarga, solo podía hacerlo de pie. La revolución armamentística posterior con la mejora de la artillería y la aparición de la ametralladora acabó con las formaciones de infantería a base de líneas, haciendo de la formación en columna o guerrilla la fundamental, seguida de otras de orden cerrado a base de reservas (Cassinello, 2016: 279). Esta doctrina, encaminada a la minimización de los efectos del fuego enemigo y maximización de los del propio, penetrará en los reglamentos militares elaborados por un cuerpo de oficiales con una alta preparación técnica basada en los modelos de Sadowa y Sedán[6]. Así el fuego de precisión va ganado importancia en detrimento del uso de descargas[7], cambiando la forma de desenvolverse en el entorno, utilizando el terreno y sus accidentes a su favor[8].

Pero los movimientos siguen estando dirigidos hacia el encuentro con el enemigo, culminado en el choque al arma blanca como momento decisivo[9]. En contrapartida, el combatiente irregular procura no ofrecer nunca un blanco, ni entablar combate directo[10], reduciendo así los efectos de la potencia de fuego, pues de nada sirve si el insurgente no se encuentra en su radio de acción.

Para la dualidad maximización-minimización de los efectos del fuego, toma especial relevancia la fortificación ligera, con la que se pretenderá el control del territorio mediante su empleo ofensivo durante los avances de la infantería[11] (Reglamento, 1914: 140). Aunque se recomienda el aprovechamiento de los accidentes del terreno como medio de protección en el avance, pueden construirse ‘ligerísimos abrigos’[12] (Reglamento, 1914: 141) en ausencia de los naturales, siempre evitando la concentración de efectivos. Pero en la guerra irregular el insurgente interpreta el territorio como un medio para un fin, no pretende su defensa ni conquista. Además, dispone de una población afecta, por lo que las fuerzas regulares de ocupación se ven sobrepasadas por el área que pretenden dominar[13]. Es entonces cuando, en contra de su propia doctrina, las tropas regulares se concentran y atrapan en una serie de posiciones dependientes de unas líneas de suministros a merced del enemigo y que habrá también que proteger[14].

No obstante, el reglamento supone un salto cualitativo aumentando la importancia de la instrucción individual, estableciendo cualidades personales, tanto del soldado como del jefe[15]. Fomenta la iniciativa, pero vigilada e intervenida por el inmediato superior[16], y solo respecto de la mejor forma de cumplir las órdenes, es decir “más centrada en el ‘cómo hacer’ que en el ‘qué hacer’”[17]. Fiscalización referida exclusivamente a las clases de tropa, ya que para los mandos se reserva el control propio, en base a la responsabilidad y la unidad de doctrina, de quien dependen las decisiones y su ejecución, siendo responsable del resultado[18].

La libertad de acción, en el empleo discrecional de los medios disponibles para conseguir el objetivo, reside, según el reglamento, en “el carácter de la guerra moderna [que]… rechaza los procedimientos esquemáticos de la táctica”[19]. La doctrina en cambio no es flexible, su unidad, de capital importancia, proscribe cualquier licencia o independencia[20], confinando la libertad de acción a la forma en que se aplican los preceptos, sacrificando la capacidad individual en aras de la unidad. Hace hincapié tanto en su observancia como en la fiscalización de su cumplimiento.

La primera mitad del reglamento está dedicada a los movimientos, formaciones y evoluciones, desde sección hasta brigada, mientras que en la segunda trata el combate, sus principios generales, las unidades y el entorno. Este punto de vista contrasta con el del enemigo irregular, “donde cada hombre se controla a sí mismo”[21]. El movimiento del insurgente es individual, frente a las agrupaciones de las fuerzas regulares constreñidas a sus propios movimientos y evoluciones, “haciéndolos predecibles y asequibles para quienes se conforman solamente con golpear una y otra vez hasta la extenuación”[22].

Relacionado con la instrucción individual el valor cobra especial importancia, supeditado a la disciplina. El reglamento es eminentemente técnico respecto a la forma de combatir de las unidades y los individuos. No se presta atención al componente emocional, limitándose a ensalzar el entusiasmo en obedecer las órdenes[23]. La instrucción está encaminada a un soldado “fuerte, ágil, temerario, sufrido y siempre valeroso, diestro en el manejo del fusil”, donde su potencia bélica la determina su capacidad de fuego, su número y su valor,  pero siempre supeditados a las órdenes[24]. Esta concepción convierte al combatiente regular en un medio cuantificable y reemplazable. Por el contrario, el combatiente irregular, de medios escasos, hace de cada hombre un individuo único y complejo, difícil de mandar y reponer. No es un ejército indisciplinado y escaso, la disciplina viene impuesta por un líder cuya causa penetra, se expande entre la población que la hace suya, teniendo en cada afecto un insurgente potencial.

El carácter del jefe de un ejército, regular o no, será crucial en la conducción de sus fuerzas durante el combate. Los conceptos de la teoría de Clausewitz coupe d´oleil o golpe de vista para identificar el recurso preciso en el instante preciso y el de courage d´espirit o de presencia de ánimo como determinación consciente y forma más perfecta de valor, son válidos para ambos. Pero hasta aquí las similitudes, pues el reglamento táctico de 1914 convierte al jefe en un científico de la maniobra, que la organiza y dirige hacia su objetivo, todo ello apoyado en los sólidos conocimientos técnicos de “la ciencia militar”[25]. Este concepto de la acción guerrera era consecuencia directa de los que elaboraban la doctrina, el “exiguo e influyente Cuerpo de Estado Mayor”[26], cuya formación estaba profundamente influida por la ciencia y la técnica militar centroeuropea. Parece que el reglamento tratara de regular la intuición, donde el coupe d’oleil viene proporcionado por el acervo del conocimiento de la maniobra. En cambio, el jefe insurgente es capaz de abstraer las nueve partes racionales de la táctica que se enseña en las escuelas militares, de la irracional que proporciona el instinto agudizado por la experiencia guerrera[27]. La renuncia al instinto en favor de la semiótica impuesta por el Estado Mayor, entra en conflicto con la experiencia de combatientes en un entorno irregular como Cuba y Filipinas, que tan valiosa podía haber resultado en Marruecos.

 

La guerra irregular en Marruecos y la política de Gómez Jordana. La visión de Martín García, Gómez Souza y Bermúdez de Castro

Aunque muchos oficiales africanistas se curtieron frente a fuerzas de guerrillas en Cuba y Filipinas, la experiencia en Marruecos sería distinta por varias cuestiones. Primero, se trataba de una sociedad bastante más conflictiva; segundo, un enemigo mucho más desorganizado que los mambises[28]; y finalmente, un terreno escaso en recursos, que los rebeldes emplearán a su favor retrocediendo y desorganizando el avance de las fuerzas regulares desde la distancia y sin superioridad numérica.

Procedentes de la experiencia cubana se incorporaron dos elementos: los “blocaos” (del alemán blockhaus) y la columna. Los primeros destinados a proteger territorios como los de la línea de ferrocarril que conectaba Melilla con las minas de Beni BuIfrur[29], la segunda para la maniobra[30]. La columna, constituida por efectivos procedentes de otras unidades, se organizaba en guerrilla seguida de sostenes y reservas en orden cerrado, según el Reglamento Táctico de 1881, muy vulnerables ante un enemigo disperso como las cabilas rifeñas[31]. Por otro lado blocaos y casetas, con una guarnición tipo sección, estaban esparcidos a lo largo de un territorio escaso de recursos como el agua y difíciles de abastecer.

El desastroso episodio del Barranco del Lobo de 1909 puso de manifiesto la inutilidad del reglamento de 1881, pues el empleo de una columna en el contraataque hizo caer a las fuerzas del general Pintos en una emboscada en una vaguada del Gurugú[32]. El enemigo disperso no ofrecía blanco resultando imposible definir el objetivo decisivo y su, a priori, debilidad se tornó en capacidad de decidir qué era crítico para el oponente y cambiárselo en el siguiente salto a una peña más retrasada desde la que disparar la siguiente descarga[33]. Así, mientras las cabilas se liberaban del terreno, las fuerzas regulares se atrapaban en sus posiciones, faltas de suministros y bien servidas de fuego enemigo. Las harcas del Rif en continuo movimiento, no ofrecían objetivos rentables, eludían el enfrentamiento en campo abierto[34], dejando al enemigo en su posición, forzándole a defenderla y retirándole la iniciativa[35].

En 1910 el comandante Martín García y el capitán Gómez Souza, profesores de la Escuela de Estado Mayor, trataron de paliar la ausencia de doctrina con su obra Estudios de Arte Militar[36]. En primer lugar plantean sin nombrarlo el concepto de asimetría cuando refieren un enfrentamiento entre una fuerza organizada y otra irregular, que no debe considerarse mediocre. La fuerza irregular compensa la ausencia de doctrina orgánica mediante el instinto agudizado por la experiencia guerrera, el conocimiento del terreno y unos objetivos alcanzables que definen la victoria como la acción de alterar el escenario al enemigo, pues la derrota táctica del insurgente poco valor estratégico tiene si mantiene intacta su capacidad para combatir[37].

La capacidad de combate, reside en las ideas insurgentes que se extienden entre los nativos, haciendo de cada uno de ellos un combatiente[38], por ello recomiendan la destrucción de su ecosistema y secuestro de sus pobladores[39]. La flexibilidad de los medios de acción y los principios tácticos, es fundamental en el enfrentamiento asimétrico. No obstante, Martín García y Gómez Souza, aunque reducen sostenes y reservas y con ello la vulnerabilidad, continúan con la idea de reforzar la capacidad ofensiva y de fuego de la guerrilla, como elementos definitivos[40]. Esta tendencia a la ofensiva si bien aumenta la penetración en el terreno, facilita su hostigamiento por parte de la fuerza irregular[41].

En 1914, el entonces coronel Bermúdez de Castro publicó unas reflexiones sobre el combate en Marruecos en el Memorial de Infantería. En ellas trataba de incorporar las lecciones aprendidas en El Caney (Cuba) al escenario marroquí[42]. Tres aspectos son destacables.

En primer lugar considera crucial el tiro de precisión, pues la heterogeneidad de las posiciones del enemigo irregular obliga al fuego individual y de cacería[43]. El insurgente disperso se beneficia de una potencia de fuego útil solo en el entorno de los grandes números, el coste para infligirle bajas se eleva y el precio que se paga es el desabastecimiento[44].

En segundo lugar tiene en cuenta el factor psicológico, diferenciando las razones por la que luchan unos y otros. Dice: ‘el moro hace la guerra por su gusto, el soldado porque se lo mandan’[45], el primero se considera un individuo único, mientras que el segundo, es agrupado en formaciones que gozan de la unicidad de los ejércitos regulares[46], en los que el “rendimiento del ciento por ciento consiste en que noventa y nueve deben adaptarse al hombre más débil de la compañía”[47]. Los ejércitos regulares combaten mediante unidades de componentes contingentes y sacrificables, mientras que el combatiente irregular sigue siendo un individuo único e irremplazable. Este emplea la iniciativa inteligente en combate frente a la disciplina del esfuerzo colectivo de un ejército regular que diluye las cualidades individuales[48].

Por último, y como una derivada de las anteriores, Bermúdez de Castro lleva a cabo un giro cuasi-herético: prescindir de las formaciones de reservas, potenciando el escalón de guerrilla[49]. Esta idea puede considerarse una variación de la que sostenía el mariscal de campo alemán, Barón Colmar von der Goltz, en la que conocida la fuerza de un enemigo que se hallase totalmente desplegado se podría prescindir de la reserva[50]. Bermúdez de Castro desconoce si la guerrilla enemiga se halla totalmente desplegada, pero puede intuirlo, al igual que puede calibrar la fuerza si se dispone de inteligencia, por ello sostiene lo mismo que Goltz, pero de manera más conservadora, mantenido unas disminuidas reservas alejadas del fuego enemigo.

El objetivo es vaciar y estriar el espacio de batalla mediante un frente amplio y de baja densidad, que rebase por completo al enemigo desbordándolo[51]. Lawrence lo pondrá en práctica dos años después en el Hiyaz: dispersión y ubicuidad[52]. Es más que probable que Lawrence no conociera las campañas españolas en Marruecos, pero mucho de su teoría de la guerra de guerrillas ya se había experimentado y reflexionado.

Los escritos de Martín García, Gómez Souza y Bermúdez de Castro, así como las experiencias propias del Barranco el Lobo de 1909 y ajenas como la derrota de los turcos en Arabia en 1916, podrían haber formado parte del acervo doctrinal del Ejército. Asimismo, la experiencia de la guerra de Melilla debió haber sido el punto de partida para la elaboración de una doctrina de combate adecuada para las guerras de Marruecos. Por desgracia para muchos esto no ocurrirá hasta 1928, cuando la Inspección General de Intervención y Fuerzas Jalifianas publicó el Manual para el Oficial del Servicio de Intervenciones en Marruecos de 1928.

“No es descartable que los responsables de la elaboración de la doctrina, el EMC, menospreciaran las campañas africanas como fuente de lecciones aprendidas y que fueran reacios a incorporar oficiales con experiencia en Marruecos a las comisiones encargadas de su redacción. Ese enfrentamiento lo manifestaron sutilmente algunos oficiales africanistas en sus obras”[53].

Tanto en los niveles táctico y operacional, como en el ámbito estratégico, por la acción directora de éste sobre los anteriores, cobra una importancia crucial la “inteligencia”. Esta inteligencia permite el conocimiento del orden de batalla enemigo, por irregular que sea, calibrar sus fuerzas y aproximarse al planteamiento de Bermúdez de Castro. La cuestión que se plantea es si existía una estrategia para afrontar movimientos insurgentes que se producían en el Protectorado, así como si se disponía de alguna clase de inteligencia en la que se apoyara.

Madariaga explica cómo a partir de 1912, el interventor militar Manuel del Nido estableció un “sistema de confidencias” según recomendaban Martín García y Gómez Souza en su obra Estudios del Arte Militar[54]. El sistema se basaba en la confianza depositada en alguna personalidad local de una cabila, bien relacionada e informada que recibía una contraprestación económica o ‘pensión’. No obstante, la figura del ‘moro pensionado’ creada para la acción política y reducir el recurso a las armas[55] se extendió rápidamente y con consecuencias muy negativas[56]. Y es que, el guerrero del Rif amaba “sobre todas las cosas su fusil, su caballo y el dinero”[57], por lo que los pagos a confidentes fueron degenerando en compra de voluntades de personajes poco adictos a algo que no fuera su interés particular.

Además, las diferentes campañas de Marruecos se caracterizaron por la continua ruptura de las sumisiones presentadas por los jefes de las cabilas, muchas de ellas divididas entre partidarios de continuar con las razzias o bien someterse, tras las correspondientes “compensaciones económicas”.

La compra de voluntades no tuvo el éxito esperado, además, los agravios por la diferencia del montante percibido por las cabilas en contacto con las zonas rebeldes y las de retaguardia, contribuyeron a azuzar no pocas aspiraciones de insurgencia vista la rentabilidad del posterior sometimiento por dinero[58].

 

Aproximación al desastre de Annual

El inicio del Protectorado se caracterizó por una serie de sangrientas revueltas que el aspirante a jerife marroquí, El Raisuni, comenzó en 1913 en la zona más occidental. En ese mismo año el general Gómez Jordana, nombrado Comandante General de Melilla, pretendía la expansión pacífica y la convivencia con los habitantes, intentando no “aventurarme en empresas guerreras sin contar de antemano con un éxito incruento preparado por la necesaria acción política”[59]. A pesar de los esfuerzos de Jordana, que intentó combinar firmeza y colaboración, El Raisuni inició su actividad extorsionadora exigiendo armas, municiones y compensaciones económicas a cambio de desactivar las sucesivas revueltas que él mismo iniciaba (Lourerio 2015: 421).

La condescendencia con El Raisuni iba a finalizar en 1919, por recomendación a Romanones del propio Gómez Jordana, desde 1915 Alto Comisario en Marruecos, exponiéndole el fracaso de la política gubernamental de “sin disparar un solo tiro ni derramar una gota de sangre” y del mantenimiento del statu quo a costa de cesiones en asuntos vitales. El nuevo Alto Comisario, desaprobaba ahora esta política, consciente de que El Raisuni se había aprovechado tanto de la neutralidad española, como de la situación política interna durante la Gran Guerra[60] para extender sus fechorías por toda la zona occidental. Además, exponía la ausencia de doctrina adecuada para el combate en Marruecos (Caballero, 2012: 474).

Al tiempo que el Raisuni jugaba la doble baraja de la negociación y la exacciones, Mohamed ben Abd el-Krim de los Beni Urriaguel, antiguo funcionario de la Oficina Indígena, sacudirá el Rif cuando, persuadido por los imperios alemán y otomano, a cambio de la promesa de un estado independiente, emprenda la yihad contra Francia en 1915, tratando quebrar la neutralidad española en la guerra mundial. Acusado de traición y encarcelado en Rostrogordo saldrá un año después (Lourerio 2015: 427). En 1919 comenzaría la recluta de harcas entre las cabilas menos afectas al Protectorado.

En enero de 1920 el nuevo Comandante General de Melilla, el general Manuel Fernández Silvestre, diseñó un plan para unir las regiones oriental y occidental del Protectorado. Este consistía en hacerse rápida e incruentamente con la región de los Beni Urriaguel que proporcionaría el acceso a la bahía de Alhucemas, haciendo caso omiso de las recomendaciones de su antecesor en el cargo, general Luis Aizpuru y Mondéjar, sobre la hostilidad de las cabilas de la región más oriental del Rif, a pesar de las muestras de sumisión (Lourerio 2015: 427-42).

 

Figura 1: Plan conjunto de Berenguer y Silvestre sobre la base del estudio del EMC en Geografía de Marruecos, Madrid, 1947 (p. 76-79) 

Expuesto en la Tesis Doctoral del Coronel Fernando Caballero Echevarría (UCM, Madrid, 2012, pág. 413)

 

Silvestre avanzó hasta Dar Drius al otro lado del Kert, rebasándolo sin someter completamente territorios y cabilas[61]. Berenguer le ordenó detenerse antes de cruzar el río Amekran para el aseguramiento de las posiciones. No obstante, el propio general Berenguer, entusiasmado por el éxito inicial, le animó y autorizó a continuar hasta la ocupación de la cabila de Tensaman para acelerar en lo posible el avance sobre Alhucemas[62].

Figura 2: Ocupación de las posiciones en la región oriental del Protectorado

Expuesto en la Tesis Doctoral del Coronel Fernando Caballero Echevarría (UCM, Madrid, 2012, pág. 414)

En enero de 1921 Tensaman fue sometido, pero a falta de la fracción de Trugut de la cabila de los Beni Urriaguel. Berenguer apunta que dicha fracción mostraba buena disposición al avance de los españoles, pero Silvestre desconfía y expone la ausencia total de dicha fracción de Trugut en el acto de sumisión[63]. No obstante se continúa hasta Sidi Dris confiando de forma imprudente en la pasividad de la harca de los Beni Urriaguel. Sidi Dris se alcanzó en marzo, extendiéndose la línea desde el mar hasta Annual, Izumar y Azrú, llegando al “límite de elasticidad de las fuerzas”[64] sin asegurar la retaguardia y las líneas de suministros. El error fue muy similar al del general británico Townshend, en el Irak de 1915, en su rápido avance hacia Ctesifonte sin asegurar el territorio a sus espaldas, quedando sitiado en Kut Al-Amara y sin posibilidad de ser abastecido ni socorrido desde Basora. Aunque el choque fue entre dos fuerzas regulares, el exceso de velocidad y profundidad del avance contribuyó al fracaso. Los militares españoles estaban al tanto de estos sucesos por el seguimiento que la prensa de la época hizo sobre el sitio y posterior descalabro británico del Kut en 1915, que tiene elementos comunes con el de Annual[65].

Figura 3: Seguimiento de las operaciones británicas en Mesopotamia en La Correspondencia Militar (17-04-1916 y 28-04-1916)

Fuente Hemeroteca Digital (BNE)

 

En abril de 1921 el Alto Comisario visitó Alhucemas, donde los tensamanis le exigieron que se ocupara Abarrán para hacer frente a la presión de otros jefes de los Beni Urriaguel, que se encontraban al mando de Abd el-Krim. La ocupación se llevó a cabo mediante una pequeña columna, en lugar de las tres que las informaciones de uno de los jefes de Tensaman, Fakir Mohamen-Ukarkach, recomendaban necesarias para que tuviera éxito[66]. El grueso de la fuerza se retiró a Annual dejando la posición defendida por un contingente formado por doscientos policías indígenas, cincuenta soldados españoles, una batería de cuatro piezas y una harca amiga[67].

Cuando la harca de tres mil hombres de Beni Urriaguel atacó Abarrán, infligió una derrota que minaría la moral de las tropas acantonadas en Annual. Su pérdida se acompañó de la de abundantes armas y municiones que cayeron en manos enemigas, así como de una inmejorable propaganda entre los nativos de la región[68].

La debilidad de las vías de comunicación con Melilla, situada a noventa y dos kilómetros, y los más de cien blocaos faltos de suministros esparcidos por el territorio desde Nador a Sidi Dris catalizarán el desastre. El ataque de Abd el-Krim el 2 de junio sobre Sidi Dris continuó sobre la insostenible posición de Igueriben, que no pudo ser auxiliada. Tras su caída Annual fue sitiado y a la escasez de municiones y víveres se unía la ausencia de agua, por lo que Silvestre, al límite de su quiebra psicológica, toma la decisión de abandonar la posición. No obstante el coronel Morales, quien había tenido a Abd el-Krim bajo su mando en la Oficina Indígena[69], no veía viable la retirada hasta Ben Tieb[70].

 

Figura 4: El general Silvestre con los mandos del Regimiento Alcántara (arriba-izquierda); Silvestre y Navarro cruzando el río Amekran camino de Annual a Sidi Dris (arriba-derecha); posición de Monte Arruit reconquistada (abajo-izquierda); restos de los escuadrones al mando del teniente coronel Primo de Rivera (abajo-derecha) Fuente: Colección Pando

 

La mañana del 22 de julio Annual es atacado y se inicia una retirada tan desesperada como desorganizada, y llegando al barranco de Izumar se consuma el desastre. A pesar de que los coroneles Morales y Manella trataron de organizar la resistencia, el ataque de los rifeños sobre la columna causó más de dos mil quinientas bajas en las interminables cuatro horas que se tardaron en cruzar el barranco[71]. A esto le siguió una serie de trágicas y “patéticas” retiradas desde Izumar a Ben Tieb, Dar Drius y Batel donde el ejército del ya desaparecido general Silvestre[72], quedó literalmente deshecho.

Es en este momento cuando hay que hacer especial mención a otro de los factores clave del desastre de Annual y de muchos conflictos en el que está presente el combate irregular: la moral de las tropas.

Cuando un ejército pierde su moral y su presencia de ánimo, a lo que el masivo hostigamiento de fuerzas irregulares contribuye especialmente, es cuando todo acaba, cuando la batalla y la guerra se pierde, cuando los errores tácticos y operacionales se multiplican y el combate se convierte en persecución de un ejército en desbandada.

A esta pérdida de moral contribuyen también la falta de abastecimiento, el deficiente equipamiento, la bisoñez de los reemplazos y los despropósitos político-estratégicos cometidos a cientos de kilómetros, que sufren especialmente los que se encuentran sobre el terreno. Todo esto ocurre en Annual, y esta falta de moral se generaliza. Se abandonan posiciones que podían haber resistido, mientras los defensores de otras se sacrifican inútilmente.

No obstante, frente a la falta de moral colectiva se impone el valor individual de los “hombres-ejército” y sus pequeñas unidades, pero esto no será suficiente, pues rara vez este valor es rentable a nivel operacional, aunque siempre trascienda en la historia inspirando a generaciones enteras. Es cuando llega el momento de la épica.

Es cuando aparecen los héroes, como el comandante Benítez, que en la posición de Igueriben aguantó con trescientos valientes, más de cinco días, rechazando a numerosas fuerzas rifeñas, sin agua y casi sin munición. Finalizaría esta gesta con aquel mensaje que recibieron asombrados e impotentes en Annual, justo antes de iniciar la penosa retirada: “Solo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlas. Y al duodécimo disparo fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición”

Es también cuando el Regimiento Alcántara,al mando del teniente coronel Fernando Primo de Rivera, brilla con luz propia cargando repetidamente contra el enemigo, sacrificando casi todos sus hombres (más del 80%)[73], para proteger la retirada en las zonas de Dar Drius y Batel. Primo de Rivera inspiraría con temple y valor a sus oficiales poco antes de una de las gestas más sublimes de la historia del ejército español:

“La situación, como ustedes verán, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la patria, cumpliendo la sagradísima misión de nuestra Arma. Que cada uno ocupe su puesto y cumpla con su deber”.

La noticia de la caída de Annual se extendió como la pólvora provocando el levantamiento masivo en toda la margen izquierda del Kert, cayendo Nador y cortándose la comunicación con Melilla, dejando atrapado al general Navarro en Monte Arruit. El 8 de agosto recibió el permiso para capitular a pesar de que Abd el-Krim había comunicado a Berenguer su incapacidad para garantizar la seguridad de la retirada[74]. Navarro rindió la posición y los rifeños le permitieron salir de Monte Arruit abandonado armas, municiones y artillería, que caerían en poder de los insurgentes pero, como fue práctica habitual de los rifeños durante otras situaciones similares, traicionaron su palabra y la columna de Navarro fue prácticamente aniquilada[75].

 

Figura 5: Carga del Regimiento Alcántara por Ferrer Dalmau

Conclusiones

Las campañas militares en el Protectorado de Marruecos se caracterizaron por la asimetría y la irregularidad en la forma de combatir.

El Reglamento Táctico de 1914 era insuficiente, a pesar de la importancia de la instrucción individual, seguía considerando la superioridad numérica y de potencia de fuego y el control del territorio los elementos definitivos, aumentando la dependencia de este y de las líneas de suministro.

La ausencia de una verdadera inteligencia militar no permitió conocer el estado anímico de una sociedad tradicionalmente conflictiva, así como las motivaciones y objetivos al combatir.

Se  hizo caso omiso de las valiosas reflexiones de Bermúdez de Castro, Martín García, Gómez Souza y Gómez Jordana. 

Finalmente se puede establecer que en aquella época también existía un acervo de conocimiento sobre guerra irregular basado en experiencias propias como la del Barranco del Lobo y en las de otros ejércitos como el británico en la campaña de Mesopotamia durante la Primera Guerra Mundial.

Si estas experiencias, reflexiones y comprensión de la singularidad del escenario rifeño, se hubieran incorporado a la doctrina militar, quizá el Desastre de Annual hubiera sido bastante más limitado, o incluso totalmente evitado.

 

Joaquín Pellicer es Capitán de la Guardia Civil

 

Referencias:

Alonso Baquer, M., (1990). Los intelectuales y la estrategia. En M. Alonso Baquer, A. de Querol Lombardero y M. Kutz, Clausewitz y su entorno intelectual: Kant, Guibert, Fichte, Moltke, Schlieffen, Lenin.Monografías del CESEDEN, 1. Madrid: Ministerio de Defensa, pp. 9-12.

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[1] Cassinello Pérez, A. (1966), Operaciones de guerrillas y contraguerrillas. Madrid: Compañía Bibliográfica Española, p. 9.

[2] Díez-Alegría Gutiérrez, M. (1973), Ejército y sociedad. Madrid: Alianza, p. 109.

[3] Alonso Baquer, M., (1990). Los intelectuales y la estrategia. En M. Alonso Baquer, A. de Querol Lombardero y M. Kutz, Clausewitz y su entorno intelectual: Kant, Guibert, Fichte, Moltke, Schlieffen, Lenin.Monografías del CESEDEN, 1. Madrid: Ministerio de Defensa, p. 12.

[4] Lawrence, T. E. (2007). Los siete pilares de la sabiduría. Barcelona: Ediciones B, p.272.

[5]Cassinello Pérez, A. (2016), El ejército español en Marruecos. Organización, mandos, tropas y técnica militar. En M. Aragón Reyes (dir.), El Protectorado español en Marruecos: la historia trascendida. Madrid: Iberdrola, vol. III, p. 279. Lawrence también se hace eco de esta doctrina europea en su obra, Lawrence, Op. Cit. p. 272.

[6] Puell de la Villa, F. (2005). Historia del Ejército en España. Madrid: Alianza, p. 93.

[7] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 287.

[8] Ministerio de la Guerra (1914). Reglamento Táctico de Infantería. Toledo: Imprenta de María Cristina, p.50.

[9] Reglamento, Op. Cit., p. 51.

[10] Lawrence, Op. Cit. p. 272.

[11] Reglamento, Op. Cit., p. 140.

[12]Ibídem, p. 141.

[13] Lawrence, Op. Cit. p. 275.

[14] Lawrence, Op. Cit. p. 268; Cassinello Pérez (1966), p. 200; Reglamento, Op. Cit., p. 143.

[15] Reglamento, Op. Cit., p. 12.

[16]Ibídem.

[17] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 285.

[18] Reglamento, Op. Cit., p. 11.

[19]Ibídem.

[20]Ibídem, p. 12.

[21] Lawrence, Op. Cit., p. 478.

[22]Ibídem.

[23] Reglamento, Op. Cit., p. 12; 142.

[24]Ibídem, p. 9; 12.

[25]Ibídem.

[26] Puell, Op. Cit., 81

[27] Lawrence, Op. Cit., p. 270.

[28] Atienza Peñarrocha, A. (2012). Africanistas y junteros: el Ejército Español en África y el oficial José Enrique Valera Iglesias. Tesis doctoral inédita, Universidad Cardenal Herrera-CEU, Valencia, p. 107.

[29] Explotadas por la “Compañía Española de Minas del Rif, en cuyo Consejo de Administración figuraban prohombres de la política española como el conde de Romanones” (Cassinello, 2016: 293).

[30] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 294.

[31]Ibídem.

[32]Ibídem, p. 291.

[33] García Pérez, ápud Ibídem, p. 291

[34] Caballero Echevarría, F. (2013), Intervencionismo español en Marruecos (1898-1928): análisis de factores que confluyen en un desastre militar, “Annual”, Tesis doctoral inédita, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, p. 436.

[35] Lawrence, Op. Cit., p. 268.

[36] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 289.

[37] Martín García y Gómerz Souza, ápud Ibídem, p. 292.

[38] Lawrence, Op. Cit., p. 268-269.

[39] Martín García y Gómerz Souza, ápud Ibídem, p. 292.

[40] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 290-291.

[41] Lawrence, Op. Cit., p. 269.

[42] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 290-291.

[43]Ibídem, p. 292.

[44] Lawrence, Op. Cit., p. 274.

[45] Bermúdez de Castro, ápud Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 292.

[46] Lawrence, Op. Cit., p. 274.

[47]Ibídem, p. 478.

[48]Ibídem, p. 271; 478.

[49] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 292.

[50] Goltz, ápud en Lawrence, Op. Cit., p. 270.

[51] Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 292.

[52] Lawrence, Op. Cit., p. 268.

[53] Caballero Echevarría, Op. Cit., p. 431.

[54] Madariaga Álvarez-Prida, M. A. (2016), “El papel del Rif en el Protectorado: entre la colaboración y la resistencia”. En M. Aragón Reyes (dir.), El Protectorado español en Marruecos: la historia trascendida. Madrid: Iberdrola, vol. III, p.78.

[55]Ibídem, p. 216.

[56] Loureiro Souto, J. L. (2015), Los conflictos por Ceuta y Melilla: 600 años de controversia. Tesis doctoral inédita, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, UNED, p. 425.

[57] Caballero Echevarría, Op. Cit., p. 480.

[58] Loureiro Souto, Op. Cit., p. 421.

[59] Gómez Jordana, ápud Cassinello Pérez (2016), Op. Cit. p. 292.

[60] Ocho cambios de gobierno durante la I Guerra Mundial (Caballero Echevarría, Op. Cit., p. 310).

[61]Moreno, R. (2013), Annual 1921: the reasons for a disaster (Master of Military Studies Research Paper). Quantico: USMC Command and Staff College Marine Corps University, p. 10.

[62]Ibídem.

[63] Caballero Echevarría, Op. Cit., p. 357.

[64]Picasso González, J. (1931). Expediente Picasso: [resumen del Excmo. Sr. General de División Don J. Picasso González referente al expediente instruido por él con motivo del abandono de posiciones en el territorio de Melilla en los meses de julio y agosto]. Madrid: Morata, p. 9.

[65] En septiembre de 1915 el general Townshed, al mando del Ejército de La India, avanzó desde Basora sobre Ctesifonte, llegando también hasta el límite de elasticidad de sus fuerzas, siendo rechazado por las tropas turcas al mando del mariscal von der Goltz. Townshed se vio obligado a retroceder hasta la el poblado de Kut-al-Amara quedando sitiado, en la más lenta, larga y agónica de las humillaciones que haya sufrido el ejército británico (Lawrence, Op. Cit., p. 76).

[66] Picasso González, Op. Cit., p. 17.

[67] Moreno, Op. Cit., p. 12.

[68]Ibídem.

[69]Ibídem, p. 41.

[70] Loureiro Souto, Op. Cit., p. 429.

[71]Ibídem, p. 430.

[72]El General Silvestre después de dar la orden de retirada de Annual, se suicida o es abatido por las fuerzas rifeñas, nunca se sabrá, pues su cadáver jamás se encontraría.

[73] De los 685 efectivos del regimiento 583 resultaron muertos (fuente BOE nº 132, de 2 de junio de 2012)

[74] Loureiro Souto, Op. Cit., p. 431.

[75] Loureiro Souto, Op. Cit., p. 431; Moreno, Op. Cit., p. 41.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

 

 

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