División Panzer: Evolución durante la guerra

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Análisis GESI, 29/2017

Resumen: La división Panzer continuó la «guerra napoleónica con cuatro sistemas de armas», aunque de muy diversas formas. Esta adaptación durante la guerra tuvo mucho que ver con la innovación anterior a la guerra. La compleja estructura de los ejércitos exige un minucioso análisis de sus necesidades organizativas.

La actividad tangible de las unidades se articula en torno a las decisiones intangibles de sus comandantes. Una articulación efectiva del combate depende de la articulación del pensamiento mediante el lenguaje. Los sistemas de mando, adiestramiento y empleo táctico y la composición orgánica y operativa de las unidades constituyen aspectos estrechamente relacionados.

Introducción

El «punto culminante de la guerra moderna» con el que Jones califica la Segunda Guerra Mundial no se refiere solo a sus manifestaciones más llamativas: las victoriosas campañas de Polonia, Francia y Rusia, sino a todo el conflicto en su conjunto. Posteriormente la división Panzer continuó realizando la «guerra napoleónica con cuatro sistemas de armas», aunque de muy diversas formas.

Y esta adaptación durante la guerra no surgió de la nada, sino de las mismas condiciones que habían promovido el proceso de innovación anterior a la guerra. Tan necesaria es la capacidad de innovación como la capacidad de adaptación. Además, ambas capacidades se implican mutuamente.

Innovación durante el período de entreguerras

Mientras el carro tuviera limitada su velocidad al paso del hombre no pasaría de ser un arma auxiliar de la infantería y un complemento de la artillería. El advenimiento del carro rápido a principios de los años veinte abría nuevas posibilidades. Francia se centró en la maniobra táctica del batallón de carros en el marco de la división de infantería. Gran Bretaña dio un paso más, añadiendo la maniobra de la brigada de carros en cooperación con la división o cuerpo de infantería. Ambos países estaban poco dispuestos a impulsar el carro rápido al siguiente nivel de maniobra, el de las grandes operaciones con un efecto estratégico directo, implicación explotada por los alemanes y los soviéticos. (Todas las notas: Gudmundsson, 2004; 65)

¿Por qué unos fueron capaces de ver en el carro rápido un instrumento adecuado para las grandes operaciones y otros no? Los franceses y los británicos solo consideraban dos niveles de la guerra: estratégico y táctico. Los alemanes y los soviéticos habían empezado a considerar un nivel de la guerra intermedio en el que resultaba decisiva la maniobra de ejércitos completos (65) y en el que se podían emplear como “arma” las necesidades logísticas del adversario.

Los alemanes utilizaban el término operativ para describir esas “grandes operaciones”, pero se resistían a condensar el arte de la guerra en una doctrina formal. La doctrina soviética incluía explícitamente un “nivel operacional”, en el que se practica el “arte operacional”. (65)

El Tratado Versalles dejaba a Alemania con un reducido y anticuado ejército. Sin capacidad para derrotar a los polacos en campo abierto, recurrieron a la “resistencia retardada”: un retardo a gran escala con propósitos estratégicos para impedir la destrucción del grueso de su ejército o la captura de una parte vital de su territorio, dando tiempo a la intervención de alguna potencia extranjera en favor de Alemania. (66)

En el contexto de las divisiones de infantería y caballería a caballo, sus escasas unidades motorizadas defenderían ciertas zonas, realizarían acciones de retardo locales y liderarían ataques preventivos u ofensivas a pequeña escala. Como estas divisiones solo disponían de un batallón motorizado, sus acciones tenían que realizarse en el marco de los batallones tradicionales, como reserva móvil para intervenir en momentos o lugares en los que grueso no motorizado padeciera una crisis o cuando tuviera la oportunidad de realizar una acción decisiva. Esta intervención podía consistir en un ataque independiente de flanco, la inmediata ocupación de un terreno clave o el rápido refuerzo a unidades en contacto. (66)

Siguieron con mucho interés la evolución de los carros en el extranjero, pues cualquier invasor dispondría de ellos. Eran conscientes de que los carros tendrían algún día unos atributos muy útiles para la resistencia retardada y otras formas de maniobra operacional. Mientras esperaban esta evolución técnica iniciaron tres caminos paralelos: una discusión abierta en libros y revistas sobre la mejor forma de emplear los carros; un programa semiclandestino para formar unidades de vehículos y armas distintas a los carros; y una empresa secreta –con ayuda de suecos y soviéticos– para adquirir prototipos de carros y formar oficiales para sus futuras unidades de carros. (67)

Los alemanes consideraban que ya disponían de los medios necesarios para perforar la posición defensiva enemiga en toda su profundidad. Dónde el arte de guerra alemán necesitaba ayuda era en la oportuna explotación de la victoria táctica para impedir que el ejército derrotado estableciera una nueva línea de defensa. (67)

Mientras maduraba la tecnología para que unos carros muy armados y acorazados adquirieran la movilidad de los carros ligeros, centraron su atención en otros elementos de su fuerza acorazada: infantería motorizada, vehículos de reconocimiento acorazado, tropas motociclistas y armas contracarro motorizadas. (68)

La fabricación de prototipos de carros ligeros en Suecia y las pruebas realizadas en la Unión Soviética tuvieron unos resultados frustrantes. En cambio, su programa de adiestramiento en este país para obtener mandos de unidades de carros y expertos técnicos tuvo mucho éxito. (72)

El diseño de los carros debía estar en consonancia con su previsible empleo: ¿un solo tipo de carro para todo nivel de empleo, un tipo de carro para cada nivel de empleo o unidades mixtas de varios tipos para cualquier nivel de empleo? Si hubiera que mezclarlos con otras armas: ¿a qué nivel?, ¿en qué proporción?, ¿con qué movilidad? No obstante, inicialmente solo podrían fabricar carros baratos y, por tanto, ligeros.

Con el ascenso de Hitler al poder en 1933 y el repudio del Tratado de Versalles, llegó el momento de sacar fruto de esta labor previa. El Jefe del Estado Mayor General, Beck, tenía que responder a esas preguntas para organizar las Panzertruppen. Influido por la predisposición alemana a reservar estas fuerzas para la explotación operacional, por la Brigada de Carros británica (compuesta solo por carros ligeros; sus batallones independientes de carros pesados se asignaban a las divisiones de infantería atacantes) y por el fracaso de la industria alemana para fabricar un aceptable carro medio, la brigada de carros alemana de 1935-40 era una copia de la Brigada de Carros británica. (74)

Resulta difícil determinar si consideraba al carro ligero un sucedáneo temporal del futuro carro medio, un vehículo auxiliar o una forma de economizar los carros medios existentes. Terminó formando una compañía de carros mixta con secciones de carros ligeros y medios. Aunque los franceses y los soviéticos tenían varios tipos de carros, no los mezclaban en escalones inferiores a brigada: sus batallones tenían un solo tipo de carros. (74)

De los británicos copió –además de la brigada solo con carros– su concepto de carro de apoyo próximo para enfrentarse a los cañones contracarro con granadas rompedoras o fumígenas de elevado calibre, aunque no para liberar a las unidades de carros de la necesidad de cooperar con la artillería, como defendían los carristas radicales. Beck consideraba conveniente que una parte de los carros medios estuvieran armados con alguna clase de obús. También imitó el empleo británico del escalón brigada como base para formar unidades de mayor entidad, considerando innecesaria una unidad de un solo arma superior a brigada o una unidad de varias armas de entidad inferior a división. (74)

Beck organizó un ejercicio de puestos de mando para analizar la mejor forma de integrar las fuerzas motorizadas en el conjunto del ejército. Junto a los cuerpos de ejército de infantería había un cuerpo acorazado de tres divisiones acorazadas, compuesta cada una por dos brigadas acorazadas y una brigada de infantería motorizada. Durante la primera fase del ejercicio –una potente contraofensiva– las brigadas de carros fueron agregadas a los cuerpos de infantería; para la explotación del éxito, volvieron a su cuerpo orgánico. Esta flexibilidad organizativa reflejaba la visión de Beck: permitía organizar fácilmente diversas formaciones motorizadas para distintas operaciones, incluidas las campañas decisivas de movimiento rápido tan apreciadas por los alemanes. Se resistía a adoptar una organización que obligara a realizar una estrategia defensiva con un ejército diseñado para operaciones ofensivas. Buscaba la versatilidad necesaria para reaccionar a una invasión u otra crisis internacional. Se proponía elaborar planes de guerra que incluyeran maniobras defensivas y de retardo, como también campañas ofensivas de movimiento rápido. (75)

Finalizado el ejercicio, resolvió disponer de un solo tipo de batallón de carros para enmarcarlo en la división Panzer u otras estructuras organizativas. Dos tercios del batallón serían carros medios, capaces de enfrentarse a otros carros. Un tercio serían auxiliares del “carro contracarro”: carros de exploración con ametralladora y carros de apoyo próximo con obús. (78)

El plan de expansión pretendía formar 48 batallones de carros: 12 para las tres divisiones Panzer; los 36 restantes formando nueve brigadas, operativamente independientes, orgánicamente asignadas a los nueve cuerpos de ejército. Las formaciones rápidas incluirían también cuatro “divisiones ligeras” (con un solo batallón de carros) y cuatro divisiones de infantería motorizada. Las brigadas de carros independientes podrían formar divisiones acorazadas ad hoc, ser empleadas como unidades independientes o fraccionarse en regimientos y batallones independientes. Bajo ningún concepto –insistía Beck– los batallones de carros encuadrados en la división Panzer se tomarían como criterio para juzgar su equipo, organización o adiestramiento. (79)

El batallón de carros polivalente proporcionaba mucha flexibilidad: podría ser transferido de un tipo de división a otro y no ligaba su organización a ninguna clase de estrategia. Este ejército acorazado de élite era una versión mejorada del ejército alemán de la Gran Guerra compatible con estos batallones de carros, agregados a divisiones de infantería o caballería motorizada, agrupados en brigadas dependientes de cuerpo de ejército, utilizados para reforzar divisiones Panzer o agrupados en regimientos o brigadas acorazadas como núcleos para formar divisiones acorazadas ad hoc. La única función que no podrían realizar era la de los carros ligeros de infantería que franceses y soviéticos subordinaban a sus regimientos y batallones de infantería en pequeñas dosis. (79)

Beck también formó bloques básicos de otras unidades motorizadas: batallones, regimientos y brigadas de infantería, batallones y regimientos de artillería, batallones y regimientos de reconocimiento, batallones de ingenieros, batallones contracarro y batallones de transmisiones. Su función era cooperar directamente con las unidades de carros en el marco de la división acorazada, aunque no todos estaban asignados a las divisiones Panzer. (80)

La brigada Schutzen (infantería motorizada de la división Panzer) estaba especialmente organizada y adiestrada para trabajar con una brigada de carros. Tenía un regimiento de dos batallones de infantería y un batallón de motoristas. Tres de estas  brigadas estaban asignadas a las divisiones Panzer. Las seis brigadas independientes restantes estaban agrupadas en una reserva de ejército y para formar “divisiones ligeras” (caballería motorizada). (80)

Beck distinguía las brigadas Schutzen de las divisiones de infantería motorizada. Las primeras, formadas mediante la motorización de la infantería y la caballería a caballo, estaban asociadas a la guerra acorazada. Las divisiones de infantería motorizada eran similares a las francesas y casi idénticas en organización, armamento y capacidades tácticas: tres regimientos de infantería ordinaria montada en vehículos para rápidos desplazamientos a retaguardia del frente, con una distinción neta entre el movimiento operacional en camión y el movimiento táctico a pie. Incluso consideró temporalmente la conveniencia de agrupar la mayoría de los camiones de estas divisiones en el escalón de mando más adecuado para poder retirarlos de una división y asignarlos a otra. (81)

Para la Campaña de Polonia los alemanes dispusieron de quince divisiones rápidas (siete acorazadas) distribuidas entre las 45 divisiones a pie. Aunque integradas algunas en cuerpos de infantería, diez se encontraban físicamente concentradas en el Schwerpunkt. Lograda la ruptura inicial, once se integraron en cuerpos de ejército completamente motorizados. Esta organización se correspondía con la propuesta en los trabajos de Guderian anteriores a la guerra: todos los carros se encontraban en batallones de carros, todos estos en divisiones rápidas y estas formando parte de cuerpos de ejército casi completamente motorizados. (83-87)

Adaptación durante la guerra

La Blitzkrieg no era una fórmula: una elaboración institucional aplicada de forma consciente como un sistema normalizado. Las diferencias entre las distintas campañas manifiestan que fue resultado de una rápida adaptación a distintos niveles. (83)

Finalizada la campaña polaca, la Werhmacht sufrió una transformación. Se formaron varios cuerpos de ejército completamente motorizados. Las cuatro divisiones ligeras fueron transformadas en divisiones Panzer. Las diez divisiones acorazadas resultantes conservaron sus cuatro batallones de carros y adquirieron un segundo regimiento de infantería, con un total de cuatro batallones en camión y uno en motocicletas. Esto les proporcionaba mayor autonomía para operar en terreno quebrado y atacar fortificaciones de campaña. Las cuatro divisiones motorizadas, aumentadas a seis, perdieron un regimiento de infantería para obtener una formación más manejable y compacta. (88)

Estas reformas y la red de carreteras de Francia y los Países Bajos –la más moderna y densa del mundo– redujeron la necesidad de divisiones a pie para escoltar a las divisiones rápidas en el quebrado terreno de las Ardenas. El cruce inicial de la frontera por unidades de infantería a pie, formando un frente casi compacto, proporcionó a estas la ventaja necesaria para seguir el ritmo de las tropas motorizadas. Además, la ofensiva en amplio frente impidió a los defensores concentrarse contra las unidades rápidas y economizó el empleo de estas, críticas para el éxito y, a la vez, relativamente escasas. (89)

Para el cruce del Mosa las divisiones Panzer emplearon unidades distintas a los batallones de carros: batallones de infantería, de zapadores, de cañones antiaéreos y contracarro, y una respetable fuerza de artillería. Los carros se empeñaron una vez que la brigada de infantería motorizada que formaba el esfuerzo principal de cada división Panzer estableció una cabeza de puente, muy de acuerdo con las predicciones de los teóricos alemanes: la masa de carros solo debía empeñarse después de que la infantería y la artillería hubieran abierto la brecha inicial. El papel de los carros no era abrir brechas, sino explotarlas. (90)

Otros ejércitos aprendieron de la Campaña del Oeste la superioridad del carro, y se pusieron a aumentar su producción. El ejército alemán aprendió tanto las posibilidades de las formaciones completamente motorizadas como las limitaciones del carro, y se centró en las armas que cooperaban con los carros en el marco de la división Panzer o cuerpo motorizado. Esto permitiría operar de una forma visualizada solo por los más fervientes partidarios de la guerra móvil. El futuro del carro estaba en el marco de una división de armas combinadas completamente motorizada, integrado con otras armas a nivel pequeña unidad. (95)

La reorganización de la Wehrmacht para la campaña rusa de 1941 duplicó las divisiones Panzer, reduciendo su dotación de carros. El paso de diez a veinte divisiones solo fue acompañado por un incremento de 2.100 a 3.000 carros. Los cuatro o tres batallones de carros por división sumaban 210-150 carros. Sin embargo, aumentó su potencia de combate, aproximándose al objetivo de Beck de dos tercios de carros medios contracarro, a costa de los carros ligeros. (96)

Esta reducción de carros ligeros se vio compensada por un aumento de vehículos acorazados para transportar a la infantería que acompañaba a los carros, una compañía o batallón por división. Cada compañía de infantería mecanizada disponía de 18 vehículos acorazados y 20 ametralladoras, con capacidad para desembarcar tres secciones de fusiles y la asignación estándar de armas pesadas de compañía. Esta compañía podría desempeñar las misiones de la compañía de carros Panzer I y, además, realizar muchas cosas que los carros ligeros serían incapaces de hacer –atacar partidas enemigas ocultas en bosques o aldeas, proporcionar seguridad a los carros en terreno quebrado, neutralizar cañones contracarro, cruzar ríos y formar de cabezas de puente–, proporcionando mayor libertad de maniobra a la división Panzer. (96-97)

Las divisiones motorizadas aumentaron de seis a catorce. Cada una disponía de siete batallones de infantería –seis en camiones y uno en motocicletas­–, tres grupos de artillería y un batallón contracarro. Las divisiones motorizadas complementaban a las divisiones Panzer, realizando para estas –en el marco del cuerpo acorazado– lo que brigada de infantería de la división Panzer hacía para el regimiento de carros (tendieron a eliminar el escalón brigada). En terreno inadecuado para la división Panzer, la división motorizada ocuparía su lugar, liberando a la primera para su empleo en otro lugar. Cuando la división Panzer se encontrara en vanguardia explotando una oportunidad, la división motorizada permitiría a la anterior centrarse en el cometido que tenía por delante, más que preocuparse de los peligros que dejaba detrás. (97-98)

Para esta función podría parecer razonable la proporción de divisiones de infantería motorizada y divisiones Panzer en comparación con las campañas anteriores: 4/10 en la campaña polaca;  6/10 en la campaña francesa; y 14/20 en la campaña rusa. Pero si se compara con las distancias que tendría que recorrer un cuerpo motorizado en Rusia, este aumento de divisiones motorizadas resulta menos impresionante. Después de todo, cuanto más a vanguardia fueran destacadas las divisiones Panzer, mayor sería el intervalo entre estas y las divisiones a pie. Y cuanto mayor fuera este intervalo, mayor sería la cantidad de cometidos que solo una formación completamente motorizada podría desempeñar. (98)

En las fases iniciales de la campaña rusa, las divisiones Panzer progresaron muy a vanguardia de las unidades a pie. La brecha entre estas y la lenta infantería a pie era un regalo de tiempo para enérgicos comandantes soviéticos. Pasado el peligro y encontrándose la siguiente oleada de fuerzas alemanas a días de distancia, podrían preparar sus defensas, escapar del cerco que los alemanes estaban intentando formar o retirarse al fondo de la bolsa. Las divisiones de infantería a pie alemanas todavía tendrían que enfrentarse a considerables fuerzas soviéticas. A veces esto obligaba a las divisiones Panzer a reducir su ritmo de progresión o volver hacia atrás para socorrer a la infantería. Como el éxito se basaba en un elevado ritmo de operaciones, estos retrasos eran desastrosos. Divisiones de infantería motorizada adicionales habrían sido muy adecuadas para interferir estas reacciones soviéticas. (98)

Frustrados los planes alemanes de decidir el conflicto antes de la llegada del invierno, tuvieron que afrontar serios problemas: aunque las tácticas soviéticas resultaban ineficaces, su resistencia era muy tenaz; el T-34 ruso era muy superior a cualquier carro alemán, aunque de momento los empleaban en grupos reducidos de unos cinco carros; la proliferación de armas contracarro. (101)

Las soluciones adoptadas fueron: instalar coraza adicional y un cañón contracarro en el Panzer IV; impulsar la producción del Panther, superior al T-34; aumentar la proporción de armas contracarro; y, sobre todo, mezclar unidades de carros e infantería en escalones de mando más bajos. (101-102)

Las nuevas divisiones Panzer serían más pequeñas pero estarían mejor armadas. Se fusionó el batallón de motoristas y el de reconocimiento en las divisiones Panzer y de infantería motorizada. Los carros ligeros se reservarían para cometidos especializados. El grueso de los carros serían Panzer III/IV, con mayor coraza y cañones más potentes (50 y 75 mm), aunque inferiores al T-34. La mayoría de las divisiones Panzer dispondrían de dos batallones de carros. La infantería motorizada perdía fuerza: además de desaparecer el batallón motorista, los restantes batallones de infantería quedaron muy mermados (cuatro en la división Panzer; seis en la división motorizada). (103)

Esta reducción de fusileros aumentó la proporción de armas pesadas. Los cañones contracarro remolcados de 37 mm de los batallones contracarro fueron sustituidos por otros de 50 y 75 mm, muchos de ellos autopropulsados. Los batallones antiaéreos pasaron a ser orgánicos de las divisiones Panzer. Sus cañones de 88 mm reforzaban la capacidad contracarro. A finales de 1942 había tantas armas contracarro que tuvieron que revisar profundamente el empleo de las divisiones Panzer. La esencia del cambio fue descender el escalón de mando en el que los carros cooperaban con las otras armas en la división Panzer. (103-104)

Esto no suponía ninguna novedad para los alemanes. Su capacidad para combinar las armas mediante una estrecha cooperación era la envidia de los observadores extranjeros. Capacidad muy relacionada con Auftragstaktik, su filosofía de mando: los subordinados debían hacer todo lo que exigiera la situación, resolver los problemas con los recursos disponibles, incluso aunque estos recursos pertenecieran a una unidad o arma diferente. Esto fomentaba la formación de variados agrupamientos tácticos. Tradicionalmente los oficiales alemanes estaban predispuestos a mandar unidades ad hoc de todas las armas –de entidad brigada– con misiones independientes. (104)

Antes de 1942 las divisiones Panzer habían sentido poca necesidad de mezclar la brigada de carros y la brigada Schützen. Cada brigada tenía su propio eje de progresión, de forma que una pudiera separarse de la otra. En cada brigada, unos regimientos y batallones de la misma arma cooperan entre sí y con la artillería, los ingenieros y las armas contracarro. Ocasionalmente, las unidades de carros recibían agregadas compañías de infantería mecanizada. Otras veces, compañías de carros eran agregadas a los regimientos de infantería motorizada. La única regla general era que los carros siempre combatían como compañías. A partir de 1942 se rompió definitivamente la barrera entre los carros y la infantería en la división Panzer, con la sustitución casi universal del regimiento o brigada de una sola arma por agrupamientos de combate de todas las armas. (104-106)

La cooperación interarmas ya no era cuestión de divisiones y brigadas operando adyacentes. Algunas propuestas favorecían la cooperación directa y frecuente entre batallones y compañías de diferente tipo. La distinción entre divisiones acorazadas y de infantería motorizada dejaría de ser tajante. Más que formaciones con capacidades definidas, sus diferencias se reducirían para convertirse en cuestión de énfasis y proporción. Ambas clases de división se compondrían de una mezcla de brigadas acorazadas y mecanizadas. La brigada acorazada tendría buena cantidad de carros y suficiente infantería para protegerlos de amenazas próximas. La brigada de infantería motorizada contaría con suficiente cantidad de carros para apoyar directamente a la infantería. (110)

Estas propuestas se abrieron paso en la estructura de las fuerzas motorizadas alemanas en 1944. Se autorizaron “batallones de carros” (en realidad cañones de asalto) en la mayoría de divisiones de infantería motorizada, reduciendo las diferencias entre los dos tipos de división. La división Panzer disponía de dos batallones de carros y cuatro batallones de infantería motorizada, y el resto de sus elementos tendía a disponer de vehículos acorazados. La división de infantería motorizada disponía de un “batallón de carros” y seis batallones de infantería motorizada, pero sus restantes elementos montarían en vehículos de ruedas. (110)

Durante la etapa final de la guerra se llegó a una asociación incluso más estrecha entre la infantería mecanizada y los batallones de carros. Los dos experimentos del último año giraron en torno al emparejamiento de un batallón carros y un batallón de infantería. En la “brigada acorazada independiente”, este emparejamiento constituía el grueso de la organización, completado con una compañía de zapadores y los servicios correspondientes. (111)

En la “división Panzer Tipo 1945” este emparejamiento sería el núcleo de la formación, al que se sumarían un batallón de cañones de asalto, cuatro batallones de infantería motorizada y los apoyos de combate y logísticos correspondientes. Aunque el primero fue un rotundo fracaso y el segundo no llegó a implementarse, estos experimentos reflejaban una situación que los hombres del frente comprendían desde hacía tiempo: el carro solo podría realizar adecuadamente sus cometidos en el campo de batalla si cooperaba estrechamente con las otras armas. (111)

En este sentido, resulta llamativa la enorme disparidad entre los distintos ejércitos: a los británicos les costaba mucho combinar las armas a cualquier nivel; los franceses lo hacían a todos los niveles, pero de forma muy rígida; los soviéticos solo podían hacerlo a niveles muy elevados. Únicamente los alemanes estaban generalmente capacitados para variar el nivel de combinación o realizarla a varios niveles simultáneamente para adaptarla a la situación.

Estructuras orgánicas y operativas

La compleja estructura de los modernos ejércitos obliga a realizar un minucioso análisis de sus necesidades organizativas. No son las mismas a todos los niveles. Depende del carácter de las operaciones, de la clase de terreno y del tipo de unidad. Cualquier opción tiene ventajas e inconvenientes. Las distintas soluciones, a diversos niveles y para distintas funciones, mantienen entre sí unas relaciones muy interactivas.

Una de las cuestiones más relevantes es la diferencia entre unidad orgánica y operativa. La primera hace referencia a las posibilidades de adiestramiento, y –para facilitarlo– sus características principales son la proximidad en el espacio y la continuidad en el tiempo. La segunda hace referencia a las posibilidades de empleo, y su característica fundamental es la adaptación a las necesidades específicas de la situación concreta. Existe una estrecha relación entre adiestramiento y empleo de las unidades: el empleo que se pueda hacer de ellas estará condicionado por el adiestramiento que hayan recibido; por otro lado, este adiestramiento solo mejora empleando las unidades, aunque solo sea en ejercicios simulados. Sin embargo, las características requeridas para una y otra pueden ser contradictorias. De esta situación surge el dilema de apoyarse más en las estructuras orgánicas o en las estructuras operativas.

En los escalones más bajos esta dicotomía tiende a disminuir, hasta desaparecer en la unidad básica de empleo. A este nivel los requisitos de estabilidad y proximidad para facilitar el adiestramiento son asequibles y, por definición, las necesidades de adaptación mínimas. El pelotón de fusiles, la sección de vehículos, la batería…, como unidades básicas, apenas requieren cambios en su organización interna para adaptarse a cada situación. Y esos modestos cambios se ven facilitados, principalmente, por los lazos sociales formados mediante su adiestramiento en común.

A niveles superiores, las necesidades de adiestramiento no exigen elevado grado de familiaridad ni confianza entre todos los componentes de la unidad, sino solo entre los individuos que deben interactuar de forma directa: cada mando con sus subordinados inmediatos. Sin embargo, la necesidad de mezclar unidades orgánicas subordinadas con objeto de formar unidades operativas adaptadas a la situación obliga a un adiestramiento previo para que los escalones inferiores adquieran cierta familiaridad y confianza mutua.

Por esta razón –y por razones administrativas– existen unas unidades de empleo táctico y gestión de cierta entidad, independientemente del arma, tipo de unidad... Esta entidad varía entre batallón –con mayor acento en el empleo táctico– y regimiento (que agrupa varios batallones) –con mayor acento en la gestión administrativa–.

Para desempeñar su función específica en el conjunto de la unidad superior, estas unidades requieren cierta autonomía. Disponen, para ello, de variadas unidades subordinadas. En el caso de las unidades de combate ligeras (especializadas en el combate próximo a pie), normalmente disponen de unidades subordinadas homogéneas –que caracterizan al conjunto de la unidad– y de otras heterogéneas que aumentan alguna capacidad específica, en apoyo general al conjunto de la unidad o en apoyo directo a una unidad subordinada. En este segundo caso puede requerir su agregación a la unidad subordinada, lo cual supone una mezcla de unidades.

Tanto en caso de un apoyo que no modifique la estructura de mando como en caso de agregación, si esta mezcla o interacción se realiza dentro de las pequeñas unidades (batallón o regimiento) y estas permanecen en un mismo lugar en el tiempo, las contrapuestas necesidades de adiestramiento y empleo táctico no encontrarán dificultades. Esto es muy importante para las unidades ligeras, en las que esta mezcla de unidades puede relacionar de forma temporal una escuadra al mando de un cabo con un jefe de pelotón de otra compañía.

Esta mezcla de unidades a tan bajo nivel deja de ser habitual en las unidades pesadas (que combaten sobre vehículos a mayores distancias), pues en estas la menor unidad de empleo es la compañía, que normalmente no mezcla sus secciones. Por este motivo, y para facilitar su adiestramiento, mantenimiento, etc., los batallones de combate sobre vehículos suelen ser homogéneos: batallones de carros, batallones mecanizados... Por motivos equivalentes, también las unidades de empleo de otras armas. Los grupos de artillería normalmente disponen de un solo tipo de pieza para aprovechar las peculiares características del fuego indirecto. Los batallones de zapadores suelen disponer de un solo tipo de medio de transporte, por las homogéneas características del escalón brigada.

La mezcla de unidades orgánicas y homogéneas más radical y compleja, para formar estructuras operativas, es la que combina medios de combate a pie y medios de combate sobre vehículos. Aquí se da una diferencia esencial según que el grueso de la unidad esté enfocado hacia una u otra clase de combate. En el caso del combate a pie, las unidades de vehículos normalmente siguen las vicisitudes que hemos contemplado para las armas colectivas portátiles, puesto que serán empleadas en combate próximo, lo cual supone un elevado grado de descentralización.

En el caso del combate sobre vehículos, las unidades de combate a pie que participen desembarcadas lo harán en el marco del combate a mayor distancia entre vehículos y, por tanto, con un grado de centralización poco habitual para las unidades a pie. El ejemplo más claro lo proporcionan las unidades mecanizadas. Será muy frecuente que los fusileros desembarcados y los vehículos de combate de infantería realicen combates separados, especialmente en terrenos más aptos para estos últimos. Sin embargo, estos combates pueden estar muy relacionados.

Las radicales diferencias entre el combate próximo a pie y el combate a distancia entre vehículos determinan que el menor escalón en el que se da esta dicotomía normalmente no sea inferior a brigada. Esto obliga a disponer de dos tipos básicos de brigada: unas especializadas en el combate próximo y otras especializadas en el combate acorazado. Normalmente las primeras se componen de batallones homogéneos, a diferencia de las segundas. El combate acorazado es incapaz de anular la necesidad del combate próximo. Por eso estas brigadas deben estar compuestas por dos tipos de unidades que deben trabajar de forma muy estrecha: batallones de carros y batallones de infantería. Aunque no es imprescindible que estos últimos estén dotados de vehículos de combate, sí lo es que dispongan de una movilidad y protección frente al fuego indirecto similar a la de los carros. La única diferencia es que en el primer caso los propios vehículos podrán influir en el combate acorazado y en el segundo no.

Un tema relacionado es la proporción idónea entre unidades de carros y mecanizadas en las brigadas acorazadas orgánicas. Aunque la tendencia desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad ha sido la de establecer dos tipos de brigadas para el combate sobre vehículos: acorazada –con mayor proporción de batallones de carros– y mecanizada –con un solo batallón de carros–, esta asimetría casi siempre quedaba anulada a nivel división. Si, por ejemplo, establecemos que la brigada acorazada se compone de dos batallones de carros y uno mecanizado, y la brigada mecanizada de dos batallones mecanizados y uno acorazado y juntamos dos de las primeras y una de las segundas para formar una división acorazada, nos encontramos con que esta dispone de cinco batallones de carros y cuatro batallones mecanizados; prácticamente la misma proporción que una división mecanizada compuesta por dos brigadas mecanizadas y una brigada acorazada: cinco batallones mecanizados y cuatro batallones de carros.

Al pasar de una organización basada en la división a otra basada en la brigada, se ha dejado de percibir este hecho: ahora la proporción entre batallones de carros y batallones mecanizados en la gran unidad elemental no es casi simétrica, sino más bien asimétrica: dos a uno. El enemigo puede poner a estas unidades ante un difícil dilema: frente a una brigada acorazada, tratará de plantear una situación en la que lo decisivo sea el combate próximo; frente a una brigada mecanizada, tratará de plantear una situación en la que lo decisivo sea el combate sobre vehículos. Frente a estos dos tipos de brigadas, una brigada equilibrada en carros y fusileros dispondrá de enormes ventajas.

Desde el punto de vista de la Segunda Guerra Mundial esta situación contraviene prácticamente toda la experiencia sobre la guerra acorazada. El empleo táctico de las unidades pesadas no ha variado de forma esencial en los últimos setenta y cinco años y, como dice Corum, «la división Panzer no fue un concepto original porque tuviera gran cantidad de carros, sino porque combinaba carros, infantería, artillería, zapadores y unidades de apoyo en una fuerza equilibrada y autosuficiente de elevada movilidad. Fue efectiva precisamente porque constituía una fuerza de armas combinadas que empleaba todas sus armas, no solo los carros, con la máxima efectividad». (Corum, 1992; 202)

La relación idónea es una proporción equilibrada entre carros y fusileros a nivel brigada, que podríamos llamar con propiedad brigada acorazada, compuesta por dos batallones de carros y dos batallones mecanizados. Esta organización facilita la formación de agrupamientos tácticos a cualquier nivel, sin necesidad de mezclar elementos de diferentes unidades administrativas. Si esta brigada se compone de dos regimientos mixtos (formado cada uno por un batallón de carros y un batallón mecanizado), se pueden realizar prácticamente todas las mezclas relevantes sin necesidad de que sus elementos pasen a depender de otra unidad administrativa (regimiento).

Además, esta organización permite emplear el regimiento como escalón de mando táctico eventual para la formación de agrupaciones tácticas, tanto en el marco de la brigada como para llevar a cabo un cometido con cierta autonomía, para lo cual puede recibir refuerzos de aquella. Esto no supone nada extraño a la práctica actual. Se puede constituir el regimiento en escalón táctico, con especiales responsabilidades en materia de adiestramiento, mediante un sistema similar al de los regimientos de caballería ligero-acorazada, aunque perteneciendo todos los apoyos orgánicamente a los batallones.

Como dice Gudmundsson: «A finales de 1942 había tan gran cantidad de estas armas [contracarro], que los alemanes tuvieron que revisar de forma radical el empleo de las divisiones acorazadas. El elemento esencial de este cambio fue rebajar el escalón en el que los carros cooperaban con las otras armas en el marco de la división acorazada». (Gudmundsson, 2004; 104)

En realidad, esta práctica había comenzado antes: «Inmediatamente después de la ruptura de Sedan, la 1ª División Panzer reestructuró sus brigadas –acorazada y motorizada– en dos organizaciones casi idénticas, cada una con dos batallones de carros, dos batallones de infantería y la proporción correspondiente de artillería, zapadores, contracarros y apoyo logístico divisionarios. Sin embargo, no fue hasta 1942 cuando desapareció definitivamente la barrera entre el componente de carros y el de infantería de la división acorazada, con la sustitución casi universal de la brigada o regimiento de una sola arma por los agrupamientos tácticos (Kampfgruppen)» (Gudmundsson, 2004; 105). En ocasiones la división Panzer se dividía en dos elementos netamente diferenciados: un elemento acorazado –formado por uno o dos batallones de carros y un batallón mecanizado– que era el elemento decisivo; y un elemento no acorazado –formado por los restantes tres o cuatro batallones de infantería motorizados–, que configuraba la situación para que el anterior pudiera realizar la acción decisiva.

El siguiente ejemplo da una idea de la filosofía organizativa alemana: «La mencionada técnica de la 17ª División Panzer tenía dos modalidades. Si la división permanecía reunida, el regimiento acorazado y la brigada de infantería servirían de núcleos para formar el elemento de carros y el elemento de infantería. Si la división se había dividido en agrupamientos tácticos interarmas, cada agrupamiento formaba un elemento de carros y un elemento de infantería. En el primer caso, el jefe de la división sería el jefe interarmas, el que, entre otras cosas, decidiría el momento oportuno para empeñar el elemento de carros. En el segundo caso, debería nombrarse un comandante interarmas para cada uno de los agrupamientos, que fuera independiente de los elementos de carros o infantería. El jefe de la 17ª División Panzer insistía en que ni el jefe del elemento de carros ni el jefe del elemento de infantería fuesen a la vez el jefe interarmas». (Gudmundsson, 2004; 107)

Como hemos visto, finalmente percibieron las ventajas de una asociación más estrecha entre la infantería mecanizada y los batallones de carros. La “brigada acorazada independiente” y la “división acorazada Modelo 45” giraban en torno al emparejamiento de un batallón de carros con un batallón mecanizado.

La organización de las brigadas pesadas en dos regimientos mixtos tiene inmensas ventajas: proporciona un argumento funcional para conservar el escalón regimiento en esta clase de brigadas; permite mantener el funcionamiento actual de las brigadas; facilita el adiestramiento conjunto de las pequeñas unidades de carros y mecanizadas; agiliza la formación de muy variados agrupamientos tácticos; proporciona flexibilidad para orientar el esfuerzo en cada regimiento hacia los carros o la infantería mecanizada según las necesidades; permite desglosar la brigada en dos elementos de maniobra, proporcionando flexibilidad para adaptarse a distintos tipos de operaciones; facilita el adiestramiento de los cuarteles generales y planas mayores; limita la necesidad de realizar agregaciones para ejercicios y maniobras; facilita la realización de relevos de entidad brigada pesada al tener todas la misma composición.

La historia de las grandes unidades comienza con el desarrollo del arte operacional durante las guerras de la Revolución y el Imperio francés. Primero división, y más tarde cuerpo de ejército, nacieron con vocación de ejércitos en miniatura, dotados de cierta autonomía, para maniobrar por separado y combatir reunidos, alcanzando así resultados decisivos a nivel operacional.

Para ello debían tener una composición interarmas. Durante la Revolución, cuando los ejércitos no eran muy numerosos y la cantidad de divisiones en un determinado teatro de operaciones no superaba la decena, el ejército al que se encontraban subordinadas dirigía directamente su maniobra. Habitualmente había una correspondencia uno a uno entre teatro y escalón ejército. Sin embargo, cuando dos ejércitos operaban en teatros adyacentes, uno podía intervenir en el teatro de operaciones del otro. Si esta situación se prolongaba, normalmente uno quedaba absorbido por el otro. Pero no siempre ocurría así, provocando problemas de unidad de mando. No es que este escalón tuviera una estructura muy sofisticada, normalmente reducida a la logística y a un parque de artillería de asedio, pero obligaba a cada ejército a depender de su cordón umbilical logístico. Esta situación quedaba exacerbada si estos ejércitos pertenecían a países distintos en el marco de una coalición, con líneas de comunicaciones y retirada diferentes y hasta divergentes.

Cuando los ejércitos aumentaron su tamaño, de forma que había demasiadas divisiones para ser dirigidas por un solo ejército en un teatro de operaciones, apareció el escalón cuerpo de ejército. A partir de entonces este escalón se convirtió en el nivel estándar de la maniobra operacional, asumiendo el papel iniciado por división. Esta adoptó un carácter permanente, convirtiéndose en la unidad táctica elemental de armas combinadas. Tenía una composición fija, lo cual facilitaba la maniobra operacional y su apoyo en unos procedimientos estandarizados. Cuerpo de ejército, escalón principal de la maniobra operacional, disponía de un número variable de divisiones de infantería, una división o brigada de caballería y una reserva de artillería. También se formaron cuerpos de caballería. Su composición no era fija, para adaptarse a las vicisitudes de la maniobra operacional, que a menudo exigían que las divisiones pasaran de un cuerpo de ejército a otro. Por este motivo la organización logística daba un salto de escalón ejército a escalón división, de manera que variar la composición de los cuerpos de ejército no llevara aparejado más que cambios logísticos menores.

Cuando los ejércitos han aumentado mucho su tamaño, ha sido necesario crear nuevos escalones de mando. Escalón ejército ha mantenido su importancia logística pese a la formación de un nivel superior, grupo de ejércitos. De esta manera, sus ejércitos componentes, con toda su infraestructura logística permanente y estática, podían pasar a depender de otro grupo de ejércitos adyacente sin necesidad de realizar demasiados cambios.

De forma similar, cuando, posteriormente, los ejércitos han reducido su tamaño y se ha vuelto superflua la existencia de tantos escalones de mando, la adaptación realizada ha sido rebajar un escalón la entidad de la gran unidad de composición fija, esto es, de división a brigada, haciendo a veces que esta dependa directamente de cuerpo. Cuando ocurre esto, hay una tendencia natural a homogeneizar las brigadas, para conservar la flexibilidad organizativa.

En cada caso, las funciones de los distintos escalones de mando tienden a saltar un escalón de mando intermedio. Esta disposición constituye una limitación para algunos escalones, que dependen del nivel superior para determinados apoyos, pero es la única forma de lograr la necesaria flexibilidad organizativa para adaptarse a variadas circunstancias geográficas y operativas.

Estas consideraciones son muy importantes, porque su olvido o incomprensión ha fomentado frecuentemente susceptibilidades entre unidades y escalones, con grave perjuicio para la unidad de mando.

Por estas razones conviene mantener el escalón división, con un carácter exclusivamente operativo, sin fuerzas ni apoyos orgánicos, constituido por medios de mando y transmisiones eminentemente móviles. Dada la diversidad de las operaciones militares y la complejidad y cantidad de unidades y órganos especializados que actualmente pueden llegar a necesitar estos niveles, incluidas las células de cuartel general, es preferible mantenerlos al margen de la estructura orgánica. Aunque esta disposición restringe la familiaridad y la confianza, es preferible tener que agregar temporalmente algunos para determinadas operaciones que hacer cargar al cuartel general con todos los que pudiera necesitar alguna vez.

Estos cuarteles generales de división pueden cumplir diversas funciones, todas ellas operativas: liderar una operación de menor entidad, asumir el papel de dirección en ejercicios y maniobras, llevar a cabo una parte de la misión de cuerpo de ejército, constituir un puesto de mando alternativo o avanzado de cuerpo de ejército... Para la ejecución de misiones con mando operativo deberán recibir los apoyos necesarios.

La organización de las divisiones mecanizadas y acorazadas en base a brigadas interarmas permanentes, aumentando considerablemente el número de batallones a nueve, o incluso a doce, fue consecuencia de los últimos años de la Guerra Fría, en un intento de equilibrar el balance de fuerzas convencionales con el “Pacto de Varsovia”.

Con la distensión y alejamiento de la posibilidad de un conflicto de alta intensidad en Europa y la correspondiente reducción de fuerzas convencionales, dichas divisiones pesadas quedaron muy desproporcionadas, tendiéndose a la formación de brigadas independientes (mediante ligeras modificaciones, pues la brigada de la Guerra Fría era prácticamente interarmas, con una autonomía similar a división), organizadas para funcionar como pequeñas divisiones, dependientes directamente de cuerpo de ejército.

El Coronel López Muñiz propuso en los años cincuenta una organización de la división acorazada en base a cuatro agrupaciones tácticas, compuestas cada una por un batallón de carros y un batallón mecanizado, sin contemplar el escalón brigada. La organización que se propone aquí es esencialmente la misma, pero cambiando el énfasis del escalón división –dando a esta una función similar a la que antes tenía cuerpo de ejército– al escalón brigada, que ocupa ahora el papel que antes tenía la división.

Con la organización propuesta: los escalones regimiento y división pueden centrar sus esfuerzos en los aspectos tácticos y operativos, al “estilo alemán”; brigada y cuerpo de ejército, en los aspectos funcionales, al “estilo francés”. En operaciones que exijan mucha coordinación, como el ataque a un frente estabilizado, los escalones brigada y cuerpo de ejército asumirán un papel preponderante; en operaciones en las que la autonomía tenga mayor importancia que la coordinación –como ocurre durante la aproximación y la persecución, por ejemplo– los escalones regimiento y división aumentarán proporcionalmente su importancia.

El hecho de que regimiento y división constituyan escalones de mando eventuales proporciona la flexibilidad necesaria para adaptar la organización permanente del ejército a un amplísimo espectro de operaciones, sin perjudicar la cohesión de las unidades, y permite fomentar una visión artística al “estilo alemán” manteniendo un funcionamiento basado en el “estilo francés”.

El Cuerpo de Marines americano considera el mando y control como un espectro entre estas dos visiones extremas, con objeto de diseñarlo para cada operación, según sus características específicas.

La combinación de estructuras orgánicas y operativas tiene una larga historia, íntimamente ligada al combate moderno. Sin embargo, hasta la fecha se ha referido exclusivamente a la estructura jerárquica: las unidades subordinadas. Hoy en día, esta necesidad de adaptar la estructura a las necesidades operativas se debe referir también a la composición de los propios cuarteles generales, cuyos órganos han aumentado tanto su complejidad que apenas se diferencian de las unidades subordinadas. Es muy posible que un jefe de gran unidad encuentre actualmente más dificultades para ejercer un mando y control efectivo sobre su propio cuartel general que sobre sus unidades subordinadas, lo cual no deja de ser paradójico en un órgano de “apoyo al mando”.

Doctrina polivalente

En un plano tangible la guerra consiste en muchos y diversos sistemas de armas, desplegados en el espacio, de dos bandos que interactúan entre sí mediante el movimiento, el fuego, el combate,… El sustrato sobre el que fluye toda esta actividad es el terreno, y es la variedad de este lo que explica la diversidad de aquella.

En otro plano, más intangible, la acción militar se compone de multitud de voluntades, agrupadas en dos bandos antagónicos, que interactúan entre sí tomando unas decisiones, formalmente jerarquizadas en cada uno, para obtener ventajas sobre el otro, con objeto de alcanzar un propósito común al que se opone su adversario. El sustrato en el que se asientan todas estas decisiones es la mente de cada uno de los jefes de unidad de cada bando.

Esto significa que la actividad tangible de las unidades de combate se articula en torno a las decisiones, más bien intangibles, de sus comandantes, mediante la comunicación, más o menos explícita, entre ellos. De modo que una articulación efectiva del combate depende, a su vez, de una perspicaz articulación del pensamiento mediante el lenguaje (doctrina).

El camino más efectivo para obtener ventajas sobre el enemigo consiste en buscar su dislocación funcional (combinando diferentes armas) y posicional (combinando esfuerzos en el espacio) por medio de su dislocación temporal (combinando esfuerzos en el tiempo) para lograr su dislocación moral (rompiendo su cohesión).

Observamos que estas cuatro formas de dislocación hacen referencia a las cuatro posibles “dimensiones” de la acción: elementos tangibles, espacio, tiempo y relaciones intangibles. Esto significa que no pueden distinguirse nítidamente; su diferencia es cuestión de énfasis. Y las cuatro se encuentran estrechamente relacionadas con la articulación de un ejército mediante su estructura.

Utilizar una combinación de armas más efectiva que el enemigo y obtener un margen de movilidad solo se puede lograr, a igualdad de medios en general, mediante una articulación mejor adaptada a la situación local. Se aprecia fácilmente al considerar la diferencia de movilidad entre los distintos sistemas de armas. Cada unidad dispondrá de la movilidad de su elemento más lento. Si una determinada unidad debe componerse de varios sistemas de armas de diferente movilidad, para aprovechar su combinación, se compromete la movilidad de los sistemas de armas intrínsecamente más rápidos. Esto implica que utilizar la capacidad de combinar armas a nivel inferior puede entrar en conflicto con la posibilidad de aprovechar la movilidad de algunas de estas armas a nivel superior.

Por ejemplo, un batallón de infantería a pie reforzado con una compañía de carros puede mantener esta compañía centralizada o descentralizar sus secciones, agregándolas a las compañías de infantería. En el primer caso el escalón batallón puede emplear la mayor movilidad de la compañía de carros y combinar dos sistemas de armas diferentes; en el segundo caso no. En el primer caso las compañías no pueden combinar varios sistemas de armas; en el segundo sí y, además, pueden aprovechar la mayor movilidad de los carros. Solo los factores operativos de la situación particular permiten determinar cuál de los dos modos de articulación obtiene más ventajas sobre el adversario.

La influencia de la articulación no se limita a la simple distribución espacial de los medios. La rapidez también hace referencia a la oportunidad de las decisiones que desencadenan sus movimientos. Estas decisiones se pueden tomar a distintos niveles. Se puede acelerar la toma de decisiones si se realiza en el escalón de mando que, en cada caso, disponga de mayor capacidad para relacionar la situación general con las condiciones operativas de su situación local.

Normalmente los escalones superiores tienen mucha facilidad para comprender la situación global, pero se encuentran demasiado alejados de los acontecimientos para influir directamente sobre ellos. Por el contrario, los escalones inferiores disponen de mayor capacidad para influir inmediatamente en los acontecimientos, pero suelen carecer de una visión global que les permita decidir lo más adecuado para el conjunto a largo plazo. En algún punto intermedio se encontrará el escalón de mando que consiga equilibrar las ventajas e inconvenientes observadas en ambos extremos.  Sin embargo, el escalón de mando en el que esto ocurra dependerá de los factores de la situación, tanto globales como locales.

Conclusión

Los sistemas de mando y control, de adiestramiento y de empleo táctico, y la composición orgánica y operativa de las unidades de combate, constituyen aspectos estrechamente relacionados que se derivan, en este orden, de la visión sobre el combate. Tradicionalmente se han considerado dos visiones extremas, la alemana, que considera el combate como inherentemente desordenado y caótico, y la francesa, que lo considera una actividad estructurada, susceptible de ser tratada de manera científica.

La mayoría de los países anglosajones se encuentran, desde los años ochenta, dando un giro de la visión francesa a la alemana. Existe una aceptación general de la superioridad táctica del ejército alemán sobre los vencedores de las dos guerras mundiales, derivada de su visión sobre el combate.

Según esa visión, el sistema de mando y control da prioridad a la descentralización, la flexibilidad y la rapidez de decisión; el sistema de adiestramiento se orienta a establecer las condiciones necesarias para estimular la iniciativa de los subordinados, la cooperación entre unidades y la confianza en las relaciones de mando y función; el sistema táctico persigue especialmente la explotación inmediata de las fugaces oportunidades que se presentan durante la acción –previstas o imprevistas, encontradas o provocadas– por parte del escalón de mando que las detecte; la composición operativa busca adaptar la estructura de la organización a cada acción singular para obtener su máximo rendimiento; por último, la estructura orgánica pretende limitar al máximo la pérdida de cohesión de las unidades producida por estos cambios de composición operativa.

Samuels formula y analiza tres hipótesis sobre un estudio comparado de los ejércitos británico y alemán durante la Primera Guerra Mundial. La primera hipótesis es que «la efectividad de combate del ejército alemán fue superior a la del ejército británico». La segunda matiza esta afirmación: «Estas diferencias de efectividad se derivan en gran medida de distintas filosofías de combate. Se sugiere que la filosofía alemana contemplaba el combate como inherentemente caótico. Como clave del éxito consideraba la capacidad de operar efectivamente en este ambiente de incertidumbre. La filosofía británica consideraba que el combate es esencialmente estructurado. La efectividad se alcanzaba mediante el mantenimiento del orden». La tercera hipótesis se centra en la filosofía de mando: «Estas diferentes filosofías de combate se expresaban más claramente en los sistemas de mando empleados por uno y otro ejército». (Todas las citas: Samuels, 1995; 3-5)

Explica que el sistema alemán se fundamentaba principalmente en el mando mediante directivas y el británico, por el contrario, en el control restrictivo y en el arbitraje El mando mediante directivas es un sistema en el que se descentraliza la toma de decisiones. El jefe de cada escalón de mando asigna misiones generales, distribuye los recursos y permite a los subordinados realizar sus cometidos de acuerdo con su propia iniciativa, pero teniendo siempre en cuenta el contexto del conjunto. Sus atributos clave son flexibilidad, autonomía e iniciativa. Por el contrario, el control restrictivo se basa en la centralización de la toma de decisiones. Los jefes de unidad asignan misiones detalladas, que los subordinados deben ejecutar exactamente de la forma prescrita. Sus atributos clave son rigidez, conformidad y seguimiento de órdenes muy precisas. (5)

El mando mediante directivas empezó a aplicarse de forma sistemática en el ejército alemán durante las Guerras de Unificación de Alemania, pues «le resultaba imposible a Moltke apoyarse en un sistema de control estrecho y, a la vez, aprovechar las oportunidades fugaces que ofrecían los errores enemigos». No se trataba, por tanto, de preferencias personales, sino de la necesidad de adaptarse a las condiciones reales: «La ventaja que un comandante piensa que puede obtener mediante su intervención personal es bastante ilusoria. Con este empeño asume una tarea que realmente pertenece a otros, cuya efectividad entonces destruye. También multiplica sus propias tareas hasta el punto de que ya no puede cumplirlas todas». (13)

Era necesario descentralizar el sistema de mando. Esto puede ilustrarse haciendo referencia al ciclo de Boyd. Los participantes en un combate se mueven a través de una serie de ciclos, cada uno de los cuales se divide en cuatro fases: observación, orientación, decisión, acción. En la primera fase el participante observa la situación actual, obteniendo datos sobre la entidad y situación de sus propias fuerzas y las del enemigo. Estos datos son analizados en la segunda fase, para comprender la situación. La tercera fase consiste en la decisión sobre una determinada línea de acción, cuya ejecución constituye la cuarta fase. (13)

De acuerdo con Boyd, la victoria tenderá a inclinarse a favor del bando que complete cada ciclo de forma más rápida y efectiva. Esto es así porque el bando más lento se encontrará todavía reaccionando a una acción, cuando el bando más rápido ya ha comenzado otra acción que convierte en inapropiada la acción inicial de su adversario. A medida que el combate progrese, las acciones del bando más lento serán cada vez más inapropiadas, provocando extrema ansiedad en la mente de sus comandantes. La utilidad del ciclo de Boyd consiste en resaltar la necesidad de descentralizar la toma de decisiones para acelerar los tiempos de reacción, pues elevar la toma de las decisiones a escalones superiores es siempre un proceso que consume tiempo. El sistema de mando de Moltke estaba diseñado precisamente para reducir estos retrasos en el ciclo. (14)

 Moltke se encontraba en la retaguardia, incapaz de observar el terreno o hacer un seguimiento de los acontecimientos en “tiempo real”. Su solución a este problema consistió en salirse del ciclo de Boyd, en cuanto a decisiones tácticas se refiere, de modo que Moltke se abstenía de dar sino las más esenciales órdenes. «Una orden debe contener todo lo que el jefe no pueda hacer por sí mismo, pero nada más». Estaba dispuesto a pasar por alto desviaciones de su plan de operaciones si el subordinado podía lograr un éxito táctico importante pues, como él mismo expresó, «en caso de victoria táctica, la estrategia se somete». (14)

El mando mediante directivas, en la práctica, significaba que «el escalón superior haría dos cosas: primero, proporcionar a los subordinados el pensamiento de sus superiores, describiendo sus intenciones finales; segunda, distribuir directivas y órdenes (normalmente muy generales) a las unidades subordinadas. Entonces, en teoría, el comandante local podría combinar su conocimiento de las intenciones finales de los escalones superiores con el conocimiento detallado y actualizado de su situación local. Así ejecutaría las órdenes y directivas recibidas ejerciendo la máxima iniciativa en el proceso. Se esperaba que la toma de decisiones operacionales resultaría más rápida y se adaptaría mejor a la realidad local en una situación fluida». (14-15)

El ejército británico empleaba dos sistemas de mando contrapuestos, llamados arbitraje y control restrictivo. Control restrictivo es un sistema por el que los subordinados reciben órdenes muy detalladas sobre las acciones que deben realizar, que cumplirán con independencia de las circunstancias. Tiende a restringir la iniciativa local de los subordinados, debido al riesgo que supone de desorganizar un plan centralizado. Este sistema estaba normalizado en el ejército británico a nivel táctico, e influía en el nivel operacional, especialmente durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, a este nivel era más corriente el sistema de arbitraje. (49)

Arbitraje ilustra la práctica por la que un oficial abdica de sus responsabilidades de mando. Tanto en el mando por directivas como en el control restrictivo el jefe impone su voluntad a los subordinados mediante la asignación de objetivos claros, los cuales, a partir de entonces, se asegura que estos se esfuerzan en alcanzar. En cambio, el árbitro, después de señalar una misión muy general, más que estar pendiente de la actuación de sus subordinados, se retira de la escena. El mando mediante directivas y el control restrictivo son “energía positiva”, que obliga a los subordinados a la acción; el arbitraje es “energía neutra”. (49)

La filosofía de combate y, en consecuencia, el sistema de mando, afecta al adiestramiento y a la táctica empleada. De la filosofía del caos se deriva la necesidad de un elevado grado de formación de los individuos y de adiestramiento de las unidades, y también que la táctica empleada haga hincapié en la adaptación a las circunstancias y en la rapidez de respuesta. La filosofía de la estructura pone mucho menos énfasis en la instrucción y el adiestramiento, excepto para inculcar una rígida obediencia, y las tácticas resultantes se caracterizan por las soluciones estereotipadas y un detallado planeamiento. (5-6)

La diferente efectividad de combate fue consecuencia de distintas filosofías de combate, expresadas en los sistemas de mando, adiestramiento y empleo táctico de los dos ejércitos. El sistema de mando alemán se basaba, fundamentalmente, en el concepto de mando mediante directivas. (6)

La evolución de la doctrina acorazada alemana –como explica Samuels refiriéndose al desarrollo de la defensa elástica– también «proporciona un excelente ejemplo de interacción mutua entre acción de mando, adiestramiento y táctica. Los avances en cada uno solo fueron posibles porque el progreso en los otros dos iba creando una sólida base para un desarrollo posterior: la rápida evolución en uno solo habría sido insostenible».

El sistema de mando es el más importante de los tres. El sistema alemán de mando descentralizado permitía unas tácticas muy flexibles y significaba también que los oficiales estaban autorizados a mantener opiniones diferentes a la doctrina vigente. Esta libertad de pensamiento reiteradamente terminaba en agrios debates dentro del ejército, que los superiores intentaban estimular activamente. Ambas características crearon un ambiente fecundo para el desarrollo de nuevas ideas y procedimientos. La descentralización del mando exigía un elevado grado de adiestramiento en todos los escalones de mando. La consecuencia fue que las tropas estaban más capacitadas para reaccionar frente a las grandes demandas producidas por las nuevas situaciones tácticas, y también que los comandantes se encontraban más preparados para escuchar a sus subordinados, pues no se cuestionaba su competencia profesional. Finalmente, las situaciones tácticas proporcionaban estímulos para el desarrollo de nuevos procedimientos, debido a la urgente necesidad de responder a los ataques aliados. (158-159)

Según Samuels «la respuesta al dilema “¿mando o control?” es “mando”, aunque sin olvidar sus fundamentos esenciales: elevado nivel de adiestramiento, tanto en el mando independiente como en la capacidad táctica, y unas tácticas flexibles, como también vigilar que no degenere en mero “arbitraje”. Dicho de otra forma, la clave es liderazgo y seguimiento». (285)

La correcta articulación de las unidades orgánicas para formar unas estructuras operativas adaptadas a cada situación depende de una fluida combinación de filosofía de mando, adiestramiento y empleo táctico de las fuerzas. La clave para hacerlo es una correcta visión sobre las capacidades naturales del hombre y las características intrínsecas de la guerra.

Todo gira en torno a la capacidad de variar el “centro de gravedad en la toma de decisiones” entre los distintos escalones de mando, que depende de la confianza entre escalones de mando, unidades y armas, la capacidad de hacer agrupamientos con múltiples combinaciones y la capacidad de centralizar o descentralizar los apoyos.

 

José Luis Gómez Blanes es Teniente Coronel del Ejército de Tierra.

 

Referencias

Corum, James (1992), The Roots of Blitzkrieg, Lawrence: University Press of Kansas.

Gudmundsson, Bruce (2004), On Armor, Westport: Praeger.

Samuels, Martin (1995), Command or Control?, London: Frank Cass

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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