Cumbre OTAN-Rusia. ¿Ha servido para algo?

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El pasado 20 de abril de 2016, se celebró una reunión del Consejo OTAN-Rusia[1] después de más de dos años desde la última cumbre.

El Consejo OTAN-Rusia (NRC) fue concebido como un mecanismo de consultas, de consenso, cooperación, decisión y acción conjunta. Dentro del NRC cada país de la OTAN, de forma individual, y Rusia, trabajan y debaten “entre iguales” un amplio espectro de asuntos de seguridad de interés mutuo. Entre estos asuntos se incluyen la lucha contra el terrorismo, la gestión de crisis, la no proliferación de armas nucleares, medidas de control de armamento y de creación de confianza, defensa contra misiles de teatro, cooperación militar, logística, reforma de la defensa y emergencias civiles.

Con este espíritu, el NRC fue establecido en la cumbre OTAN-Rusia de Roma el 28 de Mayo de 2002, a través de la Declaración “Relaciones OTAN-Rusia: Una Nueva Calidad”. La Declaración de Roma se basaba en los principios y metas del foro de consultas y cooperación OTAN-Rusia[2] que se estableció en 1997 con la fórmula de “OTAN+1”, y que evolucionó en 2002 de una relación bilateral a otra multilateral “entre iguales”.

Las reuniones del NRC están presididas por el Secretario General de la OTAN y se realizaban al menos una vez al mes a nivel de embajadores y agregados militares y dos veces al año a nivel a nivel de Ministros de Defensa, Exteriores y Jefes de Estado Mayor.

Desde la intervención de Rusia en Ucrania, en abril de 2014, la Alianza suspendió todo tipo de cooperación con la Federación Rusa, incluido el NRC en la forma en la que se venía desarrollando. Desde entonces, aunque se han mantenido algunos canales de comunicación, no se había realizado ningún tipo de reunión, y las relaciones entre la OTAN y Rusia han ido deteriorándose en una nueva versión de “Guerra Fría”.

Tras estos dos últimos años, las relaciones no han mejorado aparentemente y las posiciones siguen siendo antagonistas, no obstante, se ha podido realizar una nueva reunión del Consejo, con una agenda muy negociada y basada fundamentalmente en tres grandes áreas:

  • Ucrania
  • Afganistán
  • Cuestiones de seguridad en Europa.

Esta nueva reunión no significa un retorno a la situación previa a la crisis de Ucrania, sin embargo, constituye un primer paso hacia un nuevo formato de NRC en el que habrá que superar con el tiempo la gran desconfianza que la OTAN ha desarrollado hacia el comportamiento de  Rusia.

 

La posición de la OTAN

El Secretario General de la OTAN Jens Stoltenberg reconoció tras la finalización del Consejo que las relaciones de OTAN-Rusia no iban a volver a ser como antes, si bien expresó interés en el mantenimiento de canales para un diálogo que se considera necesario, sin renunciar a la firmeza ante las acciones unilaterales rusas en la crisis de Ucrania.

La postura de la OTAN exhibida por medio de su Secretario General parece bastante firme en cuanto a la defensa de la legalidad internacional se refiere. Stoltenberg ha recordado que los aliados no reconocen la ilegítima anexión de Crimea, así como el apoyo a la soberanía e integridad territorial de Ucrania.

Ambas representaciones están de acuerdo en la necesidad de una rápida implementación de los Acuerdos de Minsk[3], para lo que las partes firmantes deben cumplir con sus compromisos, remarcando la especial responsabilidad rusa en este asunto.

Tanto la OTAN como Rusia coinciden en que los compromisos de Minsk implican el alto el fuego, la retirada del armamento pesado y la monitorización sobre el terreno sin restricciones. No obstante, se ha señalado como sumamente inquietante las recientes y continuas violaciones del alto el fuego por parte de separatistas pro-rusos en el este del país, a los que Rusia sigue apoyando.

En relación con el segundo punto de la agenda, según Stoltenberg, las fuerzas de seguridad afganas enfrentan una serie de desafíos en los que todos los países deberían implicarse. Por ello la OTAN mantendrá su compromiso de apoyo, pues es crucial para la estabilidad y seguridad en la región, a pesar de la desaprobación de Rusia. Además, hay que reconocer que hasta la agresión a Ucrania, la cooperación logística de Rusia en la lucha contra el terrorismo y narcotráfico en la misión en Afganistán había sido crucial.

En relación a las cuestiones de seguridad en Europa, tanto la OTAN como Rusia seguirán apostando por el foro de cooperación que representa la OSCE. La recuperación de la transparencia es imprescindible para la reducción de riesgos, que se han visto incrementados con una peligrosa combinación de aumento de las actividades militares sin notificación y una agresiva retórica por parte de Rusia. Para dicha recuperación es fundamental el fortalecimiento de las reglas de la OSCE, así como la actualización del Acuerdo de Viena de 2011[4].

Continúa la inquietud en el Báltico, donde se tiene que mantener un refuerzo de la vigilancia por parte de la OTAN, debido a los continuos incidentes con sobrevuelos irregulares de aeronaves militares rusas en el límite del espacio aéreo. Este refuerzo es considerado necesario por Stoltenberg, que lo define como defensivo y completamente de acuerdo a los compromisos internacionales. Igualmente ha reconocido que forma parte de la respuesta a la ilegal anexión de Crimea y su desestabilizador comportamiento en el este de Ucrania.

A pesar de la tensión, el Secretario General espera que se realicen progresos suficientes en materia de transparencia para prevenir o reducir el riesgo que este tipo de incidentes sucedan de nuevo. Esta espiral de detección de vuelos irregulares y posterior interceptación, que dan lugar a tan peligrosas situaciones, podría evitarse con la citada transparencia, que proporcionaría las adecuadas líneas de comunicación política y militar. Esto, aunque no implica ningún tipo de acuerdo para la cooperación, si constituye un instrumento imprescindible para el intercambio de información en situaciones difíciles.

La visión de Rusia

La visión de Rusia de esta cumbre es un poco diferente. Entre los medios de comunicación oficiales rusos, las opiniones van desde el triunfalismo hasta la desconfianza hacia la postura de la OTAN.

“La OTAN se rinde ante Rusia”[5] titulaba la página web de Radio Sputnik, en la que consideraba la reunión del NRC como una cumbre en la que la OTAN capitulaba dialéctica y militarmente, “rindiéndose al diálogo con Moscú”. De esta forma se evidenciaba el fracaso de una serie de políticas de la Alianza Atlántica basadas en una beligerancia contra Rusia a través de un país eslavo que considera dentro de su área de influencia natural.

En la misma línea, la agencia de noticias estatal RT encabezaba su crónica con un “Rusia ha obtenido una victoria diplomática sobre la OTAN”[6]. En esta crónica, se utiliza un artículo de la prestigiosa periodista del diario británico “The Independent”, experta en asuntos rusos, Mary Dejevsky[7]. En él, la periodista afirma que Rusia ha conseguido una victoria diplomática en el NCR. Y lo que es más, se muestra victoriosa en un reeditado enfrentamiento Oriente-Occidente bajo las reglas del realismo político de Krauthammer[8]. Rusia se erige así, como primus inter pares de una suerte de homogeneidad opuesta a occidente, homogeneidad que dejó de existir tras la guerra fría y a la que Rusia no parecer querer renunciar aún.

Asimismo, tras la celebración de la cumbre, el representante permanente de Rusia ante la OTAN, Alexánder Grushkó, declaró ante RT: “Rusia y la OTAN coinciden a la hora de constatar que el nivel de seguridad militar en Europa ha disminuido, si bien discrepan en las causas”[9]

No obstante, el diplomático ruso responsabiliza a la Alianza del deterioro de la situación en Europa. "Por nuestra parte, señalamos que las decisiones de la OTAN, en el marco de la crisis de Ucrania, han empeorado dramáticamente la situación en Europa", explicó el diplomático.

Igualmente achacó el nerviosismo de los miembros de la OTAN en el este de Europa y la tensa situación en el Báltico a la interpretación de los “cambios en la política de planificación militar respecto a los esquemas de contención de nuestro país [Rusia], lo que provocó que los miembros del Tratado Atlántico aumentaran su actividad militar en torno a las fronteras rusas". Grushkó, de hecho, emplea el término “contención”, en una velada alusión al empleo de la estrategia de George Kennan[10] que Occidente desarrolló durante la Guerra Fría.

Grushko también comentó que los países de la Alianza Atlántica emprendieron una campaña de descrédito hacia las actividades de las Fuerzas Armadas rusas. "Le hemos explicado a la OTAN que la causa principal del deterioro de la seguridad europea no es la escasez de medidas de seguridad y de confianza, sino el giro de la OTAN hacia una política de confrontación y planificación bélica"[11], explicó el diplomático, que hizo referencia a la política de sanciones y la negativa a colaborar militarmente con Rusia.

Por último destaca RT, que el diplomático afirmó ante los medios de comunicación, que Rusia está abierta al diálogo sobre la prevención de incidentes peligrosos de carácter militar con los países de la Alianza, si bien recalcó que "se tomarán todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad de nuestras fronteras"[12].

Conclusiones

La pérdida de autoridad que Rusia está sufriendo en el este de Europa y la expansión de la OTAN y su área de influencia es un hecho, que el Kremlin ha aceptado a regañadientes. Pero las aproximaciones de Georgia y Ucrania a occidente en general y a la OTAN en particular, han provocado una fuerte reacción de Rusia, que ha llegado a elevar el tono beligerante hasta niveles no conocidos desde el fin de la “Guerra Fría”[13], tratando así de evitar a toda costa cualquier similitud entre el Báltico y el Mar Negro.  La agresión ilegítima de Ucrania y posterior incorporación de Crimea a la Federación Rusa, así como el apoyo militar a los rebeldes pro-rusos constituye una muestra de esta prolongación de la política exterior rusa.

Rusia rescata la dialéctica de antaño, tratando de mostrarse como un contrapeso a un Occidente al que pretende mantener alejado de su antigua área de influencia, más que desarrollar verdaderas estructuras de seguridad cooperativa.

No obstante, aunque la tensión entre Rusia y la OTAN continúa, y las posiciones siguen siendo antagonistas, se considera que esta nueva cumbre del NCR es un primer paso positivo. El diálogo siempre es positivo.

La clave sigue siendo la firmeza. La OTAN debe continuar buscando el equilibrio entre el diálogo y la postura firme ante los desafíos de Rusia, que intentará explotar cualquier gesto de buena voluntad como una muestra de debilidad de la Alianza.

El camino es complejo, y costará mucho tiempo recuperar la confianza entre estos dos grandes actores internacionales. La OTAN no debe bajar en ningún momento la guardia, la política de hechos consumados que tan buen resultado le está dando a Rusia puede volver a ponerse en práctica y ésta sigue constituyendo también, una herramienta eficaz del gobierno ruso para desviar la atención de su sociedad ante los problemas políticos, económicos y sociales que sufre la Federación.

Fco. Javier Fuentes Gil es Comandante (DEM) del Ejército de Tierra

Joaquín Pellicer Balsalobre esl Capitán de la Guardia Civil   


[2] Founding Act on Mutual Relations, Cooperation and Security between NATO and the Russian Federation signed in Paris, France (27/05/1997).

http://www.nato.int/cps/en/natohq/official_texts_25468.htm

[8] Krauthammer, Charles (1990), “The unipolar moment”. Foreign Affairs, Special Issue 1990, pp. 23-33.

[10] Kennan, George, “The Sources of Soviet Conduct”, Foreign Affairs, vol. 25, nº4, 1947, 271-273.

[12] Op.Cit.

[13] Vladimir Putin ya dejó entrever en la cumbre de la OTAN en Bucarest en 2008 que una eventual incorporación de Ucrania a la Alianza Atlántica sería casus belli al afirmar que “pondría al país al borde de su existencia” (De Pedro y Viilup, 2015:2)