Contexto político y de seguridad en la República Centroafricana tras las elecciones de 2016: de la frustración compartida a la confrontación armada de las facciones ex Séleka

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Análisis GESI, 8/2017

Resumen: El 2016 pasará a la historia de la República Centroafricana (RCA) como un año de luces y sombras; un período de patentes contrastes que comenzó con el optimismo suscitado por la elección de Faustin Archange Touadéra como presidente, tras unas elecciones libres y relativamente y transparentes, y que ha concluido con una notable frustración.

A día de hoy la seguridad, definida por el nuevo jefe de Estado como “la prioridad entre prioridades”, se plantea como una meta inalcanzable en un contexto caracterizado por tres variables fundamentales: la presencia dominante de las milicias ex Séleka sobre buena parte del territorio estatal, la creciente polarización entre estas y el Gobierno centroafricano, y el enfrentamiento armado en curso entre varias de estas facciones. El objetivo de este artículo es analizar el desarrollo de estas dos últimas dinámicas, forjadas tras las elecciones de 2016 como consecuencia del rechazo de Touadéra para plegarse ante las exigencias políticas de los grupos armados.   

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Referéndum constitucional y elecciones presidenciales

Con el referéndum constitucional el 13 de diciembre de 2015 se inició un proceso electoral en el que la comunidad internacional ha invertido considerables esfuerzos y recursos, y que se había prolongado por espacio superior a dos años. La consulta certificaba, asimismo, el principio del fin de un régimen de transición establecido en 2014 para prevenir la caída libre del país hacia el abismo, provocada por el golpe de Estado de 2013 y acelerada por las masacres de población con tintes de genocidio que siguieron en los meses posteriores. Y en la que España, en el marco de la operación EUFOR RCA[1], ejerció una labor sobresaliente en materia de protección de civiles que ha pasado a formar parte de la memoria colectiva en la capital centroafricana.   

La votación sobre la reforma de la Constitución se celebró en un clima de frágil estabilidad, con excepción hecha de los efímeros intentos de la facción ex Séleka Front Populaire pour la Renaissance en Centrafique (FPRC) para boicotear el proceso en algunas prefecturas del centro y este del país. Apenas dos meses después —en febrero de 2016—, el pueblo elegía en segunda vuelta a Faustin Archange Touadéra como presidente de la República Centroafricana, con un 62,69% de los votos frente a Anicet Georges Dologuélé, que obtuvo el 37,31%. El nuevo jefe del Estado centroafricano fue investido el 30 de marzo en el estadio de Bangui ante un baño de multitudes y rodeado de un variado elenco de dignatarios extranjeros, ante quienes describió los principales retos de su programa para salir de la crisis[2].

Es importante señalar que la doble vuelta electoral estuvo precedida por una serie de contactos entre los candidatos presidenciales y los líderes de los principales grupos armados. La razón es que tanto unos como otros son plenamente conscientes del rol de los grupos ex Séleka como resortes con probada capacidad de influencia —léase inclinar la balanza— en el devenir de la crisis, ya sea como elementos estabilizadores o como actores desequilibrantes. De ahí que los presidenciables buscasen cortejar a los tres “movimientos político-militares” —como así les gusta definirse— que, ante el vacío dejado por las instituciones estatales, han absorbido el control de las actividades económicas y el monopolio “ilegítimo” de la violencia en gran parte del territorio estatal[3].

 

 

La frustración como resultado de la primera ronda de consultas entre Touadéra y los grupos ex Séleka

Los representantes de UPC y MPC fueron los primeros en desplazarse a la capital, a mediados de abril, para comunicar al presidente sus aspiraciones políticas concretas. Entre estas, figuran carteras ministeriales de las denominadas “de Estado” como Defensa y Seguridad Interior, además de una importante cuota de altos cargos en las administraciones civil y militar. En este último paquete se incluye la entrega de representaciones diplomáticas y, en lo referido a UPC, la confirmación del empleo de más de dos cientos oficiales, entre ellos ocho generales y ochenta coroneles.

Lo más destacado de la primera ronda de consultas, que concluyó a finales del mismo mes con la recepción de los líderes de FPRC y RPRC, fue la acumulación de una frustración compartida por todas las facciones ex Séleka. Pues al  malestar previo causado por el nombramiento del Primer Ministro y de los veintitrés integrantes del gabinete presidencial —con tan solo cuatro musulmanes entre sus filas— se sumó  la negativa presidencial para facilitarles el acceso a las instancias de decisión política. Es preciso añadir que, en un intento por equilibrar la balanza confesional en las instituciones, la subsiguiente elección del musulmán Karim Meckassoua como presidente de la Asamblea Nacional no sirvió para aplacar los ánimos de dichas milicias, en parte por la supuesta escasa influencia de este sobre sus líderes.

Tras los primeros esfuerzos de concertación entre los dirigentes ex Séleka para afirmarse frente a lo que consideran una maniobra sucia de Touadéra, el contexto político y de seguridad ha evolucionado de una manera pasmosa en los últimos meses. Así, de una potencial alianza contra Touadéra y las instituciones, se ha pasado a un escenario de confrontación armada entre UPC y el bloque formado por FPRC, MPC y RPRC. Pues si bien es cierto que los distintos grupos ex Séleka comparten una misma ambición estratégica —su inclusión en el tablero de juego de la política centroafricana—, sus tácticas a corto y medio plazo difieren notablemente. 

 

UPC: entre la promoción de una imagen pública moderada y la preservación del status quo 

El general Ali Darrassa ha adoptado una táctica aparentemente conciliatoria que consiste, por un lado, en seguir cultivando la imagen pública de UPC como actor moderado y comprometido con el Gobierno y la comunidad internacional para una salida pacífica del colapso centroafricano. Su discurso político se articula en torno a la protección de todas las minorías del país, y de la comunidad fulani en particular, de la que proceden la mayoría de sus combatientes. Por otro lado, no es menos cierto que bajo esta fachada de fuerza protectora se esconde la férrea defensa de un lucrativo status quo. Diversas investigaciones muestran que UPC obtiene ingentes beneficios económicos en forma de tasas ilegales con las que gravan el mercado de ganado, las exportaciones de café y la explotación de los recursos minerales en sus zonas de control: las prefecturas de la Ouaka y Basse-Kotto[4]

 

Reestructuración política y militar de FPRC

Por su parte, FPRC ha optado por la reorganización de su brazo político y la consolidación de su legitimidad entre las comunidades étnicas runga y gula, mayoritarias en sus feudos tradicionales del nordeste del país. También ha sondeado la viabilidad de su proyecto de partición de facto de la RCA y llevado a cabo tímidos intentos para crear el germen de una administración paralela en sus áreas de control. En este sentido, no hay que olvidar que las reivindicaciones autonomistas constituyen una baza recurrente en la doctrina política de este movimiento político-militar. Ahora bien, la dinámica que más ha influido en la deriva reciente de FPRC son sus tentativas para reunir a todas las facciones ex Séleka bajo una estructura militar unificada con el objetivo más que probable de presionar a la jefatura del Estado.

Consciente de la psicosis que el restablecimiento de la coalición Séleka podía provocar en Bangui, FPRC anunció la reunificación el 22 de mayo de 2016 a través de un comunicado público de dudosa autenticidad, titulado “Sin sorpresa, la Séleka vuelve a ser una e indivisible para sus reivindicaciones políticas”[5]; “sin sorpresa” para algunos, quizás, aunque no para UPC, que se desmarcó de inmediato y públicamente de dicho paso al frente. En cualquier caso, conviene retener que FPRC consumó su reestructuración política y militar en octubre de 2016, en el marco de la denominada Asamblea General de Bria. Desde entonces, este grupo armado cuenta, por un lado, con el “Alto Consejo Supremo” (Haute Conseil Suprême) presidido por Nourredine Adam, quien hasta ese momento había ejercido como vice-presidente y auténtico líder de FPRC, y cuya persona es objeto de sanciones por parte de las Naciones Unidas; y por otro lado, con el Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (Conseil National de Défense et de Sécurité) dirigido por Abdoulaye Hisseine, sobre quien pesa una orden de arresto emitido por las autoridades judiciales centroafricanas.

 

 

Cooptación fallida de UPC y confrontación armada entre facciones ex Séleka

Desde octubre, la consolidación de la nueva coalición Séleka se ha topado con dos obstáculos esenciales: las disputas entre los líderes de las distintas facciones, generalmente motivadas por rencillas personales o intereses particulares ligados a sus respectivas cuotas de poder; y, sobre todo, con el ferviente rechazo de Ali Darrassa para integrar a su grupo armado en una estructura militar conjunta con el resto de facciones pese a la insistencia de Nourredine Adam para cooptarle. En realidad, las tensiones entre FPRC y UPC se remontan al contexto preelectoral de finales de 2015 y han proseguido a lo largo de 2016. En junio, una coalición formada por FPRC y MPC lograba desalojar a UPC de ciertas posiciones en el centro del país mediante en una combinación de fuerza y diplomacia. Y es bastante probable que el grupo liderado por Nourredine Adam estuviera detrás de la escisión de la facción árabe de UPC a primeros de julio. Pese a estas presiones, Ali Darrassa ha escogido la promoción de una agenda propia, apoyada en su creciente fuerza militar e importantes ingresos financieros. 

La intransigencia del liderazgo de UPC se ha traducido en un aumento de presión militar para obligarles a elegir entre su integración en la renovada coalición Séleka o la expulsión por la fuerza de Bambari, su feudo tradicional y donde tienen instalado su cuartel general. Desde hace varias semanas, la alianza entre FPRC, MPC y RPRC —al parecer incluso apoyada por algunos grupos Anti-Balaka— asedia la prefectura de Ouaka y amenaza con tomar dicha localidad por la vía de las armas. La situación de seguridad se deteriora y se torna más compleja en la misma medida en que el discurso nacionalista de esta coalición va en aumento. De hecho, el nexo que une a sus integrantes es el motivo de oportunidad para “liberar” a República Centroafricana de Ali Darrassa y UPC, a quienes acusan de ser mercenarios extranjeros instalados en suelo centroafricano para apropiarse de sus riquezas naturales, así como de cometer innumerables crímenes contra la población civil.

 

Conclusiones

La frustración común de las milicias ex Séleka ante el rechazo presidencial de plegarse a sus exigencias políticas se ha transformado, inquietantemente, en una confrontación armada entre estas. Mientras que UPC ha adoptado una táctica centrada en el mantenimiento del status quo, FPRC se ha reorganizado política y militarmente para forzar el logro de sus objetivos. Consciente de que la negativa de Darrassa para integrarse en la nueva Séleka puede restarle un considerable y efectivo poder de presión sobre Bangui, el grupo liderado por Nourredine Adam ha pasado a la ofensiva militar directa con el firme propósito de desalojarle de su feudo en Bambari.

Del éxito de esta campaña militar depende la expansión de la coalición liderada por FPRC sobre un área rica en recursos naturales, además de importante enclave económico que conecta la capital con Chad, Sudán, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Por otro lado, si la determinación para expulsar a UPC de la prefectura de Ouaka está demostrada, el grado de oportunismo de esta alianza entre facciones ex Séleka es incierto, a la vez que crucial, para determinar el curso de las negociaciones ante una hipotética caída de Bamabari en manos de la coalición.

Lo único cierto por el momento es que los beligerantes se consumen en una campaña militar fratricida ante la atenta observación de las autoridades, quienes podrían acabar beneficiándose del debilitamiento de los grupos ex Séleka. Mientras tanto, Bambari sigue el camino de convertirse de nuevo en la “frontera de la venganza”[6].

Nota: "Las ideas y opiniones expresadas en este artículo no reflejan, necesariamente, la postura oficial de las Naciones Unidas, y deben ser atribuidas exclusivamente a su autor". 

Jorge Comins es analista de información en la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA).


[1] European Union military operation in the Central African Republic: http://www.eeas.europa.eu/archives/csdp/missions-and-operations/eufor-rca/index_en.htm.

[2] Para más información y análisis sobre los principales retos del nuevo presidente de la RCA, ver “Touadéra, el “candidato del pueblo” frente al colapso centroafricano, Análisis GESI 8/2016. Disponible en: http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/touad%C3%A9ra-el-%E2%80%9Ccandidato-del-pueblo%E2%80%9D-frente-al-colapso-centroafricano.

[3] Estos son el Mouvement Patriotique pour le Centrafrique (MPC), Unité pour la Paix en Centrafrique (UPC), además del ya mencionado FPRC. A los anteriores puede añadirse el grupo Rassemblement Patriotique pour le Renouveau de Centrafrique (RPRC), relativamente menor en capacidades militares, pero con bastante arraigo social y legitimidad entre la comunidad gula.

[4] A este respecto, resulta particularmente aconsejable leer los informes del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre la República Centroafricana, basados en investigaciones de campo y accesibles en el siguiente enlace: https://www.un.org/sc/suborg/es/sanctions/2127/panel-of-experts/reports. Y el estudio de Agger, K. (2015) para Enough Project “Warlord Business: CAR’s Violent Armed Groups and their Criminal Operations for Profit and Power”. Disponible en: http://www.enoughproject.org/reports/warlord-business-car%E2%80%99s-violent-armed-groups-and-their-criminal-operations-profit-and-power.

[6] En alusión a un artículo publicado por el diario El País el 30 de junio de 2014, titulado “Bambari, la frontera de la venganza en República Centroafricana”.  

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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