Consideraciones sobre el salafismo en Holanda

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La profesora Beatrice de Graaf ha publicado recientemente un artículo en la revista Sentinel sobre la conexión entre el salafismo y el yihadismo en Holanda. El artículo realiza una cronología que sintetiza la evolución del salafismo en dicho país en cuatro etapas:

1986-2001: Creación de los primeros centros islámicos de inspiración salafista. Estuvieron financiados por entidades privadas saudíes. Sus cuadros procedían fundamentalmente de Oriente Medio y la nacionalidad de origen de quienes frecuentaban las mezquitas salafistas era plural, aunque el sector de población más numeroso estaba compuesto por jóvenes de origen marroquí. En términos relativos la importancia del movimiento salafista dentro de la comunidad islámica era muy reducida, con aproximadamente unos dos mil asistentes a los sermones del viernes de un total de 850.000 musulmanes en el país.

En líneas generales el salafismo en Holanda tenía un carácter apolítico, reacio a la integración y con estereotipos negativos hacia la población hacia la sociedad holandesa. No obstante, también existe dentro del salafismo holandés un sector más propicio al activismo político en cuestiones locales e internacionales.

2001-2002: La conmoción internacional por los atentados del 11-S y el discurso extremista anti-inmigración de Pim Fortuyn dirigen la atención mediática hacia el movimiento salafista en Holanda como arquetipo del islam radical. Paralelamente numerosos jóvenes musulmanes construyen una identidad negativa (en una reacción frente a los modelos propuestos por sus familias o la sociedad holandesa en general) asumiendo los principios del salafismo y, en casos minoritarios, del salafismo yihadista.

2002-2004: La tendencia de la etapa anterior cristaliza en la muerte en Cachemira de dos jóvenes holandeses de origen marroquí, supuestamente reclutados en el entorno de la mezquita salafista ‘Al Furqaan’ (Eindhoven); en la detención, meses después, de trece individuos que frecuentaban dicha mezquita; y finalmente en la creación del grupo Hofstad y en el asesinato del cineasta Theo Van Gogh por un miembro de dicho grupo en noviembre de 2004

2004-2010: La presión política, social y policial ha motivado que los líderes salafistas en Holanda se hayan distanciado del salafismo yihadista y que hayan condenado la violencia. En algunos casos, incluso han colaborado con los servicios de seguridad. Los salafistas han advertido que la violencia yihadista practicada en Holanda provoca rechazo hacia su movimiento y hacia los musulmanes en el país, y por otra parte consideran que los yihadistas holandeses, al interpretar por su cuenta los textos religiosos, generan división en el seno de la comunidad. Al mismo tiempo el gobierno holandés ha adoptado una actitud firme, que en casos puntuales (por ejemplo de tres imanes de la mezquita ‘Al Furqaan’) ha incluido la declaración el inicio de procesos de expulsión por parte del Ministerio de Inmigración e Integración

Aunque todavía existen reparos sobre la actitud del salafismo no violento hacia la democracia y la integración en la sociedad occidental, tanto el servicio de inteligencia (AIVD) como la unidad de coordinación antiterrorista holandesa (NCTb) advierten tendencias favorables a la moderación y a la adaptación al mundo exterior en el seno de las comunidades salafistas.

Al mismo tiempo, las agencias de seguridad admiten la permanencia de casos de radicalización, especialmente entre algunos jóvenes de origen marroquí, pero consideran que se trata de casos puntuales. Para prevenir este fenómeno, el gobierno holandés puso en marcha en 2007 un Plan de Acción, que he analizado en un artículo sobre las políticas de prevención de la radicalización violenta en Europa

Como resultado, la percepción de peligro se ha reducido sustancialmente en Holanda, hasta el punto de que en diciembre de 2009 el nivel de amenaza se redujo de “considerable” a “limitado”. Según el AIVD, el riesgo provendría en la actualidad de células locales o transnacionales de orientación internacional pero no tanto de grupos autónomos de carácter local.

A partir de este artículo podemos extraer dos consideraciones que nos parecen relevantes:

  • La importancia de determinados grupos y movimientos musulmanes no violentos (en este caso salafistas, pero también sería aplicable por ejemplo al Tabligh) en los procesos de radicalización violenta, bien por la socialización en algunos valores compartidos con el yihadismo, o bien por actuar como estructuras de encuentro y de creación de redes sociales.

    Pero al mismo tiempo, la experiencia holandesa refleja el potencial que encierran estos mismos actores a la hora de rebatir con argumentos islámicos el yihadismo, de desactivar socialmente su militancia y de incrementar la resistencia de potenciales simpatizantes a la instrumentalización y al reclutamiento por parte de los yihadistas. De ahí la preocupación de Al Qaeda a las condenas públicas que ha sufrido, especialmente desde 2006, por parte de figuras del islam radical. De acrecentarse esa tendencia podría acabar secando las fuentes de apoyo del movimiento yihadista global.

    La toma de conciencia de los salafistas holandeses de que las actividades violentas en el país colisionan con sus propios intereses explica su distanciamiento explícito con respecto a los yihadistas. A ello ha contribuido en gran medida la actitud vigilante que han mantenido sobre ellos el gobierno y los servicios de inteligencia holandeses, plasmada en dos documentos de referencia sobre el tema: From Dawa to Jihad y Radical Dawa in Transition, elaborados por el AIVD en 2004 y 2008 respectivamente.

  • Por otra parte, el caso de Holanda subraya la importancia de las organizaciones yihadistas formales con respecto a las células ‘homegrown’ (autónomas y autoconstituidas). En el artículo comentado se detalla cómo algunos de los miembros del grupo Hofstad mantuvieron relación en España con Abdeladim Akoudad, un operativo del Grupo Islámico Combatiente Marroquí que coordinaba una red en Vilanova i la Geltrú (Barcelona).

    Esta vinculación constituye un indicio más del papel de dichas organizaciones en la movilización y coordinación eficaz de los simpatizantes radicales de a pie. De no ser por su actividad es muy probable que la radicalización violenta no llegara a traducirse en militancia activa en la mayor parte de los casos.