Combate interarmas: el ‘arma decisiva’ de Occidente

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Desde el siglo XVI es casi una constante en la Historia la superioridad militar occidental sobre sus rivales procedentes de otras culturas. La expansión europea a partir del Renacimiento, la Era de los Descubrimientos, la colonización de África, América y Oceanía y la expansión de “mandatos” o colonias más o menos disfrazadas en Asia, son acontecimientos que fueron posibles casi exclusivamente por la superioridad de los Ejércitos y las Armadas occidentales sobre sus rivales del resto del mundo.

Esta histórica superioridad en combate se atribuye comúnmente a la superior tecnología de los sistemas de armas de que estaban dotadas las Fuerzas Armadas occidentales. Esta superioridad está presente todavía hoy, aunque es posible que esté en riesgo de desaparecer en el futuro. Como consecuencia de esta percepción, aquellas Fuerzas Armadas que han intentado ponerse en condiciones de enfrentarse a potenciales adversarios occidentales han hecho un importante esfuerzo en adquirir o en desarrollar sistemas de armas avanzados, como forma de igualarse a sus posibles rivales. Existen muchos ejemplos de esta política (la Libia de Muamar El Gadafi, el Irak de Saddam Hussein, el Egipto de Jamal Abd el Nasser…). Sin embargo, cuando estas Fuerzas Armadas “modernizadas” – al menos en lo que concierne a material - se han enfrentado a Ejércitos occidentales, han sido incapaces de evitar rápidas y contundentes derrotas. El curso de las guerras árabe-israelíes, o las repetidas derrotas de Sadam Hussein frente a los norteamericanos, son imposibles de explicar únicamente desde el punto de vista de la diferencia tecnológica (inexistente en muchos campos).

La explicación basada en la tecnología es popular porque es sencilla de comprender. Además de su simplicidad, tiene un matiz de “tranquilidad” cuasi inconsciente para el ciudadano occidental: mientras Occidente mantenga el liderazgo científico, su seguridad está garantizada. Y es que, en realidad, esta superioridad tecnológica de los europeos sobre sus rivales ha sido una situación relativamente habitual, especialmente durante la época de expansión colonial que comienza en el Renacimiento. En consecuencia, muchos autores atribuyen los éxitos militares occidentales (europeos primero, y norteamericanos también posteriormente) exclusivamente a esa diferencia de tecnología. Sin embargo, esta explicación es, en el mejor de los casos, sólo parcialmente correcta.

En cualquier caso, la difusión de la tecnología y el acceso a los mercados de armamento avanzado permite a cualquier Estado dispuesto a afrontar el gasto necesario hacerse con equipo militar de última generación. En consecuencia, la ventaja tecnológica occidental se ha ido reduciendo, hasta el punto de que actualmente es difícil defender que ésta exista siempre o, al menos, que sea decisiva: como ejemplo, el Irán del Sha llegó a adquirir buques de combate más avanzados (los destructores clase Kidd) que los que tenía en servicio la U.S. Navy  en aquel momento (sus predecesores, clase Spruance), y que ésta última había descartado por su elevado coste; de la misma manera, adquirió cazas F-14A Tomcat (los más avanzados de que disponían los norteamericanos ), carros Chieftain (en una versión mejorada sobre los que tenía en servicio el Ejército británico) y muchos otros sistemas de armas de última tecnología… De forma similar, los Ejércitos egipcio y sirio recibieron un amplio surtido de material soviético de última generación (como los misiles antiaéreos SA-6 Gainful o los contracarro AT-3 Sagger), superiores a los equivalentes en poder del Ejército israelí. Pese a ello, la eficacia del Ejército iraní frente al iraquí en la guerra que enfrentó a ambos países en los años 80, o la de los egipcios, iraquíes, jordanos y sirios frente a los israelíes puede calificarse, siendo moderados, de “limitada”.

En realidad, conforme la superioridad tecnológica occidental ha ido disminuyendo, un nuevo factor ha ido creciendo en importancia: la competencia occidental en el combate “interarmas”. Como todos los demás procedimientos de los Ejércitos, el combate interarmas no es más que la “doctrina” actual de los Ejércitos occidentales de hoy.

En este blog, el autor pretende dar unas nociones generales de la génesis, la evolución y las principales características del “combate interarmas”. Estos temas serán el objeto de posts sucesivos.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Eurocuerpo.