Cómo harán los espías caer a Donald Trump

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Blog Mosaico

Dirty Tricks or Trump Cards, esto es, Trucos Sucios o Carta Ganadora es un libro clásico de inteligencia que narra la importancia de las acciones encubiertas en la política estadounidense. Su título nos sitúa ante el dilema de si, de verdad, los espías tienen poder como para acabar con un presidente o si éste siempre tiene la carta ganadora.

Quién lanzó el desafío es algo que desconocemos. Durante las elecciones se produjeron varios tanteos que se resumen en: Trump tuvo el apoyo de parte del FBI pero Obama, gracias a parte de la CIA, dejó el mensaje de que sería posible un impeachment. Lejos de ser monolíticas, las agencias son un conjunto de familias y posicionamientos ideológicos acentuados desde tiempos del Secretario Gates. En esta partida de naipes está en juego la ruptura del status quo que nace con el presidente Roosevelt denominado orden liberal de la seguridad nacional. Esto es, las agencias de inteligencia protegen al país a cambio de inmensos poderes y pocas preguntas al cobijarse bajo la cláusula de seguridad nacional.

Sin el apoyo del Partido Republicano, Trump debe resolver pronto la partida por su debilidad frente a la información que periodistas (deshonestos) y espías (inútiles) tienen de él, sus negocios y su campaña. Esta partida de cartas, que le puede costar la presidencia, debe finalizar antes de noviembre de 2018, cuando ambas Cámaras se renueven, y tendría las siguientes fases.

Fase 1. Las agencias acusan recibo del ataque presidencial. La víctima: un peón menor, el consejero de seguridad nacional. Mensaje: aceptamos el envite y sí, es cierto, tenemos información sobre sus relaciones con Rusia. Y no será el último, otros peones caerán. Esto sitúa el terreno de juego en el de la seguridad nacional con Rusia (traición) como centro. Trump ha atacado a las dos agencias más políticas obviando a las más poderosas: NSA e inteligencia militar, por lo que parece que acepta que el terreno de juego sea el doméstico-político.

Pero, ¿cómo podrían jugar los espías esta partida sin parecer traidores y desleales ante los ciudadanos estadounidenses? La respuesta: enfatizando su misión. “Nuestro trabajo es proteger la seguridad nacional y lo hicimos detectando conversaciones con agentes extranjeros y forzando la dimisión del consejero Flynn”.

Fase 2. El presidente visualiza que tras décadas de poder los espías no van a doblegarse. Para poner freno a su indisciplina, decapita la comunidad de inteligencia sacando a la CIA del Consejo de Seguridad Nacional y nombrará nuevos directores afines para controlar las agencias y revisar su funcionamiento. Esta infiltración de la gente de Trump podría ser estéril y hacerle perder tiempo o bien ayudarle en la cuarta fase. Durante unos meses se soterrará la crisis a ojos de los ciudadanos –que no aceptan tensiones prolongadas– pero se mantendrá a nivel de agencias y familias.

Aunque el conflicto está abierto, las agencias no pueden aflorarlo ya que la luz del día les quema la piel. Por eso externalizarán su trabajo en terceros: los periodistas y los propios republicanos que se juegan las legislativas de 2018. Emplearán tres técnicas. Primero, cercenarán información al presidente con la excusa de protegerle con la táctica conocida como “negación plausible”. Segundo, filtrarán información a servicios de terceros países para que sus medios la publiquen y poder hacerse eco luego en los Estados Unidos. Tercero, establecerán un cordón sanitario en torno a sus asesores para que su círculo sea cada vez menos poderoso.

El relato de esta fase es más peligroso ya que implica sostener que el propio presidente de los Estados Unidos es una amenaza a la seguridad del país. Este nuevo relato pasa por convertir a Trump en un rehén de poderes exteriores (Rusia), dominado por sus intereses económicos (negocios dudosos) y mentiroso a los ciudadanos (vida privada poco ejemplar). En el FBI solo tendrán que desempolvar el manual empleado por el director Hoover durante décadas. Estaríamos ante el último momento para poner fin a esta turf war o guerra de posicionamiento entre la presidencia y las agencias de inteligencia; más allá no habría punto de retorno.

Fase 3. Desde diferentes frentes se enfatizará el peligroso descontrol existente en la Casa Blanca lo que permitirá a los espías jugar un relevante papel político. Esto es, incrementarán su grado de autonomía optando por obedecer –y apadrinar– a la elite política de reemplazo residenciada en el Congreso y el Senado, pero no a la Casa Blanca. Como un espasmo, el presiente nombrará un Inspector que ponga orden, pero ya será tarde. Además, tras las inmensas inversiones, personal y cambios normativos realizados tras el 11-S hay poco margen hay para comprar voluntades en las agencias. La partida se torcería para Trump.

Fase 4. Ante el deterioro de su poder y para modificar el relato de descontrol que legitima las acciones autónomas del FBI y, parcialmente, de otras agencias, Trump aireará trapos sucios de los federales (conoce bien su capacidad de jugar a la política tras su apoyo electoral). Podrían ser filtraciones de un grupo anónimo, a semejanza del Citizens Commission to Investigate FBI Activities en los setenta o Wikileaks. Las filtraciones tendrían origen en los hombres de Trump en el interior de las agencias y, no nos engañemos, en quienes ponen huevos en varios cestos por si él resultara la carta ganadora.

Se barajarían entonces las cartas por última vez. El FBI – apoyado por demócratas y republicanos decididos a mantener el orden liberal de seguridad nacional– tendría que resolver de forma rápida y limpia la jugada contra Trump. Porque, cuanto más nos acerquemos a las elecciones de 2018, más querrán ambos partidos alejarse de estos trucos sucios que poco gustan a los electores. A escasos meses de los comicios, ambos dejarían de apoyar al FBI y solicitarían una investigación sobre sus actividades a sabiendas de que, como las anteriores comisiones Pike o Church, éstas se demorarán al menos dos años.

Abandonados por la elite política de remplazo en busca de una mejor ocasión, si los hombres de Trump se hicieron con lugares clave en la fase 2, estos iniciarán una investigación rápida sobre algún episodio concreto de guerra sucia interna del FBI para mostrar que la inestabilidad procedía de las agencias y no de Trump quien podrá así finalizar su presidencia. Y como las fuertes apuestas se pagan caras, como castigo, el FBI será fragmentado en dos: una policía federal y un servicio de inteligencia interior como propuso la comisión del 11-S. Trump sería la carta ganadora al menos, claro está, que los espías no rompan antes la baraja...

 

Antonio M. Díaz Fernández, es Profesor Titular de Derecho Penal en la Universidad de Cádiz y autor de “Espionaje para políticos”, Tirant Lo Blanch, 2016. www.antoniodiaz.eu