Argentina y la imposibilidad de defender su espacio aéreo

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Blog Mosaico

Desde que, a finales de 2015, la República Argentina decidió la desprogramación total de los aviones supersónicos: Mirage III, Mirage 5 y Dagger modernizados, el servicio de defensa del espacio aéreo argentino quedó sin prestación, dejando a la Fuerza Aérea y a la Argentina sin interceptores de fuste para cumplir con tal cometido.

Tras 43 años de servicio, los aviones cursaron por última vez los cielos argentinos en Noviembre del año pasado y fueron despedidos de la Fuerza con grandes honores. Sin embargo, sus reemplazantes no llegaron, es más, el agravante es que aún no llegan y nuestro país lleva más de siete meses sin tener la capacidad militar necesaria para cumplir el principio básico de la soberanía.

Mirage III

Durante la gestión Kirchnerista, varias alternativas fueron analizadas con el fin de obtener un sustituto que cumpla con las prestaciones. Aviones como F-16 (EEUU), Mirage F-1 modernizados (España y Francia) fueron consultados pero sin avance alguno. La negociación que más avanzó fue la adquisición de 14 unidades de KFir (Israel) por un monto cercano a los 360 millones de dólares, esta negociación fue cancelada pocas horas antes de su firma porque se requería una modificación presupuestaria que no podía encarar el Gobierno saliente y, además, el primer avión llegaba a la Argentina a mitad del año 2017. También, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, evaluó los Sukhoi Su-24 (de fabricación rusa) que fueron descartados por su alto precio y los FC-1 (chinos) cuya compra no avanzó jamás. El último Gobierno no fue capaz de resolver la pérdida de prestación aérea y dejó a la seguridad de la Argentina en un estado crítico.

El dato positivo de la gestión anterior en cuestión de defensa aérea es la construcción de los  IA-63 Pampa III, un avión biplaza tándem de entrenamiento básico-avanzado, que cuenta con capacidad para misiones ligeras y/o tácticas. Claramente no podrá ser utilizado como interceptor supersónico pero registra un avance en cuanto a industria aeronáutica nacional, un instrumento para el perfeccionamiento de nuestros pilotos. Además, podrán servirle a la Fuerza Aérea para misiones puntuales y un buen producto, en el futuro, para la exportación debido a que varios países se han mostrado interesado por sus prestaciones.

Si bien en la actualidad, Argentina está atravesando un duro programa de ajuste económico implantado por el Gobierno de Mauricio Macri que tiene su correlato en el área de Defensa, tanto el Presidente de la Nación como Julio Martínez (Ministro de Defensa) saben que la inversión para adquirir aviones con las capacidades necesarias para cumplir la prestación de defensa aérea de la soberanía es más que importante.

Un primer acercamiento tuvo que ver con la posible adquisición de Northrop F-5, aviones de tercera mano (provenientes de la Fuerza Aérea Suiza) que las fuerzas armadas de Estados Unidos utilizan como “agresores” en el Entrenamiento de Combate Aéreo Disimilar. Con una velocidad máxima de Mach 1.6 (aproximadamente 1.875km/h) y con un techo de vuelo de 16.800m, hubiera significado un reemplazo en la categoría de interceptores supersónicos pero la Argentina seguiría con un fuerte proceso de retroceso en cuanto a equipamiento aéreo militar por su gran antigüedad, tecnología y uso. A su vez, ha llegado un interés de volver a ofrecer los FC-1 chinos aunque no ha habido mayores novedades en cuanto a éste aparato.

En junio del corriente año, nuestro Ministro de Defensa se reunió con su par francés Jean-Yves Le Drian y confirmó que hay negociaciones entabladas en “excelente precio y condiciones favorables” para la adquisición de aviones supersónicos. Los que correrían con cierta ventaja son los Mirage F1 CT/CR que supondría cumplir con creces las necesidades actuales para la defensa nacional, con un costo estimado en 117 millones de dólares por 12 unidades. Además, la posibilidad de adquirir algunas unidades del Dassault-2000 dentro de algunos años cuando sean dados de baja del escuadrón francés. El otro dato a favor que suponen los Mirage es que la Fuerza Aérea Argentina conoce muy bien este tipo de aeronaves por lo que su costo de adaptación sería mucho más accesible. Como complementario, se negociaría la compra de un lote de motores del Grupo Safrán (francés) con el objetivo de reacondicionar aviones argentinos IA-58 Pucará para ponerlos al servicio de la vigilancia de fronteras.

IA-58 Pucará

El Ministro Martínez, en su viaje a Brasil, fue con un claro objetivo: “Queremos ser parte del contrato que firmó Embraer (fábrica aeronáutica brasileña) con la sueca Saab (empresa de aviación), y podríamos hacerlo a través de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA). Les pedimos también si podemos sacar de los cazas los componentes británicos para que la Argentina no tenga problemas para trabajar.”

Debemos recordar que FAdeA ya trabaja con Brasil en la fabricación del KC-390 (carga) que posee componentes argentinos y sentaría un precedente para avanzar en ésta negociación. Si Argentina tiene éxito, podría otorgar ciertas partes y piezas a convenir, como parte de pago de las aeronaves Saab Gripen NG. Son los primeros pasos y habrá que seguir detenidamente como continúa dicho proceso, lo cierto es que de confirmarse la asociación traería múltiples beneficios: consolidación de la industria aeronáutica nacional, creación de nuevos puestos de trabajos con participación de las PyMEs y a largo plazo la obtención de un caza de generación 4.5, completamente impensado para nuestra actualidad y de gran avance en las prestaciones de las Fuerzas Armadas Argentinas.

Juan Cruz Simonetta es coordinador del Observatorio de Asuntos Estratégicos y Militares de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.