Épica geopolítica: la carga de Caballería

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No existe en el mundo animal que más haya contribuido a la geopolítica que el caballo. A caballo se ha conquistado el mundo. A caballo se combatió en Europa desde la Edad Antigua, civilizaciones cayeron desplazadas por otros pueblos que cabalgaron sobre sus restos.

A caballo los mongoles dominaron gran parte de Asia durante la Edad Media y a caballo se conquistó América en diferentes etapas y por diferentes imperios. Hasta bien entrado el siglo XX, la caballería fue determinante en las guerras y la carga de caballería fue siempre un hecho culminante durante las batallas. Aún hoy, hace menos de 15 años, “soldados a caballo”[1] de las Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU junto a combatientes afganos de la Alianza del Norte, arrebataron Afganistán al gobierno de los Talibanes. 

En el 95 aniversario de las heroicas cargas del Regimiento Alcántara durante el “Desastre de Anual” conviene que “busquemos las lecciones grabadas en la Historia con lauro inmarcesible[2]. Es este momento, el de la carga de caballería, sobre todo cuando las armas de fuego la hacían cada vez más vulnerable, el que más ha inspirado al mundo por su audacia, el que ha fundido, mejor que ningún otro, la poesía con el horror del combate, la épica con lo bélico.

Esta historia reciente, en la que la tecnología y los modernos sistemas de armas han provocado varios saltos cualitativos en las “formas de hacer la guerra”, aún recuerda a los míticos “centauros” que hace no demasiados años asombraron a pueblos y naciones con su sacrificio y que fueron acreedores de los mejores poetas. Es así, como a través de la poesía, han perdurado sus hazañas y como hoy en estas líneas, con humildad y veneración, recordamos algunas de ellas, intentando analizar la percepción que diferentes sociedades tuvieron de sus hechos heroicos a través de esta pequeña muestra que las musas nos han dejado.

 

“Por el valle de la muerte cabalgaron los seiscientos”

La carga de caballería más famosa de la historia, es efectivamente, la que la Brigada Ligera de la División de caballería inglesa realizó en la Batalla de Balaclava, el 25 de octubre de 1854, contra las posiciones rusas durante la Guerra de Crimea, que enfrentaba a ingleses, franceses y otomanos contra el Imperio Ruso. Esta fama se la debe, sin duda, a los sublimes versos del poeta inglés Lord Alfred Tennyson, inspirado por la también épica descripción de los hechos realizada por William Howard Russell corresponsal del periódico London Illustrated News, que se encontraba presente durante la batalla. A continuación se reproduce tanto en su idioma original como en castellano el conocido poema dedicado al heroico sacrificio de “los seiscientos”. 

The Charge of the Light Brigade

Half a league, half a league,

Half a league onward,

All in the valley of Death

Rode the six hundred.

"Forward, the Light Brigade!

Charge for the guns!" he said:

Into the valley of Death

Rode the six hundred.

 

"Forward, the Light Brigade!"

Was there a man dismay'd?

Not tho' the soldier knew

Some one had blunder'd:

Theirs not to make reply,

Theirs not to reason why,

Theirs but to do and die:

Into the valley of Death

Rode the six hundred.

 

Cannon to right of them,

Cannon to left of them,

Cannon in front of them

Volley'd and thunder'd;

Storm'd at with shot and shell,

Boldly they rode and well,

Into the jaws of Death,

Into the mouth of Hell

Rode the six hundred

 

Flash'd all their sabres bare,

Flash'd as they turn'd in air

Sabring the gunners there,

Charging an army, while

All the world wonder'd:

Plunged in the battery-smoke

Right thro' the line they broke;

 

Cossack and Russian

Reel'd from the sabre-stroke

Shatter'd and sunder'd.

Then they rode back, but not

Not the six hundred.

 

Cannon to right of them,

Cannon to left of them,

Cannon behind them

Volley'd and thunder'd;

Storm'd at with shot and shell,

While horse and hero fell,

They that had fought so well

Came thro' the jaws of Death,

Back from the mouth of Hell,

All that was left of them,

Left of six hundred.

 

When can their glory fade?

O the wild charge they made!

All the world wonder'd.

Honor the charge they made!

Honor the Light Brigade,

Noble six hundred!

 

“Charge of the Light Brigade” por Richard Caton Woodville, Jr. 

 

Una traducción muy popular al castellano de esta poesía es la que a continuación se reproduce:

La Carga de la Brigada Ligera

Media legua, media legua,

Media legua ante ellos.

Por el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

“¡Adelante, Brigada Ligera!”

“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

 

“¡Adelante, Brigada Ligera!”

¿Algún hombre desfallecido?

No, aunque los soldados supieran

Que era un desatino.

No estaban allí para replicar.

No estaban allí para razonar,

No estaban sino para vencer o morir.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

 

Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones ante sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Cabalgaron con audacia,
Hacia las fauces de la Muerte,
Hacia la boca del Infierno
Cabalgaron los seiscientos.

 

Brillaron sus sables desnudos,
Destellaron al girar en el aire,
Para golpear a los artilleros,
Cargando contra un ejército,
Que asombró al mundo entero.

 

Zambulléndose en el humo de las baterías
Cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
Retrocedieron ante el tajo de los sables
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no,
No los seiscientos.

 

Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones detrás de sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Mientras caballo y héroe caían,
Los que tan bien habían luchado
Entre las fauces de la Muerte
Volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
Lo que quedó de los seiscientos.

 

¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
A los nobles seiscientos!”

 

La historia real detrás de este episodio bélico, es más producto de la incompetencia militar de los mandos superiores de las Fuerzas Británicas y de la División de Caballería inglesa, que de cualquier otra cosa. El General en jefe de las Fuerzas Británicas Lord Raglan, ordenó a la División de Caballería el ataque a unas posiciones rusas para recuperar cañones previamente arrebatados a los ingleses. La deficiente transmisión de las órdenes por parte del ayudante de campo, el capitán Louis Nolan y la falta de entendimiento entre Lord Duncan, jefe de la División, y Lord Cardigan jefe de la Brigada Ligera, propició que esta acabara atacando en la dirección equivocada, adentrándose en el “valle de la muerte” mientras potentes baterías de cañones rusos al frente y a los flancos iban destrozando a jinetes y caballos durante el ataque, en un sacrificio que en modo alguno favorecía a las Fuerzas Aliadas, que a pesar de esta derrota acabarían venciendo a los rusos en la Guerra de Crimea.

No obstante, el valor mostrado por la Brigada, que con disciplina acató las absurdas órdenes y con arrojo cargó bajo el fuego y la metralla, no fue en vano, pues inspiró sin duda a generaciones de militares de caballería ingleses con su ejemplo.

Disponible en http://warfarehistorynetwork.com/daily/military-history/charge-of-the-light-brigade-the-battle-of-balaklava/

 

El toque de trompeta de la Batalla de Gravelotte

La Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) fue la principal guerra europea de la segunda mitad del siglo XIX y marcó el devenir de un convulso siglo XX en el que el mundo, sus equilibrios de poder y la geopolítica darían un inmenso vuelco. La victoria de los ejércitos prusianos consolidaría a la unificada y naciente Alemania como el nuevo hegemón continental europeo, en expansión hacia el prometido Heartland[3]. En estos ejércitos y la guerra de movimientos que practicaron, tuvo un papel relevante la caballería, al menos en el nivel táctico, que contribuyó abnegada, a las victorias estratégicas que inclinaron la balanza de la contienda.

Una muestra de estas gestas pudieron observarse en la Batalla de Gravelotte, en la que numerosas cargas de diferentes unidades de caballería prusianas se estrellaron contra posiciones francesas, mientras que la batalla se convertía en una de las más sangrientas de esta guerra. En el barranco del Mance, las vidas de numerosos coraceros y ulanos eran segadas por las mitraillueses y los nuevos rifles Chassepot franceses, y con su sacrificio apuntalaron una derrota táctica, que se convertiría en una victoria estratégica sobre el ejército francés, al propiciar su retirada hacia Metz.

Ferdinand Freiligrath, uno de los poetas alemanes del siglo XIX, que cultivó entre otros el estilo épico-patriótico, quiso rendir homenaje a las hazañas de las sufridas unidades de caballería con el poema titulado “La trompeta de Gravelotte”, que a continuación se reproduce:

 

Die Trompete von Gravelotte

 

Sie haben Tod und Verderben gespiehn;

 Wir haben es nicht gelitten.

 Zwei Colonnen Fussvolk, zwei Batterie’n,

 Wir haben sie niedergeritten.

 

Die Säbel geschwungen, die Zäume verhängt,

 Tief die Lanzen und hoch die Fahnen,

 So haben wir sie zusammengesprengt, –

Cürassiere wir und Ulanen.

 

Doch ein Blutritt war es, ein Todesritt;

 Wohl wichen sie unsern Hieben,

 Doch von zwei Regimentern, was ritt und was stritt,

 Unser zweiter Mann ist geblieben.

 

Die Brust durchschossen, die Stirn zerklafft,

 So lagen sie bleich auf dem Rasen

 In der Kraft, in der Jugend dahingerafft, –

Nun, der Trompeter, zum Sammeln geblasen!

 

Und er nahm die Trompet, und er hauchte hinein;

 Da – die muthig mit schmetterndem Grimme

 Uns geführt in den herrlichen Kampf hinein,

 Der Trompete versagte die Stimme!

 

Nur ein klanglos Wimmern, ein Schrei voll Schmerz,

 Entquoll dem metallenen Munde;

 Eine Kugel hatte durchlöchert ihr Erz –

Um die Todten klagte die Wunde!

 

Um die Tapfern die Treuen, die Wacht am Rhein,

 Um die Brüder, die heut gefallen, –

Um sie alle, es ging uns durch Mark -und Bein,

 Erhub sie gebrochenes Lallen.

 

Und nun kam die Nacht, und wir ritten hindann,

 Und wir dachten der Todten, der Todten ! –

Die Rosse schnoben, der Regen rann –

Und wir dachten der Todten, der Todten!

 

Este poema ha sido adaptado al inglés por Kate Freiligrath-Kroeker, escritora especializada en poesía germánica[4], y del que a continuación se presenta, a su vez, un extracto adaptado al español:

La Trompeta de Gravelotte

 

Vomitando muerte y destrucción,

Sufriendo el desafío en vano,

Columnas de infantes y cañones

Contra ellos cabalgamos.

 

Sables esgrimidos, holgadas las riendas,

Lanzas en posición, altas las banderas

Así fue como juntos volamos,

Nosotros, Coraceros y Ulanos.

 

Nuestro empuje rompió sus líneas,

Pero en sangre y muerte se tornó la carga.

De ambos Regimientos, vigorosos y fuertes,

Uno de cada dos hombres nunca regresaba,

 

Luego, una vez más, el toque de trompeta

Nos instó a la gloriosa batalla

Luego un grito de dolor, pero sin sonido,

Atravesadas carne y metal por la metralla.

 

Entonces cayó la noche, y seguimos cabalgando,

Mientras pensábamos en los muertos y los moribundos.

La lluvia cesó, resoplaron los caballos,

¡Y pensamos en los muertos y los moribundos!

Coraceros Prusianos en la Batalla de Gravelotte por Juliusz Kossak

 

Little big horn. La última batalla de custer

El Teniente Coronel George Armstrong Custer, controvertido héroe de la Guerra de Secesión Americana, en la que llegó a ser General de División, y carismático jefe del célebre “Séptimo de Caballería” durante las posteriores campañas contra las tribus indias en Montana, ha dejado para la historia uno de los episodios bélicos más conocidos y difundidos de la historia de EEUU. ¿Quién no ha visto u oído hablar de alguna de las películas basadas en su vida o en la famosa batalla en la que encontró la muerte? “Murieron con las botas puestas” ha trascendido su uso como título de una de ellas y es en la actualidad una frase arraigada en la cultura universal para referirse a situaciones en las que algunos luchan o se empeñan con heroísmo contumaz en alguna acción hasta su propio fracaso o muerte.

Custer, y el 7º Regimiento de Caballería participaron en las denominadas Guerras Indias, realizando campañas contra tribus de Sioux y Cheyennes entre otras, en la zona de las Black Hills. En la primavera de 1876 intervinieron en una gran operación para obligar a las tribus de la zona a que regresaran a sus reservas, que movilizaría a más de 3.000 efectivos, organizados en tres columnas, que atacarían la zona desde tres direcciones distintas. A la tercera de ellas, la más numerosa, al mando del General Alfred Terry, pertenecía el 7º de Caballería.  

Las tribus indígenas consiguieron también organizarse tras los llamamientos de los míticos jefes Toro Sentado y Caballo Loco, logrando oponer una importante resistencia a la operación del ejército, lo que provoca que las columnas no converjan en ataques coordinados como estaba previsto. Esta situación y la desmedida ambición de Custer, que buscaba una nueva victoria personal, que lo  “adornase” en su pretendida futura carrera política, hace que, al mando de su Regimiento, tras rechazar la incorporación de 4 compañías de refuerzo del 2º de Caballería y cuatro ametralladoras Gatling, se adelante al resto de la columna del General Terry y ataque las posiciones indias en el valle de Little Big Horn. Para ello, divide su unidad (647 hombres) en tres grupos para lanzar a sus compañías desde diferentes puntos frente a fuerzas muy superiores en número (entre 2000-3000 guerreros), lo que unido a la ineficacia de algunos mandos intermedios provoca el desastre, la derrota, y el cerco y aniquilación del grupo comandado por el propio Custer en la célebre “Custer Last Stand”.

Esta derrota es rápidamente idealizada por la prensa y Custer y el Séptimo de Caballería se convierten en leyenda. Aunque de manera objetiva, muchos de las circunstancias del personaje y de la acción concreta de la batalla, sean reprobables, no importa, pues hay espacio para la épica, para ensalzar el sacrificio de hombres audaces que entregan su vida en combate frente al enemigo. La literatura no tarda en hacerse eco, y Walt Whitman, padre de la poesía moderna estadounidense, dedica estos versos al ya mítico Teniente Coronel.

 

From far Dakota's canyons

 

From far Dakota's canyons,

Lands of the wild ravine, the dusky Sioux, the lonesome stretch,

The silence,

Haply to-day a mournful wall, haply a trumpet-note for heroes.

 

The battle-bulletin,

The Indian ambuscade, the craft, the fatal environment,

The cavalry companies fighting to the last in sternest heroism,

In the midst of their little circle, with their slaughter'd horses

    For breastworks,

 

The fall of Custer and all his officers and men.

Continues yet the old, old legend of our race,

The loftiest of life upheld by death,

The ancient banner perfectly maintain'd,

O lesson opportune, O how I welcome thee!

 

As sitting in dark days,

Lone, sulky, through the time's thick murk looking in vain

For light, for hope,

From unsuspected parts a fierce and momentary proof,

(The sun there at the centre though conceal'd,

Electric life forever at the centre,)

Breaks forth a lightning flash.

 

Thou of the tawny flowing hair in battle,

I erewhile saw, with erect head, pressing ever in front,

Bearing a bright sword in thy hand,

Now ending well in death the splendid fever of thy deeds,

(I bring no dirge for it or thee, I bring a glad triumphal sonnet,)

Desperate and glorious, aye in defeat most desperate, most glorious,

After thy many battles in which never yielding up a gun or a color,

Leaving behind thee a memory sweet to soldiers,

Thou yieldest up thyself.

“Caster’s Last Stand” por Edgar Samuel Pasxon

A continuación, intentando respetar la esencia épica del genial Walt Whitman, se presenta un extracto adaptado al español del poema de la última batalla de Custer y su “Séptimo de Caballería”:

 

Desde los lejanos cañones de Dakota

 

Desde los lejanos cañones de Dakota

Tierra de indómitos barrancos, oscuros Sioux, solitarias cañadas,

El silencio,

Entre lúgubres paredes, una alegre nota de trompeta para los héroes.

 

La crónica de la batalla,

La emboscada de los indios, las fatales circunstancias,

Las compañías de caballería luchando hasta el final,

 Con austero heroísmo,

En medio del pequeño círculo, sus exánimes monturas como parapetos,

La caída de Custer y de todos sus oficiales y soldados.

Todavía continúa la antigua leyenda de nuestra raza,

La vida ensalzada y sostenida por la muerte,

¡O lección oportuna, cómo te doy la bienvenida!

A través de la bruma espesa del tiempo buscando en vano

Una luz, de esperanza.

 

Tú, el de rubio cabello que fluye en la batalla,

Yo te pude ver, con la cabeza erguida, presionando siempre,

Con la brillante espada en tu mano,

Ahora termina en muerte, así la espléndida fiebre de tus hazañas,

La derrota más desesperada, la más gloriosa,

Después de tus muchos combates en los que nunca cediste

Ante armas o banderas,

Dejando tras de ti un dulce recuerdo a los soldados,

Tu mayor derrota enaltecida.

 

“¡Alcántara no cede!”

En este breve repaso de sacrificios épicos de unidades de caballería, hay que destacar, las cargas que el Regimiento Alcántara, del Ejército Español, realizó en la zona del Riff (en el actual Marruecos), para proteger la retirada de las tropas españolas durante el célebre y aciago “Desastre de Anual”.

Corría el año 1920, cuando el Comandante General de Melilla, Manuel Fernández Silvestre, inicia una operación dentro de la colonia española en la zona norte de Marruecos, para someter a las cabilas de Rifeños que escapaban al control de la autoridad española. Una Fuerza de más de 18.000 hombres, entre españoles e indígenas, sale de Melilla en dirección a Annual donde el General Silvestre, establece su Puesto de Mando Principal, con unos 5.000 efectivos. Durante el avance se van emplazando una serie de pequeñas posiciones defensivas (conocidas como “blocaos”) a lo largo de la línea de progresión. Bastantes de estas posiciones se colocan en lugares aislados, de difícil abastecimiento y defensa, circunstancia que las hará muy vulnerables a los ataques.

El 17 de Julio de 1921, Abd el-Krim, jefe de los rebeldes rifeños, ataca la localidad de Igueriben y cinco días después, más de 19.000 rifeños se lanzan sobre Annual, lo que provoca la retirada de la fuerza española que es hostigada continuamente en su retroceso. A esta situación se unen los problemas logísticos y la dificultad de apoyarse sobre los ineficaces blocaos, lo que acaba suscitando el desastre. La retirada de las fuerzas se convierte en desbandada sobre la que los rebeldes rifeños caen sin piedad.

Es en este momento, en el que el Regimiento Alcántara brilla con luz propia cargando repetidamente contra el enemigo, sacrificando casi todos sus hombres (más del 80%), para proteger la retirada en las zonas de Dar Drius y Batel.

Aunque finalmente casi todas las fuerzas españolas son masacradas, durante la retirada, en los combates, y en la última posición defensiva en Monte Arruit, esto no desmerece la inmolación de los 691 héroes del Alcántara, al mando del Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera (hermano del futuro dictador), al que le será concedida la más alta condecoración militar española, la Cruz Laureada de San Fernando.

Tendrían que pasar más de 90 años para que se concediera también la Cruz Laureada de San Fernando, en su modalidad de colectiva, al Regimiento de Cazadores de Alcántara nº14 de Caballería. Por fin, el 1 de Octubre de 2012, en el Palacio Real, el entonces Rey Juan Carlos I, impone en el estandarte del Regimiento, la corbata de tafetán rojo y flecos dorados, identificativa de la condecoración, con la leyenda “Annual 1921”.  

Esta hazaña también tiene su épica elegía, compuesta por el poeta cordobés Marcos Rafael Blanco-Belmonte (1871-1936). Estos magníficos versos, de enorme belleza, se han convertido en una de las mejores formas de honrar a los héroes que los inspiraron.

 

Centauros de Alcántara

El Escuadrón de la Locura

 

En el momento trágico de la jornada roja,

En la feroz congoja

De la traición horrible,

Brotó la flor altiva que nunca se deshoja.

La flor de lo imposible.

 

¡Lanzaron los clarines magníficos clamores!

¡Llegó el momento trágico!

Los sables refulgieron con rayos cegadores.

Jinetes y caballos se irguieron voladores

Ante el conjuro mágico.

 

¡Y allá fue la epopeya!, jinete sin adarga

Para la empresa loca.

Alcántara es un grito que el corazón embarga.

Alcántara es delirio que va de roca en roca,

Lanzándose: ¡A la carga!

 

Hermanos y rebeldes son carne destrozada

Por ansia de conquista.

¡Adelante, mientras hiera la espada!

¡Mientras el clarín vibre!

¡Mientras la Patria exista!

 

Se estrellan los caballos en la muralla viva

De la morisca fiera.

Vibra el clarín agudo. Nadie el mandato esquiva.

Embisten conteniendo la tropa fugitiva…

¡Baldón al que se rinda! ¡Laurel para el que muera!

 

Hermanos y rebeldes son carne destrozada

Por ansia de conquista.

El Escuadrón avanza. La tromba ensangrentada

Prosigue batallando con fiebre redoblada…

¡Mientras el clarín vibre!, ¡mientras la Patria exista.

 

Se doblan los caballos y ruedan jadeantes…

¡Alcántara no cede!

Los sables se mellaron, son dientes de gigantes…

Repiten los clarines sus notas arrogantes…

¡Hay que seguir la lucha mientras un hombre quede!

 

¡Al paso!,... los corceles no pueden ya ni al trote.

¡Al paso!,... la jornada su horror sublime alarga.

¡Al paso!,... como nietos del loco Don Quijote.

¡Así van los de Alcántara! Su gloria eterna flote.

¡Al paso!, ¡lo imposible!,... tal fue la última carga.

 

Busquemos las lecciones grabadas en la Historia

Con lauro inmarcesible,

Y arriba, muy arriba, cual gigantesca gloria,

Escúlpase, de Alcántara, la trágica victoria,

Diciendo: ¡con su arrojo, lograron lo imposible!

 

Carga del Regimiento Alcántara por Ferrer Dalmau

 

Epílogo

Siempre hubo poetas geniales que quisieron rendir tributo al valor, aunque las hazañas en las que se puso de manifiesto fueran derrotas, aunque el sacrificio de vidas fuera cruel e inútil, pues es el valor en sí mismo lo digno de exaltación. Es más, cuando la muerte es segura, cuando esta muerte no parece suponer beneficio alguno para las fuerzas propias en la batalla, es cuando el valor alcanza su sublime condición. Por tanto, son las cargas de caballería, sin lugar a dudas, paradigma del citado valor, en las que el arrojo audaz de los “centauros” y el incierto final de la acción, garantizan el sacrificio, como ya anticiparan las palabras que el Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera dirigió, a sus oficiales del Alcántara, antes de la gesta:

“La situación, como ustedes verán, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la patria, cumpliendo la sagradísima misión de nuestra Arma. Que cada uno ocupe su puesto y cumpla con su deber”[5]

La diferencia fundamental, radica en como los hechos y estos poemas que los ensalzan, han perdurado en la memoria de las distintas sociedades herederas de los héroes que las forjaron.

En los países anglosajones, cuyas hazañas bélicas resultaron victoriosas en las guerras mundiales, que asolaron el mundo el pasado siglo, el reconocimiento a los hechos heroicos ha sido constante durante su historia reciente, y los poemas que los ensalzan son ampliamente conocidos y recitados en colegios y universidades.

En cambio, aquellas naciones en las que el fascismo/nazismo protagonizó negras páginas en su historia, olvidan avergonzadas los episodios heroicos de su tradición militar, sin comprender que el valor no entiende de ideologías ni de gobiernos, que el valor, al servicio de una disciplina militar que, de forma acertada o errónea, lo encauza, es siempre digno de ser enaltecido, pues forja y ennoblece, no solo el patrimonio nacional, sino la historia de la humanidad.

 

Francisco Javier Fuentes Gil es Comandante (DEM) del Ejército de Tierra.

 


[1] Stanton, D. (2012): Soldados a caballo,  Editorial Planeta.

[2] Verso del poema dedicado a la heroica acción del Regimiento Alcántara por el poeta cordobés Marcos Rafael Blanco-Belmonte (1871-1936)

[3] La célebre “Tierra Corazón” definida por el geopolítico John Mackinder en el centro del continente euroasiático y cuyo control es posible a través del dominio de la Europa centro-oriental: “Quien gobierne Europa del Este dominará el Heartland, quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial y quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo”.