¿Una zona gris china en Siberia?

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Cerca del 80% de los hidrocarburos rusos (tanto petróleo como gas natural) se ubican en suelo siberiano, así como casi un 40% de su madera, mientras que se calcula que el gran lago Baikal incluye nada menos que un 20% de las reservas mundiales de agua potable.

Sin embargo, la población rusa que habita esas tierras es escasa, si tenemos en cuenta que la extensión de Siberia alcanza los 13.000.000 km2 (ahí residen menos de 40 millones de personas, considerando todo el territorio siberiano). Además, en los últimos años se detecta una creciente despoblación porque muchos jóvenes rusos abandonan la zona para buscar mejor suerte en las grandes ciudades del Oeste de Rusia.

Lo que sigue es cuestión de inercia, porque si nos fijamos en la frontera resulta que en el lado ruso apenas residen unos 6 millones de personas, mientras en el lado chino se superan los 100 millones de habitantes, repartidos entre las provincias de Heilongjiang, Jilin y Liaoning. Los factores económicos incentivan que los chinos crucen la frontera para ganarse la vida, ya que los salarios del norte de su país son muy bajos, de modo que los trabajadores chinos se aprestan a cubrir los huecos que van dejando los jóvenes rusos, en sectores como la construcción, el comercio, las explotaciones forestales o la agricultura. De hecho, en los últimos años han proliferado los ghettos chinos (en Vladivostok, Irkutsk o Khaharovsk).

No es descartable, en este sentido, que China reparta pasaportes entre quienes han cruzado la frontera para residir en suelo siberiano de manera que, en el futuro, en la medida en que le convenga, pueda alegar la necesidad de proteger a sus propios ciudadanos para inmiscuirse en los asuntos siberianos y, por lo tanto, rusos. Receta que los rusos han implementado con éxito en otros lares. La conclusión que se derivaría de ello preocupa sobremanera en Moscú: que la masiva inmigración china en la región lidere a largo plazo la ocupación pacífica y la anexión de facto de amplias zonas del Este de Rusia… zonas especialmente ricas en recursos según hemos indicado.

Por lo demás, no faltan narrativas que apoyen el establecimiento de una hipotética GZ china, ya que la actual frontera es fruto de un Tratado (el de Pekín de 1860) firmado en condiciones desiguales, entre una potencia imperialista cuyo poder estaba creciendo rápidamente (el de la Rusia zarista) y un psedo-Estado (un Estado fallido) debilitado por conflictos intestinos, así como por la conspicua política exterior de las grandes potencias del momento. El victimismo está servido y podría ser el caldo de cultivo del nuevo órdago geopolítico.

Por consiguiente, el escenario siberiano promete ser uno de los más complejos de los próximos lustros aunque, por otro lado, dados los actores implicados, también puede originar otras derivadas incluyendo la de estimular alianzas de varios Estados, incluyendo a Rusia, contra el expansionismo chino.

Josep Baqués es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada.