¿Un nuevo Norte en el Sur?: La cooperación china en América Latina y el Caribe

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Análisis GESI, 22/2018

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar si la cooperación china en América Latina y el Caribe (ALC) podría entrar dentro de la definición de cooperación Sur-Sur (CSS) o si por el contrario hay características de la cooperación china en ALC que escapan a dicha definición. En este sentido, hay que advertir que se harán algunas generalizaciones para el conjunto de ALC que, como en otro tema cualquiera cuando se habla de la región, requerirían ser matizadas dependiendo de cada país. 

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Introducción

Desde la creación misma de la República Popular China (China, en adelante) a mediados del siglo pasado, han existido relaciones diplomáticas y comerciales entre el hoy gigante asiático y los países de América Latina y el Caribe (ALC, en adelante)[1]. Sin embargo, tales relaciones comenzaron a acentuarse a partir de las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI (Slipak, 2014a). Ya en el presente siglo, aprovechando el relativo desinterés que Estados Unidos (EE.UU., en adelante) mostró por ALC a partir de los atentados del 11S, China comenzó a estrechar sus vínculos políticos y diplomáticos con varios países de la región. Además, el crecimiento económico sostenido que el país asiático experimentó, sobre todo, durante las dos últimas décadas del siglo XX y la primera del siglo XXI, propició que éste tuviese que proveerse de cantidades ingentes de materias primas, mismas de las que algunos países de ALC disponen.

Sin embargo, China no sólo ha estrechado vínculos políticos, diplomáticos y comerciales con ALC (hasta el punto de ser el segundo socio comercial de la región por detrás de EE.UU.), sino que también se ha interesado por entablar relaciones de cooperación con algunos de los países de la región, formando parte tales relaciones de lo que se conoce por cooperación Sur-Sur (CSS, en adelante). Aunque se plantearán algunas definiciones en las siguientes páginas, como primera aproximación se puede decir que este tipo de cooperación se basa “en el intercambio de recursos, tecnología y conocimiento entre países en desarrollo percibidos como iguales, y sin obligaciones” (Maggiorelli, 2017: 46).

Algunos autores (Slipak, 2014b; Sevares, 2007) han planteado que este tipo de cooperación desarrollada por China podría tener efectos negativos en los países receptores, pues el gigante asiático no establece condiciones en términos de fortalecimiento institucional, derechos humanos o lucha contra la corrupción[2]. Además, lo anterior podría ocasionar un efecto desplazamiento de los donantes tradicionales (Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto, 2013). Empero, no es éste el problema que se plantea en el presente análisis. Antes bien, el objetivo es analizar si la cooperación china en ALC podría entrar dentro de la definición de CSS o si por el contrario hay características de la cooperación china en ALC que escapan a dicha definición. En este sentido, hay que advertir que se harán algunas generalizaciones para el conjunto de ALC que, como en otro tema cualquiera cuando se habla de la región, requerirían ser matizadas dependiendo de cada país. No obstante, por cuestión de espacio y por querer mostrar un panorama general, se espera que quien lea estas páginas le conceda esta licencia al autor de las mismas.

Este análisis, excluyendo la presente introducción, se estructura en cuatro apartados. En un primer epígrafe se plantearán algunas definiciones de lo que se entiende por CSS. En un segundo punto se expondrán algunos datos de la CSS de China hacia los países de ALC. En el tercer apartado se mostrarán las relaciones comerciales, políticas y diplomáticas que el gigante asiático ha venido manteniendo con ALC durante las últimas décadas. Por último, en el cuarto acápite se realizan unas reflexiones finales donde también se recapitularán las ideas centrales del artículo.

 

Definiendo la CSS

Aunque en el apartado introductorio ya se realizó una primera definición de CSS, antes de exponer algunos datos de este tipo de cooperación entre China y los países de ALC en el siguiente epígrafe, se plantearán a continuación otras definiciones y se optará por tomar una de ellas para el caso específico de la CSS practicada por el gigante asiático.

Lo primero que hay que señalar acerca de la CSS es que no es algo novedoso. Realmente, los orígenes de la misma se remontan a 1955, con motivo de la Conferencia de Bandung. Por lo tanto, lo correcto sería hablar de una reemergencia de la CSS en el presente siglo, y no de la aparición de la misma (Suraski, 2014). Así mismo, habría que añadir que no hay un único concepto para definir qué se entiende por este tipo de cooperación, ya que desde los ámbitos institucionales, políticos y académicos se han planteado diversas conceptualizaciones (Ojeda Medina, 2015).

Quizás, la definición más tradicional sea la del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para quien la CSS “es un marco amplio de colaboración entre países del sur en el ámbito político, económico, social, cultural, ambiental y tecnológico que involucra a dos o más países en desarrollo y que puede tomar la forma de cooperación bilateral, regional, subregional o interregional” (SELA).

Ya dentro del ámbito académico, para Slipak (2014b: 9), la CSS consiste en identificar “problemáticas comunes entre países que intentan superarlas a partir del desarrollo de relaciones comerciales o intercambio científico y tecnológico que no redunde en asimetrías entre los mismos, sino en pos de transformaciones cualitativas simultáneas favorables para todas las naciones” involucradas en este tipo de cooperación.

Por su parte, Pintor Pirzkall (2017: 71) define la CSS como aquella “basada en relaciones directas y horizontales entre países que enfrentan problemas comunes y que tienen como propósito superar, a partir de esfuerzos conjuntos, los desafíos del desarrollo”. Así mismo, los mecanismos que este autor identifica como propios de la CSS son “el intercambio comercial, el intercambio de experiencias exitosas, y la inclusión”, mientras que los principios que la guían son los de respeto de la soberanía, complementariedad, solidaridad, igualdad y no condicionalidad (en contraposición a la tradicional cooperación entre países del “Norte” y países del “Sur”).

Como se puede observar (sobre todo en las dos últimas definiciones), los elementos comunes que desde distintos ámbitos identifican como propios de la CSS son: 1) que ésta se establece entre países con problemáticas comunes; 2) en distintos ámbitos y por medio de diferentes instrumentos; y 3) de forma horizontal y evitando originar asimetrías. Sin embargo, para el caso de China, el autor de estas páginas está más de acuerdo con la definición aportada por Lechini (2009: 67), quien la entiende como “una cooperación política que apunta a reforzar las relaciones bilaterales y/o a formar coaliciones en los foros multilaterales, para obtener un mayor poder de negociación conjunto, en defensa de sus intereses”. Es decir, los objetivos de evitar que se originen asimetrías en el marco de la cooperación y de resolver problemáticas comunes, para el caso de China, serían secundarios.

No obstante, el país asiático se presenta a los países del Sur como un socio que busca una situación de ganar-ganar (win-win situation). Así, las autoridades chinas citan los principios de beneficio mutuo, no condicionalidad y no injerencia en contraposición a la forma de cooperación seguida por los países del Norte (Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto, 2013). Sin embargo, lo que se sostiene en este artículo, tal y como se intentará exponer en los siguientes apartados, es que la CSS que China canaliza hacia los países de ALC no es nada altruista, “sino todo lo contrario, […] (es) una estrategia para ampliar sus relaciones comerciales y el interés específico de explotar los vastos recursos naturales de la región, imprescindible para su propio desarrollo económico” (Pintor Pirzkall, 2017: 73), así como también busca aislar a Taiwán, conseguir apoyo en los organismos multilaterales (Pérez Le-Fort, 2005) y erosionar el poder de EE.UU. sin entrar en una confrontación directa (Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto, 2013).

 

La cooperación de China en ALC

Maggiorelli (2017) señala que, desde mediados del siglo pasado, la cooperación entre China y los países de ALC ha pasado por seis fases, la última de las cuales comenzó en 2006 y merece una mayor atención[3]. Concretamente, son seis los hitos que dejan entrever la importancia de los vínculos entre ambas partes durante esta última fase: 1) la publicación del Libro Blanco de las relaciones entre China y ALC en 2008[4]; 2) la visita en 2012 del Premier Wen Jiabao a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), donde declaró su disposición a fortalecer las relaciones económicas y de cooperación; 3) el marco de cooperación para 2015-2019, el cual fue propuesto por Xi Jinping en 2014 durante la primera Cumbre de Líderes de China y ALC celebrada en Brasil; 4) el Plan de Cooperación 2015-2019, adoptado en 2015 durante la Primera Reunión Ministerial del Foro de China-CELAC, celebrada en Beijing; 5) la visita oficial del Premier Li Keqiang a Brasil, Chile, Colombia, Perú y, finalmente, a la sede de la CEPAL en Santiago en 2015, donde afirmó que  pese a la desaceleración del crecimiento económico en China y ALC, la contribución de su país a la región crecería en los próximos años (Maggiorelli, 2017); y 6) la publicación en 2016 del nuevo Documento sobre la Política de China en América Latina y el Caribe (Observatorio de la Política China).

Aunque por cuestiones de espacio no es posible desarrollar cada uno de los hitos anteriores, lo que estos muestran es que, lejos de ser improvisada, la estrategia de China en ALC es el resultado de una acción planificada por el Estado chino (Malamud, 2007)[5]. Sin embargo, no es menos cierto que, como se verá más adelante, la cooperación e inversiones chinas se encuentran focalizadas en algunos países (Pintor Pirzkall, 2017), lo que denota que no toda la región de ALC tiene la misma importancia para China.

Dicho lo anterior, también hay que aclarar que cuantificar la cooperación al desarrollo que realiza China en ALC es una tarea compleja, ya que el país asiático no sigue los criterios establecidos por el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), pues ni tan siquiera reconoce el término de “ayuda” como propio de las actividades de cooperación que realiza (Lin y Wang, 2017). Aunque en 2011 y 2014 publicó sendos libros blancos sobre su ayuda exterior, sigue sin estar claro qué flujos financieros se incluyen en los cálculos. Además, hay que añadir que el país asiático otorga préstamos a cambio de commodities como garantía de pago (Slipak, 2014a), lo que dificulta aún más la labor de discernir qué actividades podrían computar como cooperación al desarrollo.

No obstante, aunque difíciles de cuantificar, los tipos de ayuda que China presta a los países de ALC son varios. Sin embargo, no existe consenso a este respecto entre autores. Así, mientras que Maggiorelli (2017: 39) identifica la “asistencia humanitaria, la asistencia material gratuita, los préstamos preferenciales, la construcción de infraestructuras y los programas de capacitación y apoyo a organizaciones locales”, Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto (2013: 72) afirman que “la cooperación china involucra una mezcla compleja de préstamos en condiciones no concesionarias, créditos a la exportación, ayuda humanitaria, proyectos de infraestructura, inversiones económicas y asistencia técnica en los campos de la salud, educación y agricultura”.

A efectos del presente análisis, las cifras que se exponen a continuación corresponden a los siguientes tipos de ayuda: 1) los préstamos que el China Development Bank y el China Export-Import Bank han otorgado desde 2005 a 2017 a algunos países de ALC[6]; 2) un tipo de ayuda que, según AidData, se podría computar como AOD; y 3) lo que este mismo centro de investigación denomina Otros Flujos Financieros (OOF, por sus siglas en inglés) (los dos últimos tipos correspondientes al periodo 2000-2014).

Gráfico 1. Monto total de préstamos de China a América Latina y el Caribe, millones de dólares (2005-2017)

Fuente: elaboración propia a partir de datos de Gallagher & Margaret (2017)

Tal y como queda reflejado en el gráfico 1, los préstamos concedidos por China a algunos países de ALC durante el periodo 2005-2017 muestran una tendencia ascendente. No obstante, también es cierto que del año 2016 al 2017 se registró un descenso muy importante, cuya explicación hay que buscarla en que en este último año Venezuela no recibió ningún préstamo, algo que seguramente esté motivado por la profundización de las crisis política y económica del país sudamericano. Aun así, si se presta atención a la tabla 1, que muestra el número de préstamos y la cantidad de millones de dólares destinados a cada país, se puede observar que a fecha de 2017 Venezuela encabezaba la lista de países receptores.

Otro dato que llama la atención es la ausencia de un buen número de países en esta lista. En este caso, el motivo hay que buscarlo en los intereses diplomáticos de China. El gigante asiático intenta que se reconozca mundialmente la idea de una sola China, la China continental, y así aislar diplomáticamente a Taiwán. Sin embargo, todavía hay 19 países que reconocen al de Taipéi como el Gobierno legítimo de China, 10 de los cuales pertenecen a ALC: Belice, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas (BBC, 2017; BBC, 2018).

Tabla 1. Préstamos otorgados por China a países de ALC en el periodo 2006-2017

Fuente: elaboración propia a partir de datos de Gallagher & Margaret (2017)

En otro orden de ideas, si se atiende a la información aportada en el gráfico 2, se puede observar a qué sectores fueron dirigidos esos préstamos, los cuales estuvieron concentrados, sobre todo, en aquellos que tienen que ver con actividades directa o indirectamente relacionadas con la extracción de materias primas. Esto vendría a confirmar la idea de que la ayuda aportada por China para la construcción y mejora de infraestructuras tiene entre sus objetivos apoyar la actividad primario-extractiva, pues es ésta la que más conviene a sus intereses de proveerse más fácilmente de las materias primas que demanda una creciente clase media.

Gráfico 2. Sectores para los que se concedieron los préstamos (número de préstamos por sector)

Fuente: elaboración propia a partir de datos de Gallagher & Margaret (2017)

Hasta aquí se han visto algunas cifras del primer tipo de ayuda que se señaló anteriormente, por lo que a continuación se pasará a exponer los datos de los que se disponen para los dos tipos restantes.

AidData, haciendo uso de una metodología denominada Seguimiento de Flujos Financieros no Declarados (TUFF, por sus siglas en inglés), proporciona información acerca de las actividades de financiación para el desarrollo realizadas por donantes no tradicionales, es decir, aquellos que no forman parte del CAD. Dichas actividades se dividen en dos tipos: por un lado, la Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD), cuyas características, al igual que si de la AOD procedente de un miembro del CAD se tratase, son la concesionalidad (> = 25% elemento de concesión) y que principalmente se destinan al desarrollo y al bienestar; por otro lado, se encuentran los denominados Otros Flujos Oficiales (OFO), los cuales no tienen la característica de concesionalidad y se destinan principalmente a fines comerciales. Teniendo en cuenta la dificultad de entender por AOD un tipo de ayuda que no pasa el escrutinio del CAD, y sabiendo que China no se identifica con la concepción de la ayuda tradicional (Lin y Wang, 2017), el autor de estas páginas cree que, aunque con mucha cautela, los siguientes datos pueden ayudar a entender la cooperación que el gigante asiático realiza con los países de ALC.

Gráfico 3. AOD destinada por China a los países ALC durante el periodo 2000-2014 (en millones de dólares)

Fuente: elaboración propia con datos de Dreher, Fuchs, Parks, Strange & Tierney (2017)

Como se puede observar en el gráfico 3, no todos los países de ALC fueron receptores de AOD china durante el periodo 2000-2014. Sin embargo, al contrario de lo que se vio anteriormente con los préstamos, cabe resaltar dos datos: en primer lugar, Cuba fue, de lejos, el país que más AOD china recibió durante el periodo registrado (cuya explicación se encuentra en la condonación de la deuda que la isla tenía contraída con China); y, en segundo lugar, en este caso, el gigante asiático sí destinó una parte de su AOD a países que reconocen a Taiwán (Nicaragua y Haití). No obstante, a este respecto hay que tener en cuenta que, posiblemente, lo que aparece en el gráfico 3 como AOD recibida por Haití se debe a la ayuda que China destinó al país caribeño con motivo del terremoto que sacudió la isla en el año 2010.

Gráfico 4. OFO destinados por China a los países ALC durante el periodo 2000-2014 (en millones de dólares)

Fuente: elaboración propia con datos de Dreher, Fuchs, Parks, Strange & Tierney (2017)

Por último, en lo que respecta a la categoría de OFO, el gráfico 4 permite observar que, al igual que ocurrió con la AOD, no todos los países de ALC fueron beneficiarios de aquél tipo de ayuda durante el periodo 2000-2014. Además, para este tipo de ayuda también imperó el principio del reconocimiento de una sola China como condición para ser receptor, pues ningún país de los que continúan reconociendo a Taiwán aparece en el gráfico 4. Sin embargo, a diferencia de la AOD, los OFO tuvieron como principal destino algunos de los países de ALC que más comercian con China. Si a esto se le suma que este último tipo de ayuda se destina principalmente a fines comerciales, se puede postular que detrás de los OFO hay otros objetivos más allá de los que en teoría persigue la CSS.

 

Relaciones comerciales, políticas y diplomáticas entre China y ALC

Aunque todavía sigue siendo mucho mayor la cooperación que China realiza con algunos países de África que con los países de ALC, los datos del epígrafe anterior muestran que las actividades de cooperación entre el gigante asiático y esta última región son cada vez mayores. Entonces, y este es precisamente el punto que motiva la elaboración del presente análisis, cabe preguntarse qué ha llevado a China a incrementar su presencia a través de la cooperación en ALC. En este sentido, Maggiorelli (2017: 28) afirma que los motivos por los cuales un donante decide proporcionar ayuda a la cooperación son tres: “la necesidad del receptor, las características institucionales del beneficiario y los intereses políticos y económicos del país donante”. Para el caso específico de China, lo que se sostiene en estas páginas es que el motivo más importante es el último de ellos. Además, al objeto de concretar, dentro de este último motivo se pueden detectar cuatro factores por los que el interés del gigante asiático en ALC aumentó durante las últimas décadas: 1) acceder a materias primas; 2) acceder a mercados para exportar sus productos; 3) el reconocimiento de una sola China; y 4) tejer una alianza estratégica con los países de ALC para conseguir el apoyo de estos en foros multilaterales (Maggiorelli, 2017).

En lo que respecta a los dos primeros factores, desde la década de 1990 se ha producido un incremento de los vínculos comerciales entre ALC y China como consecuencia de la creciente necesidad de productos básicos provenientes de actividades primario-extractivas por parte del país asiático (Slipak, 2014a). En parte, lo anterior fue facilitado por una serie de acontecimientos como la entrada de China en la OMC en 2001; el reconocimiento del país asiático como economía de mercado en 2004 por parte de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Venezuela; la firma de Acuerdos de Asociación Estratégica que China llevó a cabo con Venezuela (2001), México (2003), Argentina (2004), Perú (2008), Chile (2012), Ecuador (2016) y Brasil (2017); y los Tratados de Libre Comercio (TLC) que el gigante asiático firmó con Chile (2005), Perú (2009) y Costa Rica (2010) (Domínguez Martín, 2017).

Hasta tal punto se han estrechado estos vínculos que el valor del comercio de bienes entre ambas partes alcanzó en 2017 los 266.000 millones de dólares, algo por debajo del máximo histórico de 268.000 millones de 2013 (CEPAL, 2018). Aunado a lo anterior, China pasó a ser el segundo socio comercial de ALC en 2014, desbancando en el puesto a la UE y sólo por detrás de EE.UU., a quien se espera que supere en 2030 (Maggiorelli, 2017). Sin embargo, lo cierto es que estas relaciones son sumamente asimétricas, pues mientras que las exportaciones de ALC a China están muy concentradas en unos pocos productos primarios (los productos primarios representaron el 72% del valor de las exportaciones de ALC a China en 2016), sus importaciones son, en su mayoría, manufacturas con altos contenidos de valor añadido y tecnología (en 2016, el 91% del valor de las compras regionales desde China estuvo representado por manufacturas de baja, media y alta tecnología) (CEPAL, 2018). Esto ha propiciado una creciente brecha tecnológica entre las exportaciones y las importaciones de ALC con China. Así, en el periodo 2006-2012, más del 60% del total de importaciones de China fueron de nivel tecnológico medio y alto; a su vez, las exportaciones a China de productos de este nivel tecnológico pasaron de un 10% a menos del 3% desde 2001-2002 hasta 2010-2011 (Dussel Peters, 2015).

Aunque no aparece entre los cuatro factores señalados por Maggiorelli (2017), antes de pasar a las relaciones políticas y diplomáticas, cabe hacer mención a algunas características de la IED china. Durante el periodo 2005-2010, los bancos estatales chinos prestaron a la región más que el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Exportaciones e Importaciones de los EE.UU. juntos (75.000 millones de dólares). En 2010, la IED china en ALC alcanzó un monto de unos 15.000 millones de dólares, 90% de los cuales se destinaron a industrias primario-extractivas. (Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto, 2013). Lo anterior va en consonancia con lo que afirmaba Sevares (2007) a mediados de la primera década del siglo XXI, momento en el que las inversiones se orientaban a la explotación y transporte de recursos naturales, sobre todo hierro, cobre, oro, petróleo, gas natural, puertos, oleoductos y gaseoductos. Lo que esto refleja es que de 2007 a 2013 no cambió sustancialmente el destino de la IED china. Sin embargo, al objeto de ser equilibrados, también hay que mencionar que, tal y como queda reflejado en algunos documentos oficiales, las autoridades chinas reconocen que de continuar con el tipo de relación comercial establecido hasta ahora los efectos a medio plazo serán negativos, por lo que el país asiático ha venido declarando su intención de establecer relaciones de cooperación tecnológica, científica y educativa a fin de que los países de ALC creen valor (Balderrama Santander y Martínez, 2010; Domínguez Martín, 2017; Observatorio de la Política China, 2016).

Pasando ahora a comentar los dos factores restantes, ALC es importante para el país asiático tanto en el reconocimiento de una sola China (Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto, 2013) como en el objetivo de imprimir al sistema internacional un carácter más multipolar (Domínguez Martín, 2017; Pintor Pirzkall, 2017). En cuanto al primer factor, parece que China quiere ganarse el favor de los países de ALC mediante una suerte de lo que se podría denominar “diplomacia de la ayuda”, al igual que ha hecho en otros periodos históricos. A este respecto cabe recordar que en la aprobación de la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1971, por la que se reconoció a China como el único representante legítimo ante la ONU, jugaron un rol importante algunos países africanos hacia los que el país asiático canalizaba flujos de ayuda en aquellos años (Maggiarelli, 2017).

Por último, en cuanto al objetivo de alcanzar un sistema multipolar, tanto China como los países de ALC parecen estar de acuerdo (Pérez Le-Fort, 2005). Económicamente, el país asiático es a día de hoy el que más contribuye al crecimiento económico mundial (CEPAL, 2018), y en 2016 ya se situó en el primer puesto del ranking de principales economías (tomando como indicador el PIB a paridad de poder adquisitivo), mismo que, según las proyecciones, seguirá ocupando al menos hasta 2050 (PriceWaterhouseCoopers, 2017). Sin embargo, EE.UU. sigue siendo la primera potencia militar. No obstante, las autoridades chinas han aclarado en más de una ocasión “que sus objetivos en el sistema internacional no son revisionistas” (Balderrama Santander y Martínez, 2010: 126). Aunque hay autores (Pintor Pirzkall, 2017) que señalan que China pretende consolidar su posición en la región latinoamericana y caribeña como alternativa a EE.UU., el autor de estas páginas está más de acuerdo con Malamud (2007: 113) cuando afirma que “el pragmatismo chino tiene muy presente el papel de Estados Unidos en la región y partiendo de la existencia de unas relaciones sino–americanas muy intensas se concluye en que no hay nada en América Latina que per se justifique ponerlas en peligro”.

 

Reflexiones finales

El objetivo apuntado al inicio de estas páginas fue el de analizar si la cooperación china en ALC podría entrar dentro de la definición de CSS. Teniendo en cuenta que las características de este tipo de cooperación son, a grandes rasgos, 1) que ésta se establece entre países con problemáticas comunes; 2) en distintos ámbitos y por medio de diferentes instrumentos; y 3) de forma horizontal y evitando originar asimetrías, tras revisar los datos aportados con anterioridad se puede concluir que hay características de la cooperación de china en ALC que hacen que haya que tener mucha cautela al tratar dicha cooperación como CSS.

Concretamente, el principal motivo por el que el autor de estas páginas sostiene la anterior afirmación es que las relaciones de todo tipo establecidas entre ambas partes durante las últimas décadas han continuado generando asimetrías. Principalmente, en lo que atañe a las relaciones comerciales, el hecho de que ALC exporte principalmente productos primarios a China (segundo socio comercial) origina una reprimarización de las economías de la región, algo que se acentúa si se tiene en cuenta que una gran parte de la ayuda china prestada a los países de ALC se destinó al apoyo de actividades primario-extractivas.

Aunado a lo anterior, si China continúa acaparando el grueso de las exportaciones de una pequeña gama de productos, se puede llegar a una situación negativa para los países de ALC. Y es que, en tal caso, el gigante asiático podría imponer algunas condiciones e incluso llegar a fijar el precio de dichos productos. Sin embargo, también es cierto que las autoridades chinas niegan que estas sean sus intenciones y afirman su voluntad de crear una situación en la que los países de ALC sean capaces de crear valor en su producción y de diversificar sus exportaciones. En este sentido, entre China y ALC podría acontecer lo que ocurrió entre el gigante asiático y Japón, Malasia y Tailandia en décadas pasadas: en los años 80 y 90 estos países eran proveedores de materias primas a China, pasando posteriormente a desarrollar una industria intensiva en tecnología y capital.

Sea como fuere, si hay que hacer un balance de la relación entre ambas partes durante las últimas décadas, puede afirmarse que tal relación fue de ganar-ganar. Mientras que ALC necesitaba divisas y vender sus productos (lo que le permitió experimentar una fase de fuerte crecimiento económico), China requería acceder a cantidades crecientes de materias primas y conseguir mercados en desarrollo en los que colocar sus productos manufacturados.

Sin embargo, pese a las declaraciones de las autoridades chinas, a lo que en un futuro podría ocurrir con las relaciones entre ambas partes y a que la relación entre éstas durante las últimas décadas fue de ganar-ganar, lo cierto es que las asimetrías señaladas anteriormente continúan a día de hoy y no parecen que vayan a reducirse en un futuro próximo, siendo esto un motivo para cuestionar que se hable de CSS entre China y ALC.

José Carlos Hernández es politólogo por la Universidad de Granada (UGR), alumno del Máster en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca (USAL) y miembro del GESI. 

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[1] Se hace referencia a la República Popular China proclamada por el Partido Comunista en 1949, aunque el autor es consciente de que, tal y como afirma Dussel Peters (2015), las relaciones entre la región (hoy) latinoamericana y caribeña y China (ya fuese bajo la forma de Imperio o de República China de 1911 a 1949) vienen de siglos atrás.

[2] No obstante, el asunto del compromiso de la lucha contra la corrupción por parte del receptor como condición para recibir la ayuda es objeto de controversia, pues, como han demostrado algunos estudios, algunos receptores del CAD presentan altos niveles de corrupción y escaso compromiso con su eliminación (Isopi & Mattesini, 2008).

[3] Afirman Erthal Abdenur y Marcondes de Souza Neto (2013) que China aprovechó el desencuentro entre algunos países de ALC, por un lado, y los EE.UU. y la UE, por otro, para acercarse a aquéllos. Además, también señalan como un factor importante para la mayor presencia de China en la región a través de la cooperación el hecho de que los donantes tradicionales se retirasen parcialmente con motivo de la crisis económica de 2008.

[4] Este documento se basó en cinco nociones fundamentales planteadas por Hu Jintao: la estrategia internacional win-win, el respeto a la diversidad, el ascenso pacífico, el principio de coexistencia pacífica y la cooperación y coordinación a fin de desarrollar el multilateralismo (Bonilla y Milet, 2015).

[5] Muestra de ello también es la creación de think tanks en el seno del Partido Comunista chino (PCch) o la de numerosos centros de estudios de ALC.

[6] Estas cifras se tomatón de la base de datos financiera China – Latinoamérica de Diálogo Interamericano. Aunque incluye préstamos a empresas de los países de ALC, en las cifras que se presentan, tales préstamos se incluyen dentro del cómputo del país del que la empresa es originaria.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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