Análisis GESI, 35/2016
Resumen: El estudio de las circunstancias de los distintos operativos policiales realizados puede resultar muy didáctico, pues ayuda en la comprensión del fenómeno de la radicalización y la constitución de redes.
A lo largo de los años, las investigaciones centradas en los procesos de radicalización y estructura de las células yihadistas, siempre han hecho referencia a la naturaleza distribuida de las redes, o bien han adoptado la imagen de los círculos concéntricos para una mejor compresión de su estructura. La presunta red yihadista desarticulada no difiere mucho, en cuanto a la relación existente entre el proceso de radicalización y la estructura grupal, de las anteriormente descritas, salvo por el hecho de que las diligencias previas incluyen un término que puede resultar novedoso: el proceso de radicalización terrorista como una suerte de expansión vertical descendente.
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A principios de noviembre de 2015, fueron detenidos en Madrid varios sujetos que presuntamente formarían una red yihadista radical, dispuesta a realizar actividades terroristas de signo violento, así como aquellas actividades complementarias propias de una célula de apoyo al Daesh.
La célula desarticulada incluye a cuatro sujetos, de los que tres han sido detenidos y puestos a disposición de la justicia. A ese número, se le deben sumar aquellos sujetos que mantenían relaciones habituales con miembros del grupo. En las diligencias previas[1] de la llamada Operación KAMARMA, ese número se cifra en al menos tres más. Dado que los sujetos detenidos no han sido condenados, para la elaboración de este trabajo se utilizarán exclusivamente sus nombres de pila: Yassin, Abdessadek, Walid y Mustafá.
Yassin ocuparía la parte más alta del grupo, actuando de difusor de la propaganda yihadista a través de las redes sociales, y en diferentes encuentros mantenidos con Abdessadek. Yassin sería entonces el nodo central de la red, el círculo interior o el estrato superior de la vertical, el “activador de los medios” que el Daesh “dispone, utilizando a los miembros que tiene distribuidos a través de la red mundial de Internet”.
El propio auto pone de manifiesto la minuciosidad con la que Yassin trataba los temas relacionados con el Daesh, así como la localización de los cuatro miembros del Daesh con los que mantenía contacto, tras realizar búsquedas masivas sobre entornos virtuales de miembros de la organización. Yassin ejercía labores de dinamización y reclutador, al ser él quien difundía la propaganda y las consignas, e intermediaba con otros sujetos.
¿Cuándo se considera que el compromiso de Yassin con el Daesh adquiere forma? Cuando capta a su amigo Abdessadek, provocando un profundo proceso de radicalización. Se puede hablar de un profundo proceso de radicalización yihadista cuando, de la afinidad ideológica y la empatía hacia los idearios radicales, se pasa a la completa identificación ideológica y la racionalización de violencia como instrumento. Ambos comparten reuniones, tanto en sus respectivos domicilios, como en las llamadas mezquitas ambulantes de la Cañada de Rivas-Vaciamadrid, donde ambos eran vecinos. La Cañada, dadas sus características socioeconómicas, es un entorno favorecedor a la radicalización.
Sólo cuando Yassin consigue radicalizar a Abdessadek, es cuando, en el proceso de expansión vertical descendente proveniente de Yassin, puede continuar siendo éste el primer estrato, y Abdessadek, el segundo.
Abdessadek vivía con Hasna su esposa, en casa de los padres de ella, junto a otras cuatro hermanas, y los yernos y nietos, en una de las parcelas de la Cañada. Se desplazaba al centro de Madrid para estudiar un curso de mecánica en un colegio cerca de Atocha, aprovechando la cercanía con Lavapiés para visitar sus mezquitas.
Abdessadek es ya un individuo radicalizado, de manera que, con el fin de continuar la expansión vertical descendente y sumar adeptos, se usan las redes sociales propias de la comunidad musulmana de Lavapiés.
Las redes sociales más habituales de la comunidad musulmana se sitúan en torno a la mezquita, asociaciones religiosas, librerías islámicas, clubes deportivos, carnicerías, tiendas de ropa, locutorios, lugares de trabajo, teterías y restaurantes, lugares públicos en torno a las mismas, así como los denominados espacios de vulnerabilidad, es decir, centros de acogida, cárceles y demás. En este caso, Abdessadek comienza a visitar las mezquitas del barrio madrileño de Lavapiés. Dada la experiencia de los fieles que acuden a las mezquitas y de los responsables de las mismas, la visita habitual de sujetos radicalizados no suele estar exenta de problemas, siendo lo más normal que sujetos como Abdessadek sean, directa o indirectamente, identificados.
El propio auto se refiere al hecho de que Abdessadek fue “inicialmente identificado en torno a las mezquitas” de Lavapiés, destacando “por su extremo rigorismo a la hora concebir el islam”. Como segundo estrato de la vertical, Abdessadek intenta expandir el ideario y las consignas ideológicas del Daesh a otros sujetos, “un conjunto de jóvenes que se situaba bajo su tutela, y con quienes mantenía reuniones en una vivienda” cercana, en la calle Embajadores.
Abdessadek acude a la mezquita, consigue rodearse de un grupo de jóvenes, candidatos a integrarse en una estructura terrorista; no obstante, los conflictos generados en torno a las mezquitas de Lavapiés ya han provocado su inicial identificación, y posterior seguimiento por parte de las FSE. Seguimientos físicos y escuchas telefónicas, que dan cuenta de las pautas habituales en la creación y desarrollo de una red yihadista asociada al Daesh, pero que muestra una gran similitud con aquellas redes yihadista nacidas en Europa y vinculadas a Al-Qaeda. Abdessadek consigue reunir a un grupo de jóvenes, a los que probablemente haya seducido a través de la habitual invitación como forma de proselitismo.
Así, el estilo y forma en el que se da la captación y posterior radicalización varía enormemente: no es lo mismo una red autogenerada, que una red creada en base a una expansión vertical descendente.
¿Por qué la invitación es una forma de proselitismo? La fase inicial del proceso de radicalización comienza con una invitación a participar dentro de un círculo de “hermanos”. La invitación se convierte en el primer paso para la recepción del candidato en el grupo, recepción que deviene gradual, en función del progreso del sujeto por los diferentes estadios de radicalización.
¿Cuál es el objetivo de la invitación? Pasar a la interactuación continuada, que es el ámbito donde se dan los fenómenos de manipulación psicológica, siendo los más habituales los de tipo afectivo y cognitivo. La interactuación continuada puede ser de dos tipos: de naturaleza grupal o personal. Tanto en uno, como en otro, se constituyen sobre la base de la atracción mutua. El individuo, o grupo de referencia, es el que expone al individuo a definiciones, referencias y modelos a imitar, normalizando la desviación. Puede parecer que el sistema de captación y radicalización del yihadismo se asemeje al de las personas que ingresan en una secta; y en parte lo es, con la diferencia que, dada la naturaleza terrorista del yihadismo salafista, la radicalización, es un fenómeno voluntario, independientemente de la existencia de programas de desradicalización.
Según se desprende en las diligencias previas, Yassin radicaliza a Abdessadek, y este lo hace con Walid y Mustafá e, independientemente de que cada uno de los estratos de la vertical descendente ponga a disposición del Daesh sus mejores capacidades de emancipación psicológica condicionando al sujeto, el caso es que existe voluntad por parte del radicalizado de ser radicalizado, a pesar de los condicionantes ambientales o estructurales.

Abdessadek, en esa dinámica de interactuación continuada, comienza a residir de manera parcial en el domicilio de la calle Embajadores, en la que vive Mustafá. En la expansión vertical descendente del segundo estrato (Abdessadek) al tercer estrato, en el que se ubica Mustafá, la relación cobra especial interés. En conversaciones interceptadas entre ambos sujetos, se identifican a sí mismos como ciudadanos del Califato y, negando su pertenencia al Reino de Marruecos, se refieren a sus conciudadanos “como marroquíes de mierda” o “basura”.
En el piso de Embajadores, cercano al barrio de Lavapiés, celebran reuniones a las que acude Abdessadek, con el fin de captar y radicalizar a ese conjunto de jóvenes. Abdessadek delega en Mustafá la misión de establecer los controles de seguridad de la vivienda, y de las personas que habían de acudir a las reuniones tras superar determinados filtros. Tal y como se recoge en las diligencias previas, el carácter adoctrinador de las reuniones se desprende del celo con el que las mismas eran protegidas por Mustafá, quien se convierte en sujeto activo de la red. Pese a que no ha trascendido la naturaleza de estas reuniones, es de suponer que la dinámica de las mismas sería similar a la de otras células desarticuladas: visionados de propaganda, lecturas de textos, debates condicionados y rezos. La pauta es habitual; una vez los individuos son captados, suelen crearse los llamados universos cerrados, donde las dinámicas de grupo estimulan la radicalización. En julio de 2015, Mustafá viaja a Marruecos con la supuesta intención de volver; no obstante, a día de hoy se encuentra desaparecido, y la expansión se ve cercenada, al ser Mustafá el principal nexo entre Abdessadek y el grupo de jóvenes.
El segundo sujeto ubicado en el tercer estrato es Walid. Abdessadek establece una estrecha relación, situándose en una suerte de formador personal y guía espiritual. En el mes de mayo comienza su relación telefónica, estableciendo una gran dependencia psicológica. Fruto de esta relación, la manera en que Walid percibe su entorno queda condicionada a los intereses de Abdessadek por integrar a Walid en las filas del Daesh. Retroalimentándose durante sus llamadas telefónicas, se van activando los marcadores de agresividad.
La dependencia psicológica de Walid, respecto a Abdessadek, tiene su reflejo en la llamada interceptada, en la que Walid describe a su madre con entusiasmo la situación de dependencia y necesidad adquirida respecto a Abdessadek. En sucesivas llamadas, Walid describe a su madre entre alabanzas como Abdessadek le ha cambiado, la admiración que le profesa y como le ayuda a seguir en la senda de Dios.
Puede resultar extraño que una persona adulta se someta de manera tan notable a las indicaciones y directrices dictadas por un tercero. No obstante, algunos datos respecto a la situación vital de Walid pueden aportar una explicación a esta situación de dependencia. Tras romper con su pareja, perdió su puesto de trabajo, y la falta de medios de subsistencia provocó un gradual aislamiento. Pasaba días sin salir de su piso, y cuando lo hacía, se dedicaba a vagabundear sin rumbo. Las vigilancias efectuadas dan cuenta del aislamiento de Walid, al permanecer la mayoría del tiempo encerrado en su domicilio, conectado a Internet y completando su formación ideológica bajo la tutela de Abdessadek. La inmigración acarrea algunos problemas: desarraigo, aislamiento e inestabilidad identitaria. La situación de Walid le ha llevado prácticamente a tocar fondo, tal y como se desprende de las llamadas que habitualmente intercambiada con Abdessadek, en las que Walid le manifiesta estar bajo anímicamente:
W: Si Dios es grande, que nos tenga en su gloria […]. Llegué hasta un punto amigo que ya me da igual el mundo, te lo juro, tuve un momento. Odio la vida y hubiera preferido estar muerto. […] Te juro que he enfermado, te lo juro.
A: Si no tuviéramos fe en Dios, te juro que cometo un crimen aquí.
W: “Venía por la noche y lo tengo claro, para que voy a mentirte hermano […]. Te lo juro, tengo la idea de hacer un atraco o alguna jugada peor, te lo juro por el dios más grande”.
Abdessadek y Walid intercambian opiniones sobre lo mucho que les ha decepcionado la gente que les rodea, ahondando en esa sensación de aislamiento compartido. Durante esas conversaciones, Walid confiesa que, desde que llegó a Europa, sólo se juntaba con personas influidas por el demonio, y que nunca se había topado con una persona tan bondadosa como Abdessadek. Afirmaba haber estado en una auténtica oscuridad, entre “gente que bebía alcohol, con una novia hipócrita”, donde “todo no era más que pecado”, asegurando que ahora veía la vida “con otro prisma”, a lo que Abdessadek añade que Dios es misericordioso, y que él también conseguiría la redención. En otra llamada, Walid cuenta a Abdessadek su “progreso en su lucha”, es decir, la superación de todo lo relacionado con el “pecado”. Abdessadek le asegura que el diablo le susurrará: “Mira tus amigos, qué bien se lo están pasando”. La dependencia psicológica se ve claramente cuando Walid le comenta que, cuando estas cosas le pasan, siempre recurre a él, a lo que Abdessadek responde diciendo que puede hacerlo siempre que lo desee. En otra conversación, Walid llega a confesar a Abdessadek que le da miedo salir al balcón, pues siente pánico ante la perspectiva de ver a las “chicas desnudas”.
En una de las llamadas interceptadas, Walid comenta a Abdessadek que, debajo de su casa, se reúnen en un local un grupo de musulmanes de orientación sufí. Abdessadek le advierte que debe tener cuidado, ya que de acuerdo con el salafismo, “sus componentes son infieles peores que los judíos”, que realizan prácticas “demoníacas”, advirtiéndole que le podían matar y calificándolos, además, de criminales. “Hay que lapidarlos”, “me metería con un palo y les partiría”, “hacen ofrendas a Satanás, qué dios les maldiga”… A lo que Walid contesta: “Les voy a tirar una granada… Van a ser víctimas”. En la misma conversación, Walid asegura a Abdessadek que lleva más de una semana vigilando sus entradas y salidas, advirtiéndole del hecho de que acuden musulmanes de todas las nacionalidades.
Diez días más tarde, Walid informa a Abdessadek de las novedades del grupo de musulmanes sufíes que se reúnen debajo de su casa, animando a Abdessadek a que se desplazase al local, a fin de liberarlo. Tras intercambiar opiniones sobre el uso de un bazuca o una espada, ambos concluyen que la espada proporcionaría más sangre; tal y como diría Walid: “Sí, sí, sangre. Que haya sangre, como en la guerra civil”.
Pese a que esta conversación podía no pasar de meras bravuconadas que retroalimentaban su radicalización, la misma da cuenta del nivel de radicalización de ambos sujetos, al considerar como criminales y demoníacas otras corrientes del islam diferentes al salafismo. El sufismo es visto por el salafismo como una innovación o desviación, una degeneración politeísta donde se sacraliza la figura de santones y sabios.
En otra conversación, Walid dice a Abdessadek que está ampliando a través de Internet las enseñanzas que este le da, y que se está “dando cuenta que no sabía nada”. Le informa también de sus avances, así como de su cambio de actitud respecto a la religión, pues ahora cumple los horarios del rezo sin importarle lo que esté haciendo, lo deja todo y se va a rezar, porque según él, “lo único que te llevas de este mundo es tu fe y tus prácticas de la religión”.

En octubre de 2015, varias conversaciones son grabadas a este respecto. Tras perder su trabajo, Walid intenta volver al mercado laboral, solicitando permiso a Abdessadek para trabajar en un negocio en el que se vende alcohol, permiso que no es concedido porque se considera que servir alcohol es pecado. Durante estas semanas, las llamadas son incesantes, pues Walid ha perdido toda capacidad de tomar decisiones por sí mismo, y busca la aprobación continua de Abdessadek para las pocas actividades que realiza en su vida diaria. Además de intercambiar opiniones sobre diferentes Sheiks, vuelve a contarle que ha encontrado trabajo en un restaurante como camarero, no sabiendo si acepta o no. La situación de aislamiento y precariedad es más que notable en Walid y, a pesar de que Abdessadek le recomienda no aceptar el trabajo por ser pecado, Walid le insiste que de no estar en la situación en la que está, no aceptaría, a lo que Abdessadek responde que aun así, siga buscando un trabajo halal, lícito.
En algunos comentarios de Walid a Abdessadek sobre el hecho de sentirse vigilados, la cautela que ambos muestran en sus conversaciones ya es, en sí mismo, un indicio preocupante. De las palabras de Walid se intuye un desapego vital, fruto de su aislamiento social. Tal y como le dice a Abdessadek, este mundo ya no tiene ningún valor para él, se siente extraño en este mundo y quiere dedicarse enteramente a Dios; le gusta sentir remordimientos, pues le ayudan a cambiar. Ambos terminan la conversación pidiendo a Dios que les permita entrar en el paraíso.
¿Cuándo deciden intervenir las fuerzas de seguridad? Cuando se percibe una conversación cuyo contenido podría constituir un elemento detonante, y cuando ya existen suficientes indicios que puedan demostrar la existencia de la red, en base a la expansión vertical descendente. Es Walid quien parece activar ese elemento detonante, al llamar a Abdessadek, asegurando que se trata de un tema muy importante:
W: El tema de hoy es el del juicio.
A: ¿Dónde lo has escuchado?
W: Lo he escuchado tío… Es que hay muchos Sheikhs hablando del tema.
A: ¿De qué va?
W: De que se acerca la Hora.
A: La Hora no es que se acerque, es que ya estamos en ella.
¿Qué es lo que ocurre? Según Walid se acerca la hora del juicio final, y prueba de ello es que muchas autoridades religiosas están hablando del tema. No es que en el momento en el que se desarrolló esta conversación fuese la primera vez que se habla de ello, sino que es habitual y recurrente que en los círculos del salafismo yihadista se hable del fin de los tiempos, de los signos y señales. Ciertas ramas del salafismo poseen elementos escatológicos más acentuados que otros. Walid, que descubre esta cuestión, se la transmite a Abdessadek, quien asume el rol de guía, a pesar del descubrimiento realizado por Walid. Se acerca la Hora, y Abdessadek transmite a Walid en qué situación les deja a ellos:
W: Estamos en ella, te lo juro.
A: Que Dios nos perdone, y nosotros de risas, cuando deberíamos llorar.
En el islam, la Hora, la Naf´s, es una suerte de Big Bang a la inversa, donde el individuo se convierte en responsable de sus actos, y estos en su salvación, pues el individuo tiene la obligación de participar en la construcción de la sociedad islámica. La ausencia de una sociedad islámica es sinónimo de injusticia y de soberanía divina, “no hay sino justicia bajo el Sol del islam”, y la yihad se convierte así en una responsabilidad individual, sexto pilar y mejor manera de caminar por la senda de Allah. “La Yihad es uno de los pilares del islam, y un elemento inherente a esta religión unitaria que no conoce el mal ni engendra la corrupción”, y de la concepción unitaria se adhiere como soporte espiritual la lógica del Tawhid: la unidad de Allah, pues “adorar a Allah consiste en el Tawhid”, y el resto, por supuesto, se considera enemigo del Islam.
Se acerca la Hora, y prueba de ello está en los diferentes signos y señales.
W: Ahora, ¿qué es lo que queda? Sólo queda que destruyan La Meca.
A: Claro, quieren destruir La Meca los chiíes, ¡bastardos!
La Meca, donde la Kaaba es el templo primordial, es el reflejo de la armonía cósmica, y está asociada al origen de la humanidad y a la historia sagrada del islam. La destrucción del templo es habitual en toda escatología religiosa. En este caso, los causantes son los chiíes, considerados como una suerte de hordas al servicio del anticristo.
W: Es lo que queda para que empiecen las grandes señales.
Para que la Hora sea la que es, deben darse primero los signos y señales menores. Síntomas del ambiente general que precede a la Naf´s en los hadices, los hechos y ejemplos del profeta Muhammad. Es habitual que, cuando se refiere al fin de los tiempos, la Hora, se haga en los siguientes términos: “No tendrá lugar la Hora sin que antes…” o “la Hora estará próxima cuando…”. Por ejemplo: “Algunos de los signos que tendrán lugar antes de la llegada de la Hora son: la pérdida de la oración, la gente será dominada por los deseos materiales, se sentirá atraída hacia falsas ideas, respetará a los adinerados y venderá su alma a cambio de este mundo” o “el mal se mostrará como si fuese lo bueno, y el bien como si fuese el mal”. Signos y señales con una condición genérica de carácter atemporal, por lo que Walid cree que sólo falta la destrucción de La Meca para que comiencen las grandes señales y posterior batalla contra el anticristo.
Walid y Abdessadek, en una conversación donde hablan de la diferencia entre el Mahdi del Chiísmo y el Mahdi del Sunismo, para centrarse en una de las señales que, según el profeta Muhammad, anteceden a la llegada de la hora:
W: Y de las señales que dijo el profeta, es esa laguna.
A: Esa laguna tiene también las señales del anticristo, sí… ¿Cómo se llama?
W: Tabra.
A: Sí, Tabra, si está en Palestina.
W: Está en Palestina.
A: Entre Palestina y Jordania.
W: Dijo el Profeta que cuando se secara, iba a venir el Imam Mahdi.
A: Y va a venir el anticristo.
Existe un lago llamado Tabria, al que se le atribuye albergar una de las señales para el advenimiento del Mahdi y del anticristo para la batalla final y, como no podía ser de otra manera:
W: Pues, he visto las noticias de Israel, tienen una sequía....
A: ¿De verdad? ¿La laguna?
W: La laguna te lo juro.
A: ¡Allah es el más grande! ¡Alabado sea Dios!
W: Ha cruzado la línea roja, jamás en la historia había cruzado la línea roja.
A: No, ya está, va a comenzar, va a comenzar...Te lo juro, hermano. Esto nos pone contentos a nosotros, en tanto que musulmanes.
La urgencia es un elemento detonante en el proceso de radicalización, que tiene su origen en la escatología religiosa de algunas corrientes del salafismo yihadista. Preocupación que se acentúa cuando la aparición de los signos y señales de la Hora, el llamado final de los tiempos, es acompañada de llamadas a la toma de conciencia, respecto a la necesitad inherente de todo musulmán de actuar en consonancia con el llamado imperativo oculto de Faraj, el sexto pilar del Islam, la Yihad.
A: Está muy bien, para que volvamos a como era antes, a las espadas, ¿verdad?
W: Uuuuhhhhh, Abdessadek, te juro que no me importaría, de verdad.
A: Y nos cargaríamos a gente.
W: ¿Sabes por qué? Es una oportunidad para las personas que han pecado como yo.
A: ¿Como tú o como yo? Nosotros todos somos pecadores, hermano Walid. Vamos ni que nosotros…
W: Bueno, hermano Abdessadek, tú por lo menos haces lo que dice Dios.
A: Qué va, ¡ojalá que Dios nos perdone! Te juro que todavía seguimos pecando y fallando. Hasta el rezo no cumplimos bien.
El asesinato de los no musulmanes se convierte una manera de redimir sus pecados. Pese a que, tal y como ellos mismos repiten en algunas de las conversaciones intervenidas, “seguimos pecando y fallando”. Actuar en consonancia con la gravedad de la situación, la llegada de la Hora, puede equilibrar la balanza ante la cual todo musulmán será juzgado una vez haya muerto. Tanto Walid como Abdessadek consideran que están a tiempo, pues es ahora cuando han vuelto a caminar por la senda de Allah. En consonancia con otras corrientes religiosas, abrazar el salafismo implica una suerte de redescubrimiento de la condición musulmana del sujeto, hecho similar a otras corrientes religiosas. De esta suerte de redescubrimiento, de despertar, da cuenta la siguiente conversación donde Walid habla de sí mismo:
W: Ya. Ahora, imagínate, la gente descubre esto a los veintiséis años. Es un desastre, tío, te lo juro que es un desastre.
A: El pobre…
W: Una catástrofe, tío, la gente…
A: Estabas dormido.
W. La ignorancia, la ignorancia, te lo juro, esto es la ignorancia del Quraish.
A: No, pero ¡gracias a Dios que te has despertado! Hay quien se queda dormido hasta que… ¡Dios no lo quiera! Duermen de verdad.
Walid estaba “dormido” y tras conocer a Abdessadek ha despertado. La ascendencia de uno sobre otro es más que evidente. Abdessadek es identificado cuando acude a una de las mezquitas de Lavapiés en busca de candidatos. Una vez identificado se traza la vertical, ascendente en cuanto a Yassin, descendente en cuanto a Walid y Mustafá.
[1] Juzgado Central de Instrucción Nº 4 Audiencia Nacional Diligencias Previas 39/2015
Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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